El telégrafo catalán de Noruega

Lectores Corresponsales

Se puede ver en la calle Kongens de Oslo, una ciudad donde también hay huella de varios artistas catalanes

Ampliar Antiguo edificio de Telégrafos (1924-2006), en el núm. 21 de la calle Kongens (Kongensgate), en Oslo.

Antiguo edificio de Telégrafos (1924-2006), en el núm. 21 de la calle Kongens (Kongensgate), en Oslo.

Carme Bullich / Salvador Giné

* Los autores forman parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian

Durante un viaje a finales de septiembre a Noruega, en los primeros días lo único que entendimos fue el rótulo “TELEGRAF TELEFON” que, descontando los acentos, podría ser en catalán. Está colgado en el antiguo Edificio de telégrafos (Telegraf Bygningen), en el número 21 de la calle Kongens (Kongensgate) de Oslo.

Construido entre 1922 y 1924, fue diseñado por los arquitectos Arnstein Arneberg y Magnus Poulsson, los mismos que en 1931 empezaron el Ayuntamiento -donde se entregan los premios Nobel de la Paz-, y que no se acabaría hasta 1950. De un contundente granito, el interior es de mármol y cemento (rehuyendo al máximo la madera, en prevención por el incendio que destruyó la ciudad siglos antes). Desde 2006, es un edificio privado de oficinas.

Ampliar Vestíbulo del ayuntamiento de Oslo, donde se entregan los premios Nobel de la Paz.

Vestíbulo del ayuntamiento de Oslo, donde se entregan los premios Nobel de la Paz.

Carme Bullich / Salvador Giné

En Oslo encontraríamos más familiaridad catalana en el Ekebergparken (parque Ekeberg). Es un parque con esculturas, integradas en un bosquecillo con forma de colina, por cuyos senderos seguimos 47 obras de 43 artistas, desde clásicos como Auguste Rodin o Pierre-Auguste Renoir hasta contemporáneos como Fernando Botero o Elmgreen & Dragset. 

Ampliar Escultura de Salvador Dalí Venus de Milo aux tiroirs en el parque Ekeberg, de Oslo. En la parte inferior izquierda, la pequeña 'Cariatide tombée à l'urne' (1880), de Auguste Rodin.

Escultura de Salvador Dalí Venus de Milo aux tiroirs en el parque Ekeberg, de Oslo. En la parte inferior izquierda, la pequeña 'Cariatide tombée à l'urne' (1880), de Auguste Rodin.

Carme Bullich / Salvador Giné

En este museo al aire libre, con acceso gratuito y sin puertas, también se exponen obras de artistas catalanes. Cerca de la tienda-museo, de Arístides Maillol, originario de Banyuls de la Marenda, contemplamos Desnudo sin ropa, escultura en bronce de 1921. 

A pocos pasos tenemos otra escultura, en este caso de Salvador Dalí, la Venus de Milo aux tiroirs (Venus de Milo con cajones). De 2,20 m. De alto y de bronce, es similar a la de yeso del museo de Figueres, y datada hacia 1936, en plena efervescencia de su etapa surrealista. 

A cierta distancia, en una elevada terraza circular desde donde se divisa la ciudad de Oslo, nos observa la fisonomía de la Chloé, de Jaume Plensa. De 2019, la cara alargada, de acero inoxidable, fue moldeada de forma que, según caminas y la sigues con la mirada, produce un extraño efecto de distorsión.

Ampliar Chloé' de Jaume Plensa, en el parque Ekeberg de Oslo.

Chloé' de Jaume Plensa, en el parque Ekeberg de Oslo.

Carme Bullich / Salvador Giné

Fuera de Oslo, las escasas autopistas pronto se vuelven sinuosas carreteras estrechas. En cambio, pasamos mucho rato conduciendo por túneles. Noruega tiene 750 km de carreteras excavadas en montañas. Seis túneles tienen más de 10 km, y el de mayor longitud es el de Lærdal, con 24,5 km. 

Para distraernos de la monotonía de conducir tanto rato por galerías, las paredes de vez en cuando cambian de color y algunos túneles están enlazados por coloridas rotondas. Otros túneles pasan bajo el fondo marino, el más largo de los cuales, el de Ryfylke, tiene 14,4 km y es, de momento, el más largo construido bajo el mar. 

Ampliar Rotonda que enlaza varios túneles (hay muchas en Noruega).

Rotonda que enlaza varios túneles (hay muchas en Noruega).

Carme Bullich / Salvador Giné

Por el momento, dado que cuando esté terminado, hacia el 2033, el túnel de Rogfast será más largo y tendrá dos récords mundiales: el más largo bajo el mar (27 km) y el excavado a mayor profundidad bajo el fondo del mar (392 m). Puestos en túneles, mencionamos que Noruega tendrá uno bastante original y único en el mundo: un túnel para barcos.

Ampliar Crucero en la ciudad de Stavangen.

Crucero en la ciudad de Stavangen.

Carme Bullich / Salvador Giné

Este lo están construyendo en Stad (Stad skipstunnel), con una longitud de 1,8 km. Se prevé que en 2031 acabarán de atravesar la montaña y, después, los barcos cruzarán por dentro de la península, evitando enfrentarse a los fuertes vientos y los oleajes de 30 metros de altura, que dificultan o impiden la navegación una tercera parte del año.

Ampliar Crucero atracado en el puerto de la ciudad de Stavangen.

Crucero atracado en el puerto de la ciudad de Stavangen.

Carme Bullich / Salvador Giné

Y ya que aquí nos quejamos de la presión turística, es preciso decir que en algunas ciudades y en muchos fiordos, la presencia de los enormes cruceros es aterradora y llega a distorsionar el paisaje, tanto el urbano como de la naturaleza.

Ampliar Crucero en el fiordo de Hardanger, visto desde el hotel del pequeño pueblo de Eidfjord.

Crucero en el fiordo de Hardanger, visto desde el hotel del pequeño pueblo de Eidfjord.

Carme Bullich / Salvador Giné
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