* El autor forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
Para empezar este artículo, reproduciré el testimonio del propio doctor Santiago Ramón y Cajal (1852 - 1934):
- “El doctorado condicionó mi vida”
- “Al regreso de Cuba decidí no seguir el camino de mi padre recorriendo inhóspitas aldeas. Desempolvé libros de Anatomía e Histología y estudié Embriología. Continué en Zaragoza estudiando Anatomía y Embriología, y en los ratos libres ayudaba a mi padre en el penoso servicio del Hospital, supliéndole en las guardias y encargándome de las curas de algunos de sus enfermos particulares de cirugía. Mis aspiraciones al Magisterio me obligaron a graduarme de doctor. Táctica excelente hubiera sido haber, cursado oficialmente en Madrid las tres asignaturas cuya aprobación era entonces obligatoria para alcanzar la codiciada borla doctoral (Historia de la Medicina, Análisis química e Histología normal y patológica). Pero mi padre, temeroso sin duda de que, lejos de su vigilancia, reincidiese en mis devaneos artísticos —y quizá tenía razón— resolvió matricularme libremente en las citadas asignaturas, reteniéndome en Zaragoza”.
Prepara sus asignaturas de Doctorado como alumno libre: Historia de la Medicina, Análisis Químico y la Histología Normal y Patológica, siguiendo los programas indicados en la convocatoria. La Química Analítica la preparó con Ramón Ríos, farmacéutico ilustrado.
Como se presentó por libre, no pudo informarse correctamente y la asignatura de Historia de la Medicina, que había estudiado, no le sirvió, porque el profesor Santero había cambiado el programa inicial.
El temario de Análisis Químico también era diferente. El único que se adaptaba al programa inicial era el de Histología. En pocos días debió esforzarse en recuperar las nuevas exigencias y finalmente consiguió dos aprobados y un notable en Histología, que impartía el Dr. Maestre de San Juan.
Discurso de doctorado
El preceptivo discurso, de 20 páginas escritas a mano, trató sobre el tema Patogenia de la inflamación, que era un tema debatido en aquella época.
El discurso lo dividió en cuatro partes:
- 1. Definición y patogenia. Revisa definiciones desde Celso y Galeno hasta el momento de la presentación de su trabajo.
- 2. Génesis de la inflamación. Expone las ideas de Virchow, que influyó mucho en Cajal, junto a las de Jaccoud y Cohnhein.
- 3. Exudados (seroso, mucoso, fibrinoso, supuración). “El pus es un líquido seroso de color amarillento más denso que el agua, inodoro, neutro o alcalino en su reacción con el papel de tornasol y que se produce como uno de los fenómenos principales de la inflamación de los tejidos vasculares”
- 4. Terminación (resolución y organización). Asegura que la resolución es la mejor finalización de la inflamación.
En su discurso no aporta referencias bibliográficas. Consiguió el grado de Doctor: “A trancas y barrancas defendí mi Tesis Doctoral consiguiendo un aprobado el día 3 de julio de 1987. Ahí estuvo el principio que condicionó mi vida”.
Había dado el primer paso y ya dejaría de ser médico de remotos pueblos y aldeas, cabalgando en caballo o mulo, con sombrero, calzado de montaña, escopeta y artefactos de caza, sin tener que firmar capitulaciones con los Ayuntamientos.
Sería un médico urbano entregado a la investigación y a la docencia. Lo importante era haber dado aquel primer paso. Ahí estuvo el principio que condicionó toda su vida. Marcó el comienzo de sus investigaciones.
El inicio de sus investigaciones
Conoce a los doctores Maestre de San Juan y Simarro. Visitó el laboratorio de Aureliano Maestre de San Juan, fundador de la Sociedad Histológica Española, detectando a través del microscopio un mundo infinitamente pequeño y muy sugestivo. Le sirvió para introducirse en el mundo de la histología y le animó a montar su propio laboratorio. Le fascinaba el mundo del microscopio:
- “El hechizo de lo infinitamente pequeño”.
- “Tenía ante la lente los glóbulos rojos, las células epiteliales, los corpúsculos musculares, el fascinante mundo de lo infinitamente pequeño, lo inaccesible ante mis ojos, casi rozando las aletas de mi nariz. Iba deteniéndome acá y allá, dibujando y fotografiando el enigma de la vida. No cabía de gozo cada vez que me acercaba a la lente amplificante. No tenía ya dudas y comprendí que el entramado de la vida residía en la anatomía microscópica. ¡Con cuánta delectación me adentraba en aquellos códigos, los marcadores de la enfermedad, de la muerte y de la vida!”
El Dr. Luis Simarro
Retrato del Dr. Luis Simarro al microscopio (1897),
El Dr. Luis Simarro, psiquiatra e histólogo eminente, instaló su laboratorio micrográfico en su casa de Arco de Santa María de Madrid. Recién llegado de Francia le informó de los métodos de tinción, que podían mejorarse, de los cortes de tejido nervioso ideados por Camilo Golgi, profesor en Pavía, y que había aprendido en París junto a su maestro Louis-Antoine Ranvier, discípulo de Claude Bernard descubridor de la mielina y los nodos de Ranvier. Simarro le mostró el método de Golgi al cromato de plata para el conocimiento de la morfología de las células nerviosas. Ya podía opositar a cátedras.
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