* La autora forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
Me permito hacer una reflexión en un momento en el que algunos de los libros que estoy leyendo para comentar en un club de lectura no son de mi gusto, ni de parte de sus componentes, por las opiniones de otros miembros del grupo.
Siempre he pensado que compartir con otras personas una actividad tan enriquecedora como es la lectura me ayudaría a implementar mis ideas, al tiempo que podría fortalecer relaciones personales entre amantes de la literatura.
Es cierto que es una experiencia que permite intercambiar opiniones y que te ayuda a conectar con esa comunidad de lectores, pero el hermoso arte de la lectura, que es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta, parece no ser prioritario.
Después de pensar mucho en esto, e intentando encontrar una solución que facilite una manera efectiva de leer con agrado y compartir posteriormente lo que se ha leído, me surgen unas posibles respuestas. Tal vez, confluir en gustos es un poco difícil, aunque si nos dedicamos a buscar reseñas y críticas en plataformas literarias antes de leer un determinado libro, puede ser una buena manera de acertar en la selección.
Estoy convencida que todos los compañeros aspiran a sentirse satisfechos con las lecturas y que a nadie le puede parecer mal encontrar reflexiones sinceras que enriquezcan la lista de nuestros deseos, y que nos motiven a explorar un mismo libro.
¿Qué pasa si los libros que deben leer los componentes de un club de lectura no son de su agrado?
Conocer algo acerca del argumento, el tipo de narrativa y el estilo del autor, entre otras cosas, pueden servir, a priori, para ponernos de acuerdo sobre la temática que más nos atrae. Una vez que hayamos dado con el libro que responde a nuestros intereses, y después de leerlo, esto nos puede llevar a discusiones aún más ricas.
Otra posibilidad sería hacer una presentación en el club de diferentes autores y realizar sesiones de lectura grupal, para poder compartir pasajes o fragmentos de un determinado libro.
Me encanta pensar que la lectura no es una actividad solitaria, sino una manera de unir a las personas en torno a un interés común. Es más, desde que voy a tertulias literarias, me he convencido que aun “perdiendo” el tiempo cuando hay que hacer un esfuerzo excesivo para leer un libro que resulta tedioso, siempre puede haber una recompensa final.
Los comentarios nos abren a nuevas perspectivas y amplían nuestros horizontes personales. Sin embargo, una comunidad literaria vibrante y diversa se crea a partir de unas lecturas que atrapan.
Decía el escritor argentino Jorge Luis Borges: “El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta ‘el modo imperativo’. Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.
Lo importante es que la lectura sea un placer, no una carga. Me encanta esta frase que expresa que, al final, el verdadero arte de leer no está en la cantidad de libros que cerramos, sino en los que dejamos abiertos en nuestra mente y en nuestro corazón.
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Los interesados en participar en La Mirada del Lector pueden enviar sus escritos (con o sin material gráfico) al correo de la sección de Participación ([email protected]) adjuntando sus datos.


