Mañana es el último día para presentar las nominaciones al premio Nobel de la Paz de este año. Es seguro que la del presidente de los Estados Unidos hace días que se ha recibido. El comité noruego deberá decidir ahora si las amenazas a la soberanía groenlandesa, las actuaciones de su cuerpo policial de aduanas, el secuestro de Nicolás Maduro, etcétera, están imbuidas de un aura de paz suficiente para recibir el galardón. En otro tiempo, la carpeta ni tan siquiera se abriría. Hoy, en un mundo que se esfuerza en destruir las pocas y débiles certezas que le quedan, ya no se sabe.
Esta semana, Philip Glass lo ha puesto de manifiesto cancelando el estreno en el Kennedy Center for the Performing Arts de Washington de su Sinfonía n.15, basada en el célebre discurso ‘La perpetuación de nuestras instituciones políticas’ de Abraham Lincoln. El compositor estadounidense ha presentado su decisión como una cuestión de coherencia artística y ética, alegando que los valores que inspiran la obra entran en conflicto con el rumbo ideológico actual de la institución, recién rebautizada como Trump Kennedy Center, provocando malestar en amplios sectores del mundo cultural.
La de Glass no es una decisión banal. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca es un signo de los tiempos y ha marcado una transformación profunda en la relación entre cultura, poder y democracia. Hoy resulta difícil imaginar que Pau Casals pudiera realizar en esta misma institución el concierto conmemorativo de la Carta de la Organización de los Estados Americanos (OEA) como hizo el 22 de mayo de 1973.
Casals tenía entonces 96 años y moriría pocos meses después, en octubre, lo que confirió a aquella actuación un carácter casi testamentario. Aquel acto convirtió la música en un nuevo gesto diplomático y moral: un músico exiliado, comprometido con la paz y la democracia, ocupaba el centro simbólico de una de las instituciones culturales más relevantes del mundo. El concierto estaba íntimamente ligado al significado histórico de la OEA, creada el 30 de abril de 1948.
Con 33 estados miembros, la organización nació como un foro continental destinado a fortalecer la paz y la seguridad, promover la democracia representativa, defender los derechos humanos y fomentar el desarrollo social y económico mediante la cooperación entre los pueblos del continente. Su carta fundacional establecía también el compromiso de prevenir conflictos y reducir el armamento para destinar mayores recursos al progreso social.
En ese contexto, la presencia de Casals dotaba de credibilidad aquellos principios. Hoy, el contraste es evidente. Allí donde la música servía para conmemorar valores compartidos y reforzar consensos democráticos, ahora se proyecta una crisis que interpela las instituciones culturales. Casals le decía al mundo como podía ser. A través de Glass, el mensaje inspirador de Lincoln en 1838 sobre el advenimiento de tiranos y el peligro de menospreciar leyes nos advierte sobre cómo no debería ser.