Francisco, pescador con 40 años de experiencia: “He sido feliz toda la vida, pero ahora nos tratan como delincuentes”
PESCA
Entre el frío del mar, la rutina de madrugadas interminables y la camaradería a bordo, los pescadores cuentan cómo ha cambiado su oficio y cómo las inspecciones los hacen sentir vigilados
José, pescador desde los 14 años: “Durante las jornadas de 19 horas, dormir 2 o 3 horas es lo normal”

Francisco, pescador con 40 años de experiencia: “He sido feliz toda la vida, pero ahora nos tratan como delincuentes”
Pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que implica llevar un pescado fresco a nuestra mesa. Detrás de cada bandeja de mariscos o cada pescado entero hay jornadas que comienzan antes del amanecer, esfuerzo físico constante y decisiones que dependen del clima, las mareas y la paciencia de quienes viven del mar.
Archie Ted, creador de contenido, decidió dejar por unos días la pantalla para sumergirse en trabajos que pocas personas conocen de cerca y así mostrar lo que implica “ganarse la vida de verdad”. Después de probar en la agricultura, la construcción y rutas de transporte, esta vez se adentró en el mundo de la pesca.
Durante su recorrido, conoció a José, un pescador de 26 años que comenzó a trabajar en el oficio a los 14. José le reveló que algunas jornadas pueden extenderse hasta 19 horas, con apenas dos o tres horas de sueño, un sacrificio que la mayoría de quienes consumimos pescado rara vez llegamos a imaginar.
Un oficio entre camaradería y esfuerzo
Al embarcarse junto a Archie, pescadores como José, Francisco, Carlos, Antonio y Manolo lo recibieron como uno más del equipo. Entre bromas, anécdotas y consejos, se percibe un vínculo que va más allá del trabajo físico: la complicidad y el compañerismo que permite sobrellevar días extenuantes, largas horas de vigilia y el constante desafío que supone el mar abierto. Esa camaradería se convierte en un sostén invisible que hace posible continuar pese a las dificultades.
Uno de los momentos más impactantes de la jornada llega cuando Archie conoce a Francisco, conocido entre sus compañeros como “el patrón del barco”. Con 40 años dedicados a la pesca, Francisco es un veterano que combina experiencia, conocimiento del mar y un amor inalterable por su oficio. “Siempre estoy pendiente de la pesca”, comenta al inicio de la jornada. “De momento va bien, estamos pescando bastante. Cuanto más barcos hay, más pesca hay”, dice con tranquilidad, reflejando la sabiduría que solo los años y la práctica pueden otorgar.

Entre pasión y regulaciones
La tensión de pescar bajo la lupa
Cuando Archie le pregunta qué es lo que más disfruta de su trabajo, Francisco no duda: “Todo. Llevo toda la vida aquí, me gusta todo. Desde los 14 años estoy en esto”. Sus palabras reflejan pasión y orgullo por un oficio que ha sido su vida. Sin embargo, esa felicidad se ve empañada por las regulaciones que, según él, han hecho que el trabajo diario sea cada vez más complicado. “Antes éramos marineros y pescadores; hoy nos hacen sentir como delincuentes”, afirma, refiriéndose al aumento de inspecciones y controles que, aunque necesarios para garantizar la pesca legal, se han vuelto para él y sus compañeros excesivos y a veces arbitrarios.
Francisco explica que cada visita de inspectores implica revisar minuciosamente el barco, la documentación y cada detalle de la pesca. “A la mínima nos sancionan. Por eso lo apuntamos todo a rajatabla; no nos podemos equivocar en nada”, dice. Las multas y sanciones, reconoce entre risas, se han vuelto parte de su rutina, y cualquier error, por pequeño que sea, puede tener consecuencias económicas importantes. Su relato evidencia la tensión entre mantener un oficio tradicional lleno de orgullo y cumplir con regulaciones que, según él, parecen más un castigo que un control.

En este sentido, Francisco describe cómo cada paso de su jornada está vigilado por estrictas regulaciones: antes de entrar al puerto debe informar a Madrid sobre toda la pesca, y cualquier error, aunque sea mínimo, puede derivar en una multa inmediata. “Si en cinco años cometemos una infracción, nos quitan las ayudas que tenemos. Estamos en una línea muy fina y por cualquier cosa nos sancionan”, insiste.
A pesar de las dificultades y las largas jornadas, Francisco y sus compañeros siguen saliendo al mar con la misma constancia de siempre. Cada día implica esfuerzo físico intenso, coordinación en cada maniobra y atención constante a las condiciones del clima y del agua.
Para ellos, la pesca representa mucho más que un sustento económico; es un oficio que define su identidad, forja vínculos fuertes entre “colegas” y mantiene vivo un conocimiento del mar que se transmite de generación en generación.

