Margarita Bokusu, educadora y escritora: “Muchos docentes evitan venir a trabajar cerca del Campo de Gibraltar porque hay más alumnos maleducados”
Profesiones
Margarita Bokusu Mina redacta textos desde que tenía 13 años y su anhelo constante ha consistido en subsistir gracias a sus obras literarias, fundamentadas en hechos verídicos.

Margarita Bokusu Mina cursó la carrera de filología inglesa y en la actualidad desempeña su labor docente en secundaria, bachillerato y Formación Profesional.

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En ocasiones, la existencia nos obliga a elegir caminos para avanzar. Respecto a Margarita Bokusu, gran parte de tales determinaciones nacieron de la urgencia, aunque igualmente de un intenso anhelo personal. Siendo bastante joven abandonó su formación académica y se mudó a Londres, una vivencia que dejó una huella imborrable en ella. En ese lugar laboró, recorrió diversos sitios y descubrió un estilo de convivencia que, posteriormente, transformaría su perspectiva global. “La vida en Londres me encantó porque no había la precariedad laboral que tuve que sufrir en mi propio país, aun estando licenciada”, relata a Guyana Guardian.
Al volver a España se topó con la inestabilidad en el empleo y la escasez de vacantes, situación que terminó conduciéndola hacia el magisterio. Inició su labor docente cerca de los 46 años y hoy en día desempeña su cargo en La Línea de la Concepción, al tiempo que sigue redactando textos de forma simultánea. Habiendo lanzado trece libros al mercado, admite que su mayor anhelo consiste en volcarse por completo en la literatura y abandonar las aulas.

¿Cómo nació su interés por ser profesora?
Resultó ser más una obligación que una pasión. Comencé cursando Psicología a los 18 años, pero lo dejé para marcharme a Londres en busca de aventuras. Aquella fue una vivencia muy enriquecedora: ocupé diversos puestos y exploré variados sectores, sin embargo, al retornar a España me enfrenté a una gran precariedad en el trabajo.
En un comienzo supuse que era por carecer de una titulación, pero pese a realizar distintos cursos, no conseguía nada. Al final, debido a mi estancia en otros países, me decanté por estudiar Filología Inglesa y presentarme a oposiciones. Por tanto, en el fondo, no ocurrió por vocación, sino porque no tuve más alternativas.
¿Cómo fue su experiencia laboral antes de ser profesora?
En Londres disfruté de la opción de ocupar distintos puestos y conocer varios ámbitos, como el teatro. Conseguir una ocupación era muy simple, pero tras mi retorno, el escenario cambió por completo. En España ni siquiera me contactaban para concretar una entrevista.
¿Le costó sacarse las oposiciones?
Una barbaridad. Preparar una oposición requiere el respaldo de un docente o un centro de estudios, y eso implica un gasto considerable. En mi situación, arranqué de forma rigurosa en 2011 y obtuve la plaza en 2014. Pasé tres años formándome con ahínco, si bien fueron tiempos complejos ante la escasez de convocatorias. Finalmente, en 2016 me avisaron para comenzar mi labor profesional.
El panorama del empleo apenas ha variado en comparación con tiempos pasados: debido a ello, la juventud está emigrando al extranjero para intentar encontrar mejores opciones.
Una vez que usted comenzó a trabajar como docente, ¿fue lo que esperaba?
Sentía un gran deseo por desempeñar este oficio puesto que, a pesar de no ser algo vocacional, me había supuesto una gran inversión económica, temporal y de sacrificio. Rememoro que mi estreno en un centro de secundaria me dejó atónita. Me impactó observar dispositivos de vigilancia en los corredores y comprobar que permanecían 30 estudiantes por aula, tal como sucedía en mi época de formación. Creía que dicha situación se habría transformado.
¿Qué aspectos ha notado que han cambiado en los institutos?
Las proporciones se mantienen iguales, continúa habiendo una gran cantidad de estudiantes por aula. Lo que verdaderamente se ha transformado es la vigilancia: actualmente existen cámaras y se prohíbe abandonar las instalaciones. En mi época de estudiante, podíamos ir al patio, a la plaza o a cualquier sitio que nos apeteciera. Hoy en día resulta imposible si no has alcanzado la mayoría de edad. Asimismo, ciertas instituciones cuentan con dispositivos de grabación hasta en los salones, lo cual indica que la conducta de diversos jóvenes se ha deteriorado notablemente.
¿Cómo describiría esta profesión?
Disfruto de mi labor docente y gran parte de los estudiantes resultan maravillosos. No obstante, existen ciertos individuos con comportamientos tan negativos que logran desmotivarte en tu profesión. Impiden el desarrollo normal de la lección: generan un alboroto constante, responden con insolencia, se ponen de pie violentamente e incluso llegan a vociferar. Frecuentemente, sus progenitores los justifican alegando que existe una fijación personal contra ellos. Tal situación provoca un agotamiento enorme. Lamentablemente, debido a una minoría, se arruina tanto la dinámica del aula como tu propia jornada laboral.

¿Cree que hoy en día existe un problema de respeto hacia los profesores?
Efectivamente. En la actualidad no se perciben repercusiones auténticas, lo que motiva que varios estudiantes no valoren debidamente su formación ni las directrices de los maestros. A los educadores esto nos perjudica notablemente y constituye un reto habitual en nuestra carrera y en municipios como La Línea de la Concepción. Resulta peculiar que estos mismos alumnos guarden las formas con ciertos docentes, mientras que con otros se comportan de manera opuesta.
¿Considera que la labor del profesor es más dura en La Línea de la Concepción?
Es verdad que el Campo de Gibraltar posee una reputación bastante negativa. De hecho, gran cantidad de docentes prefieren evitar este destino al considerarlo más exigente que otras zonas. Se encuentran estudiantes problemáticos, algo que se manifiesta en las aulas, a pesar de que también hay jóvenes con muy buena formación. Es un lugar donde la actitud de ciertos alumnos y la ausencia de un respaldo verdadero causan que muchos profesionales de la enseñanza no deseen acudir.
¿Cómo compararía las condiciones laborales de España con las de Inglaterra?
No guardan relación alguna, ni en el pasado ni en el presente. En Inglaterra el entorno de trabajo resultaba bastante superior. Y en este lugar, la situación del empleo no ha evolucionado demasiado frente a tiempos previos, ya que la juventud continúa marchándose al extranjero para encontrar opciones profesionales.
Al analizar el pasado, considero que uno de los desaciertos más grandes de mi trayectoria fue regresar. En aquel tiempo, retorné a España pues pensaba que resultaría sencillo forjar una carrera laboral, pero no sucedió así; no pretendía residir en Londres de forma indefinida, aunque sí por un periodo más extenso. Volver se sintió como si me hubieran frenado las aspiraciones.
Si percibes dos mil euros, difícilmente consigues terminar el mes.
¿Cree que el sueldo del profesor está bien pagado?
En mi situación, viviendo únicamente con mis dos chihuahuas, consigo salir adelante. Aun así, para quien tiene descendencia, esta remuneración continúa siendo bastante escasa. Por lo regular, los salarios en España resultan reducidos, sin importar la titulación que se posea. Al ganar dos mil euros, difícilmente se termina el mes, considerando desembolsos como el arrendamiento, alimentación, desplazamientos, etc.
Uno de sus anhelos es ser autora. ¿Por qué no se enfocó únicamente en la escritura?
Redacto desde que tenía 13 años, aunque al ser un oficio complicado para subsistir, me vi en la necesidad de encontrar empleos distintos para alternarlos. Jamás abandoné la escritura: redactaba incluso durante mi preparación para oposiciones. No logré centrarme plenamente en ello debido a que requería seguridad financiera.
¿Cómo sería su vida perfecta?
Ciertamente, mi objetivo es vivir de mis textos, incluso con una remuneración comparable a la de una docente. No pretendo alcanzar la celebridad ni la riqueza, pero sí desearía que mis escritos fueran descubiertos por los lectores, ya que en ellos reflexiono sobre la existencia y lo cotidiano, una realidad que, frecuentemente, sobrepasa a la fantasía.

