Eva Alonso vuelve a estudiar con 50 años para acompañar a su hijo con autismo: “Después del acoso que le hicieron no estaba convencido de seguir con los estudios”
Formación
Madre e hijo han formado parte del programa piloto de 'XTalent Digital', enfocado a promover el talento digital para personas con discapacidad
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Eva Alonso y su hijo, Javier Cabrera, han cursado juntos el programa piloto para promover el talento digital para personas con discapacidad

En un mundo laboral que puede ser especialmente hostil para las mujeres, los mayores de 50 años y las personas con discapacidad, Eva Alonso entra en todas estas categorías y reconoce que después de 18 años fuera del mercado laboral tenía poca fe en empezar de cero en un sector que nunca había pisado. Sin embargo desde hace diez meses trabaja en NTT Data como junior frontend engineer. La primera piedra de este cambio radical es la decisión de acompañar a su hijo con autismo en un programa piloto de formación de talento digital para personas con discapacidad, XTalent Digital. Las reticencias del joven a cursar esta formación nacen de años de sufrir acoso en las aulas.
“Tengo la enfermedad de Crohn y también autismo”, detalla, un contexto de salud que le permitía sumarse en el estudio de programación, junto a su hijo. La decisión le ha cambiado la vida de manera acelerada, ya que mientras estaba dentro de este programa encontró trabajo.
“Siendo una mujer de mediana edad, con discapacidad y neurodivergente, parece imposible reconducir tu carrera”, afirma Eva. Si bien llegó al programa como acompañante, ha sacado todo su provecho: “En una de las primeras entrevistas, tuve suerte y me cogieron”, detalla. Y añade: “Llevo meses en esta compañía y estoy muy contenta. No sólo estoy en una empresa muy sensible con la diversidad, y se nota, sino que toda la experiencia ha sido muy enriquecedora”.
Originaria de Tenerife, Eva siempre había tenido interés por los estudios. De hecho, cursó tres años de física. “Cuando tuve el primer brote de Crohn tuve que dejarlo y perdí la beca”, recuerda. Sin embargo, decidió continuar estudiando y cursó un ciclo superior de gestión comercial y marketing. Como muchas personas de su generación, su vida laboral estuvo marcada por la crisis de 2008. “Vivía con mi pareja, que es catalán, en Tenerife cuando llegó la crisis. Trabajaba en una constructora y me quedé en paro. Fue entonces cuando decidimos venir aquí”.

Durante la misma época, a Javier le diagnosticaron autismo y ella decidió centrarse en su cuidado. “En primaria, todo fue bien. En la escuela había mucha adaptación y le trataban muy bien, pero todo cambió en el instituto”, lamenta. El joven no sólo sufrió el acoso de sus compañeros en el instituto, también en el centro de formación profesional. “Sufrió una depresión muy fuerte, hasta el límite de querer suicidarse”, explica.
Después de sufrir acoso en el instituto y en el ciclo formativo, no estaba convencido de volver a estudiar y le dije: '¿por qué no lo hacemos juntos?'
”Lo sacamos de la formación y pensaba: 'no puede ser que teniendo altas capacidades deje de estudiar'”, detalla Eva. En su búsqueda de alternativas, se encontraron con el programa impulsado por Barcelona Activa. En este espacio no sólo podía estudiar programación, un área de conocimiento por la que ya tenía interés, sino que se realizaba en un entorno dirigido a personas con discapacidad.
Aunque podría parecer hecho a medida, la huella de años de acoso en las aulas seguía presente. “Después de sufrir acoso en el instituto y en el ciclo formativo, no estaba convencido de volver a estudiar y le dije: '¿por qué no lo hacemos juntos?' Esto le gustó y le dio confianza”. Dicho y hecho.
Las materias pueden ser interesantes, pero si tienes que estar luchando por sobrevivir en el aula no sirven de nada
De nuevo en clase (y en el mundo laboral)
Eva también estaba interesada en la programación y ella misma destaca: ” La informática siempre me ha atraído y no era ajena”. Con un objetivo común, madre e hijo regresaron a las clases, que nada tenían que ver con las últimas experiencias de Javier. “Le permitió volver a estar confiado en una clase, donde te respetan”, destaca Eva. Y añade: “El contenido es muy bueno, pero lo importante es cómo te tratan. Las materias pueden ser interesantes, pero si tienes que estar luchando por sobrevivir en el aula no sirven de nada. Es por eso que un entorno adaptado como éste te ayuda y te permite desarrollarte”.
Como nunca había dejado de formarse, Eva no sentía vértigo por las clases en sí, sino más bien por el regreso a la carrera profesional. “Como persona neurodivergente, cosas como trabajar en equipo eran más un reto que estudiar”, reconoce. Estas preocupaciones no han sido un obstáculo para que encontrara trabajo rápidamente, en un entorno del que destaca lo cómoda que está. ” Se me han abierto un abanico de posibilidades. Es toda una nueva oportunidad”, sentencia.

Eva disfruta del sector donde ha ido a parar, ya que requiere formación permanente, lo que celebra: “¡Siempre hay algo nuevo que aprender! ”. Por su parte, su hijo también ha terminado la formación con grandes resultados y con ganas de más. “Ya se ha apuntado a otro programa y está supermotivado”, celebra.
Este artículo fue publicado originalmente en RAC1.
