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Qué son 'Las esposas cazadoras', el último fenómeno 'made in USA' de Netflix

Estreno

Mujer progresista se muda a comunidad conservadora amante de los rifles y de las relaciones adúlteras

Malin Akerman y Brittany Snow, según la crítica americana, son el principal reclamo para ver la serie.

Malin Akerman y Brittany Snow, según la crítica americana, son el principal reclamo para ver la serie.

Steve Dietl

Una situación inusual del pasado verano fue que Netflix tuvo un fenómeno televisivo entre manos en Estados Unidos que no estaba disponible en otros mercados. Era palpable en los medios de comunicación y en las redes sociales: Las esposas cazadoras era esa clase de serie comentable que había viciado a su congregación. Como se había comprado a Lionsgate, en un principio no tenían los derechos para el mercado internacional pero, después de cinco meses, la plataforma por fin se ha aventurado a estrenarla a este lado del Atlántico. ¿Pero qué es? ¿Y por qué los americanos estaban obsesionados con ella?

Sophie O’Neil (Brittany Snow), que había sido directora de campaña del Partido Demócrata, se instala con su marido arquitecto, Graham (Evan Jonigkeit), en Maple Brook, un pueblo de Texas. Son la clásica familia blanca y progresista de Estados Unidos que, de repente, se encuentran en un entorno mucho más conservador cuando él acepta trabajar para Jed Banks (Dermot Mulroney), un magnate del petróleo. Se da cuenta sobre todo cuando los invitan a una fiesta y descubren que es un acto para recaudar fondos para la Asociación Nacional del Rifle.

Los perfectos republicanos.
Los perfectos republicanos.Steve Dietl

Pero allí, justo cuando entiende que su nuevo trabajo de “ama de casa y madre a tiempo completo” será difícil de llevar en ese entorno, queda cautivada por Margo (Malin Akerman), la mujer de Jed. Es carismática, parece flirtear con todo el mundo y rápidamente la incluye en su círculo de amigas, cuyas aficiones son beber cócteles y disparar escopetas. ¿Pero qué se esconde detrás de esos principios conservadores? Como descubre Sophie, quizá una red de relaciones adúlteras.

Además, como manda la tradición de esta clase de producciones, todo acabará en tragedia, con algún cadáver por allí. Y, por supuesto, se trata de una adaptación: la guionista Rebecca Cutter, que había trabajado en El mentalista y creó Hightown, adapta un best-seller de May Cobb.

'Las esposas cazadoras' en sus ocho episodios promete... morbo.
'Las esposas cazadoras' en sus ocho episodios promete... Morbo.Steve Dietl

The New York Times ya avisó en su momento que, si alguien busca una tesis sesuda sobre el conflicto actual en Estados Unidos entre las comunidades progresistas y conservadoras, esta no es la serie: “La trama es básicamente fantasía culebronera”. Pero “la interpretación de Malin Akerman demuestra que la hipocresía puede ser liberadora” y, junto a la interpretación de Brittany Snow, “lo tendréis difícil para resistiros a sus encantos”.

En The Guardian, donde etiquetan Las esposas cazadoras como “televisión basura perfecta”, reconocen que están encantados con la química de los personajes y cómo tiene suficiente ingenio para ser salvaje sin caer en el melodrama, y con giros constantes: “Cada dos o tres minutos, hay un nuevo secreto revelado, se deja caer una bomba o alguien tiene sexo, raramente en parejas heterosexuales o con edades apropiadas”. Es complicado, de hecho, entender cómo los personajes tienen tiempo para hacer tantas cosas: “practicar tiro, chantajear, sobornar a ovejas negras o incriminar de asesinatos a personas inocentes”.

En The Rolling Stone, donde también reconocen que no es una buena sátira política, reconocen que funciona con su mezcla de “sexo, drogas, asesinatos” para tener enganchados a los espectadores en un maratón televisivo. Por lo que parece, el objetivo de Las esposas cazadoras es claro: ser un placer culpable. ¿Significa esto que, más allá de Stranger things, Netflix ha encontrado el vicio ideal para la resaca de Año Nuevo? Si en 2023 la gente pudo ver entera Engaños, que era atroz, no se puede descartar.

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