Sociedad

Adamuz trata de volver, en shock, a su rutina tras la ola de solidaridad vecinal

Siniestro ferroviario

Los residentes que se volcaron por las víctimas aún no han asimilado la tragedia

Última hora sobre el accidente de tren en Adamuz (Córdoba), Rodalies y el descarrilamiento en Gelida (Barcelona)

Antonio Pérez.Propietario del Hogar del pensionista de Adamuz 

Antonio Pérez.Propietario del Hogar del pensionista de Adamuz 

lolo vasco_EOLO / Colaboradores

La caja registradora del Hogar del Pensionista de Adamuz volvió a funcionar, después de 24 horas sin abrirse. Cerrada por solidaridad. Y no porque su barra no tuviese actividad. La cafetera de Antonio Pérez molió solo el lunes cinco kilos de grano; la misma cantidad que suele durar diez días. El bar, en el que se congregaron los familiares que esperaron durante eternas horas hasta tener noticias de sus desaparecidos, se convirtió en el epicentro de la respuesta de los vecinos cordobeses al choque de los dos trenes de alta velocidad, que se llevó por delante 42 víctimas mortales. Ayer, ese improvisado centro de acogida, como el resto, del pueblo cordobés trataba de recuperar su rutina, pero muchos de sus habitantes seguían en shock. Aún no se creen que Adamuz ponga apellido a la peor tragedia ferroviaria de la década, aunque les consuela que la hemeroteca también recogerá cómo sus vecinos ofrecieron todo lo que tuvieron a mano.

Como era domingo, Antonio iba a cerrar antes de lo que lo suele hacer entre semana. Pero antes de echar la persiana, su hijo le llamó para que pusiese la televisión: llegaban las primeras informaciones de un tren siniestrado en su pueblo. Vio que la cosa no pintaba bien, por lo que no esperó a ponerse a disposición del alcalde. El primer equipo de Cruz Roja que llegó le preguntó que dónde podían instalara a su equipo de psicólogos para atender a los familiares que irían llegando. Ofreció un amplio salón en la primera planta, pero los voluntarios pensaron que no sería necesario. Horas más tarde estaba a rebosar. Durante toda la madrugada pasaron por allí, según los cálculos del encargado, unas 200 personas. Describe el ambiente como desolador. Había lamentos, murmullos, sollozos, pero cada vez que un equipo de la policía judicial entraba en la sala con una caja de cartón se hacía el silencio. Dentro iban pertenencias de fallecidos.

Irene. Con su marido, ayudó al traslado de los primeros heridos
Irene. Con su marido, ayudó al traslado de los primeros heridosLolo Vasco

“No había otra opción que no fuese ayudar a todos los familiares”, dice el encargado del bar que ofreció cobijo

Antonio, que cuenta cómo su hijo se ha tirado la noche sin pegar ojo tras arrimar el hombro la madrugada anterior, señala una parte de su local en el que aún se amontonan mantas que llevaron los vecinos, otra con varias columnas de cajas de zumos, u otra en la que siguen los sacos vacíos en los que el pandero llevo barras para hacer bocadillos. “Toco esta desgracia cerca, no había otra opción que no fuese ayudar”, confiesa sobre las personas que ocuparon su bar, pese a que, muy probablemente, no las volverá a ver en su vida. Los trenes chocaron en el término municipal de Adamuz como lo podían haber hecho en cualquier otro punto de la red ferroviaria de alta velocidad. Ninguna víctima es de este pueblo. Igual, ni habían pisado nunca Adamuz, en mitad de Sierra Morena.

Irene y su marido Manuel estuvieron en la llamada zona cero. En las inmediaciones tienen un olivar que ahora, en tiempo de cosecha, es un bien protegido. De ahí que a última hora del domingo, cuando habitualmente está preparando comidas para la semana que entra, saliesen corriendo para los olivos cuando vieron una hilera de luces azules intermitentes rumbo a ellos. Pensaron que podía ser un robo o un incendio. Pero no, ni se les pasó por la cabeza, que verían dos trenes descarrilados. La noche cerrada les impidió ver más. “Mejor”, avanza. Su marido bajo en “un momento” a las vías para ayudar en las tareas de rescate, pero los uniformados le indicaron que serían más útiles trasladando a heridos leves al pueblo. Ese simple “momento” le fue suficiente para advertirle a su esposa que ni se le ocurriese bajar. Ayer, Irene hablaba en boca de los dos. Él aún no estaba preparado para verbalizar lo que vió —y vivió—. Como Desirée, la nuera de Antonio, quien con un gesto que parecía pedir perdón declinaba hablar con la prensa. “No quiero volver a recordarlo”, lamentaba con los ojos vidriosos.

Iván Caneda. Acudió con mantas y bocadillos cuando se enteró en su WhatsApp
Iván Caneda. Acudió con mantas y bocadillos cuando se enteró en su WhatsAppLolo Vasco

Irene, que viste el uniforme blanco de las trabajadoras que acompañan a personas dependientes, dice que aún está sorprendida por la rapidez en la que se montó el improvisado punto de atención a las víctimas en la caseta municipal de su pueblo. Mientras los sanitarios hacían las primera valoraciones de heridos para derivar a hospitales, ya un vecino había montado un rosco de butano, había puesto encima una cazuela enorme y estaba calentado caldo para servirlo. Los vecinos se lanzaron incluso a sacar productos congelados de su arcones, a medida que los grupos de WhatsApp de los habitantes de Adamuz echaban humo con las informaciones, cada vez más preocupantes, que iban llegando. “De leer primero que había tenido un accidente un solo tren a la veintena de fallecidos de la primera medianoche, imagina si hubo tiempo para ponerse en lo peor”, recuerda.

La joven, que no llega a la treintena, piensa que jamás en la vida se le olvidará una mujer de la que, en cambio, ni recuerda el nombre. Era mayor, muy delgada. La describe como “la viva imagen de la fragilidad”. Iba con su marido, también anciano. Un guardia civil le pidió a Irene que los montase en su todoterreno para que los llevase a Adamuz. No hablaron en el camino, iban mudos. Ella no se atrevía a preguntar “para no hacerles recordar”. Un “silencio incómodo”, que solo se rompió cuando, abrazo mediante, le dijo “gracias por sacarnos de aquí”.

Un agradecimiento, cree, que se puede extender a todo Adamuz.

Se busca un Iphone para recuperar fotos

El hijo de uno de los fallecidos de Huelva en el accidente ferroviario ha pedido ayuda a través de la redes sociales para recuperar el móvil de su padre “por las fotos que tiene”.

Así lo ha solicitado a través de sus redes sociales el chaval, que es hijo del funcionario de prisiones onubense Ricardo Chamorro, quien además era profesor en academias preparatorias para las oposiciones de su ramo.
El chico asegura que el móvil de su padre “sigue en las vías” y ha especificado que es un modelo “iPhone 14 pro, creo”. Al mensaje lo acompaña un pantallazo de la aplicación de recuperar el teléfono, que geolocaliza el terminal. En ella se puede ver la zona cero, donde colisionaron los trenes de alta velocidad.

“Si alguien pudiera recogerlo y enviarlo de vuelta, más que nada por las fotos que tiene”, ha rogado.

Joaquín Vera Romero

Joaquín Vera Romero

Periodista especializado en información de Interior, Seguridad y Terrorismo

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Redactor de la sección de Política de Guyana Guardian. A cargo de la información de Interior y Defensa, con el foco en la Seguridad y el Terrorismo