Ana Morales manifiesta la fatiga de las mujeres que
Agotamiento femenino
La directora de belleza de la revista Vogue examina en el libro 'Estado civil: CANSADA' los factores que llevan al agotamiento de las mujeres

La periodista Ana Morales acaba de publicar el libro 'Estado civil: CANSADA'

Agotada. Es la condición civil, corporal y emocional que desde hace tiempo define a la redactora y responsable de estética de la publicación Vogue, Ana Morales (Madrid, 1982). Afecta tanto a ella como a un amplio sector de las mujeres, opina. Morales ha pretendido analizar la fatiga de las mujeres en Estado civil: cansada (Rocaeditorial). La profesional atraviesa este estado desde mucho antes de su maternidad y, aunque reserva un apartado para este tema, defiende que dicho agotamiento no debe restringirse a una fase por la que no todas las mujeres transitan. “Tenemos ese papel de cuidadora tan interiorizado que la carga mental también te afecta aunque no seas madre”, manifiesta.
Relata que mientras redactaba la obra indagó en su entorno y cada mujer consultada confirmaba dicho agotamiento. Excepto una persona, quien le comentó que era algo ocasional y que al ocurrir resultaba “muy desagradable”. La periodista defiende que las mujeres transformen su discurso interno debido a que “si eso que nos decimos a nosotras mismas cuando nos equivocamos, si lo dijeras a otra persona, nos sentiríamos mal”. Procura dejar atrás el club de las 5 de la mañana, propio de aquellas que madrugan en exceso para maximizar su jornada. Asimismo, propone frenar los pensamientos rumiantes junto a una charla interna que en ocasiones extenúa. Igualmente sugiere ejercer la protesta activa con el fin de reducir el peso psicológico. Además de gestionar el “reto” vinculado al alejamiento tecnológico, factor que igualmente suma al cansancio.
¿De quién es la culpa del cansancio femenino?
Hay muchas responsabilidades. En primer lugar, se trata de un agotamiento sistémico. Necesitamos más políticas que promuevan un estado de bienestar, pues en el ámbito laboral las condiciones tampoco son las adecuadas. Todo ello nos mantiene en un estado de alerta permanente. Leí un artículo de The Guardian sobre la salud mental de las madres y E spaña encabezaba el ranking en niveles de ansiedad. Pero el problema mental que enfrentamos las mujeres, creo, también surge de ciertos patrones internalizados. Nos hemos integrado más tarde al mundo laboral, siempre con este mensaje de “podéis llegar a todo”. Y así, vamos acumulando cargas. A nivel personal, no somos culpables de este agotamiento, pero sí creo que hay pequeñas cosas que podemos aprender a gestionar para no sentirnos tan agotadas. Prestar atención a lo que depende de nosotros.
¿En qué?
Tomarte cinco minutos tranquilos para tomar el café de la mañana, porque lo hacemos todo de forma multitarea. En el balance del día, esos cinco minutos de pausa no son tantos. Esa multitarea tan arraigada en nosotros resulta agotadora… Si no puedes ir al gimnasio, se trata de buscar formas de moverte: dar un paseo más largo, no usar las escaleras mecánicas en el metro… Son gestos muy sencillos, pero que de algún modo te reconnectan y te mantienen activa sin añadirte una carga más. Porque a veces cuidarse puede terminar siendo una presión. Y también se trata de distinguir entre lo urgente y lo importante. Tenemos tendencia a pensar que todo es urgente, pero el otro día escuché a un psicólogo decir que el 80% de las cosas en realidad se pueden posponer.
Sobre el papel suena fácil.
Resulta difícil. El secreto reside en procurar que cada cual halle su propio camino. Mediante acciones mínimas y modificaciones sutiles, tal como acostumbran sugerir los psicólogos. Al proponerse objetivos demasiado ambiciosos, se suele desistir al primer intento. Hemos asimilado profundamente un ritmo de existencia que nos hace sentir como si un león nos persiguiera por la selva.
Tenemos tan internalizado ese rol de cuidadora que la carga mental también te impacta, aunque no seas madre
¿Los hombres también están en este estado civil de cansancio?
Somos una sociedad agotada. Todos navegamos en el mismo barco, pero es cierto que en el caso de las mujeres existen factores específicos que hacen que este cansancio sea más particular. También por cuestiones físicas y hormonales que nos afectan profundamente y provocan un sueño de menor calidad, más interrumpido. Durante la menopausia, aumentan considerablemente los casos de insomnio. Y luego, a nivel psicológico, según los expertos y expertas con quienes he conversado, se observan ciertas diferencias en las mujeres. Tenemos una mayor propensión al overthingink, la autoestima frecuentemente se debilita, y a veces nos resulta difícil perdonarnos a nosotras mismas. Nuestros diálogos internos suelen ser bastante severos. Todo ello, con el tiempo, termina por agotarnos.

Ha contado con especialistas para elaborar la obra ¿Existe algún detalle que le resultara asombroso de dichas charlas?
Ejerzo como periodista especializada en bienestar y trato habitualmente múltiples asuntos de esta índole. No existen los remedios instantáneos, pues todo depende de una combinación de circunstancias. Es algo bastante difícil. Telefonear a una amiga ocasionalmente, procurar una charla con alguna compañera de trabajo… Me aconsejaban, por ejemplo, tratar de seguir una rutina nocturna eficaz para agilizar las primeras horas de la jornada. Tenerlo todo listo para suavizar determinadas determinaciones que tomamos cotidianamente y que tal vez podrían automatizarse, como el hecho de vestirse. Ya sea disponiendo de ropa que te siente bien sin requerir mucho esfuerzo o bien organizando el domingo por la noche un conjunto de vestimentas para la semana, logrando así que esa elección no te reste energía.
Existe la sensación de vivir dentro de una rueda de hámster.
Y es difícil desconectarse. Esta inmediatez que nos imponen las redes sociales y la tecnología nos está haciendo perder algo de paciencia. Y al final, todo se vuelve urgente. Debemos asumir un poco más de responsabilidad, tanto individual como colectiva. Tal vez haya un asunto que pueda resolver con un correo y no con un mensaje de WhatsApp que la otra persona recibe fuera del trabajo y ya le está alterando su desconexión. En cierto grado, podríamos dejar de vivir sumidos en esta hiperaceleración.
Cuesta con la tecnología y las redes sociales.
Resulta ser un círculo vicioso, pues aunque te propongas retirarte a descansar temprano, en muchas ocasiones no logras conciliar el sueño por el ritmo tan agitado de la jornada... El doctor Javier Albares me comentaba: “El día fabrica la noche”. No fuimos diseñados para permanecer periodos tan largos bajo luces artificiales y alejados de la claridad natural. No obstante, es nuestra realidad. El cerebro se mantiene continuamente estimulado y en guardia, por lo que, aun queriendo dormir más, no siempre es posible y se acaba teniendo un descanso mediocre, interrumpido o tardío. Las rutinas que seguimos durante el día no ayudan a conseguir un sueño profundo.
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Además, existe esa tendencia tan comentada actualmente, consistente en postergar el descanso nocturno como una forma de desquite. Debido a que nuestras jornadas están repletas de obligaciones, al acostarte exclamas “venga, mi revancha ahora es mirar el móvil o ver un capítulo de Netflix. He tenido un día tan atareado que ahora este momento es para mí”. En definitiva, terminas retrasando las horas de sueño.
Existe una tendencia a posponer el momento de dormir como forma de venganza
En el libro apuesta por el minimalismo emocional. ¿Qué es exactamente?
Intentar reducir las emociones. Revisar esos pensamientos y creencias limitantes que cargamos. Una psicóloga lo comparaba con: ¿Qué objetos eliminarías de esa sala que no sirven para nada, que no te aportan valor? Es como hacer ese ejercicio de observar todos los pensamientos o elementos que nos rodean diariamente y preguntarse cómo podríamos simplificarlos. Se trata de hacer la vida un poco más ligera. Por ejemplo, aliviando algunas decisiones. Ahora estamos tan desconectados por las redes sociales que vemos imágenes ideales, recetas perfectas, fiestas de cumpleaños infantiles impresionantes. Creo que muchas veces necesitamos bajar ese nivel de exigencia personal. El perfeccionismo también es un enemigo del agotamiento. Debemos empezar a ajustar nuestras expectativas. Hay una frase que me encanta: “Suficiente, está bien”. Aceptarse en un nivel algo intermedio también puede resultar útil.
¿Hacer menos?
Históricamente hemos vinculado la importancia de los individuos a su rendimiento laboral y sus actos, dejando de lado la esencia de disfrutar y percibir la existencia. Por supuesto, hay labores que resultan obligatorias y no deseo proyectar una imagen fantasiosa o impracticable, pues debemos afrontar nuestros pagos. Si bien hay compromisos ineludibles, existen otras demandas que tal vez podríamos evaluar para procurar disminuirlas siempre que resulte viable.
¿Por ejemplo?
Sobre la cuestión de la actividad física, es posible diseñar planes que resulten viables y prácticos para nuestra cotidianidad. Si acudir diariamente al gimnasio no es factible, intenta encontrar otras opciones. Lo mismo sucede con las presiones de imagen personal, por citar un caso. Actualmente se empieza a mencionar cierta simplicidad en el minimalismo cosmético: emplea un par de artículos adecuados para ti con el fin de mantener el hábito sin añadir preocupaciones innecesarias a tu rutina.

El cuidado de la apariencia, en parte por culpa de las redes, le quita horas de descanso…
Es preciso comprender que todo aquello que observamos y leemos, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, constituye meras sugerencias externas que requieren de un análisis individual para discernir qué es aplicable a nuestra vida. Debemos esforzarnos por mantener cierta perspectiva ante los consejos que nos llegan. No obstante, las redes sociales complican esta tarea al albergar tanto un exceso de información como de desinformación. Aunque hay especialistas admirables que realizan una divulgación ética y de gran valor, también conviven con muchos sujetos que aparentan ser expertos sin serlo, difundiendo incluso datos que no se ajustan a la realidad.
En el ámbito del cuidado, las mujeres enfrentan gran presión a medida que envejecen.
Efectivamente. Opto por no emplear el vocablo antiaging. Para mí resulta esencial al redactar sobre temas de estética. Estimo que proyecta una visión desfavorable sobre el transcurrir de los años. El sector de la cosmética y los medios especializados en el tratamiento de la piel, intentamos modificar el discurso para que madurar se perciba como un proceso constructivo, que es lo que realmente es, y no como una batalla que librar. Sin embargo, paralelamente, surgen las redes sociales, la inteligencia artificial y la abundancia de filtros. En definitiva, el avance conseguido en un ámbito se ve contrarrestado por el otro. A través de las plataformas digitales nos llega información, a veces de modo imperceptible, sobre cuestiones que ignoramos pero que terminan influyendo en nosotros. Es necesario evaluar a quiénes seguimos de vez en cuando.
A pesar de la corresponsabilidad, la carga mental es aún de las mujeres. ¿Cómo podemos aligerar esta mochila?
Hay una desigualdad evidente en los datos, especialmente en tareas no remuneradas. Pero creo que también ayudaría dejar de asumir silenciosamente ciertas responsabilidades. Que tú lo hagas sin mencionarlo hace que todo funcione en casa, pero sin que la otra persona note que tú llevas esa carga en silencio, que las cosas avanzan porque tú estás al tanto del correo del colegio, del grupo de WhatsApp de padres... Vale la pena hablarlo y anotarlo. Que ese esfuerzo mental de mantener tantas cosas en la mente todo el día se comparta. Porque al final terminamos siendo las encargadas de que todo funcione. Simplemente cargar con todo es agotador.
En el agotamiento de las mujeres existe igualmente un componente hormonal que todavía permanece algo oculto.
La menopausia es uno de los grandes temas de conversación y considero que disponemos de mayor conocimiento que en otros tiempos, lo que nos permitiría dialogar con mayor franqueza. Asimismo, solemos inclinarnos a ocultar determinados sentimientos por temor a la incomprensión o por la idea de que reflejan fragilidad. Desconozco el motivo exacto de este comportamiento, pero lo cierto es que con frecuencia callamos nuestra incomodidad y nos resulta difícil expresarla. Pienso que, debido a esto, resulta fundamental que se produzcan charlas como la presente. En esta ocasión tratamos el agotamiento, aunque existen muchas otras temáticas. Cuando estos diálogos ocurren en la prensa y en espacios que aporten difusión, terminan logrando que ganemos lucidez y busquemos transformar ciertos aspectos.
¿Qué consejos o formas de actuar para contrarrestar de algún modo este agotamiento constante ha tenido que dejar de lado?
Es muy aconsejable practicar la meditación con el fin de hallar cierta estabilidad afectiva. He probado en diversas ocasiones sin lograr tener éxito. Siento que me tranquiliza bastante más dedicar tiempo a la lectura o poner algo de música que realizar meditaciones. Simplemente no va conmigo.
¿Y cuáles ha instaurado?
Busco distanciarme un poco de las plataformas digitales, pues considero que desperdicio bastantes horas. A veces, el único método que me ha funcionado es apartarme físicamente del teléfono. Ya sea ocultándolo en la vivienda, sin extraerlo del bolso o activando el modo avión. Trato de desvincularme corporalmente para ganar serenidad y emplear esos ratos en otras tareas, incluso más tradicionales. Por ejemplo, leer con mayor frecuencia. También realizo deporte, pero sin que represente una obligación extra. Si alguna jornada me resulta imposible, camino más o simplemente me digo: “Hoy no es viable”. Procuro recordar siempre esa premisa de que el 80% de los asuntos pueden posponerse. Los domingos solían ser días que experimentaba con cierta incomodidad, ya que anticipaba el retorno a las obligaciones y eso me producía inquietud. Actualmente, intento que el cierre de la semana sea pausado, buscando disfrutar de una serie o de la lectura... Si quedan labores domésticas por realizar, prefiero dejarlas para otro instante y que esos últimos momentos del descanso sean más agradables, pues me resultan de gran ayuda.


