Marina Romaguera, jubilada, 80 años: “Tengo una banda vintage de playback y voy cada domingo a bailar, no soy persona de estar en el sofá”
‘Después de los 60’
Hace ya dos décadas que Marina Romaguera espera que llega el domingo para ir a cualquier sala de baile con sus amistades; allí conoció a su actual pareja, tras enviudar, y esa pasión también la animó a apuntarse a una banda vintage junto a otros jubilados, con quienes interpreta canciones en playback
“Cuando pasas de los 80 debes tener mucha fuerza de voluntad, porque muchas veces no me levantaría de la cama, pero debo hacerlo”, sostiene

Marina Romaguera, a sus 80 años.

Esta es la 74a entrega de ‘Después de los 60’, la sección de testimonios sénior donde recogemos experiencias vitales en esta etapa de la vida. Nos puedes hacer llegar tu historia a [email protected].
Marina Romaguera es una mujer activa. Muy activa. A sus 80 años, las actividades se le acumulan: estudia en la escuela de adultos, donde hace fichas de matemáticas o artes plásticas, va al bingo, al gimnasio tres veces por semana, y pasa mucho tiempo fuera de casa, yendo a la peluquería o a buscar a su nieta a la escuela. Pero hay una cosa que Marina elige por encima de todo, algo por lo que bebe los mares y que causa que esta maresmense espere la llegada de los domingos con ganas e ilusión: su habitual cita con el baile.
“El baile es mi pasión, cada domingo vamos a bailar, incluso muchos jueves; es mi perdición”, manifiesta sin filtros. Una pasión que, sin embargo, durante años no pudo practicar por problemas familiares. “Mi marido estuvo quince años enfermo, y con las criaturas, en esa época, fue imposible”, recuerda.
Y es que Marina no tuvo una vida fácil. Al enfermar su marido, tuvo que destinar la mayoría de su tiempo al cuidado de la casa y de sus hijos, aparte de su trabajo cosiendo en una fábrica. “Me permitía estar con mi marido y conciliar, cuando murió pasé unos años muy malos en los que no salía más que para trabajar, y mis amistades me animaron a tirar adelante”. Fue ahí cuando Marina empezó a socializar de nuevo y descubrió el poder del baile, yendo cada domingo a bailar con las amigas.
Gracias al baile también conoció a su actual pareja, con quien se encontraba en las salas de baile. Empezaron tejiendo una amistad, hasta que al cabo del tiempo ese vínculo se convirtió en algo más, y ahora ya llevan unos 16 años de relación. Sin embargo, no viven juntos, porque para Marina suponía un paso que no estaba dispuesta a hacer. “He pasado tanto que no tenía claro si podría volver a convivir con otra persona, para mí era demasiado fuerte; lo quise de esta manera, y a él, que también es una persona muy activa, le pareció bien; y lo llevamos la mar de bien”, explica. “Cada uno tiene sus actividades, nos llamamos cada día por teléfono y los fines de semana estamos juntos; no necesito nada más”.
No soy una persona de estar sentada en el sofá o haciendo media, como puede hacer otra gente; yo cojo la calle y el desánimo se me quita
Quizás por todo lo vivido, bailar para ella evoca a la libertad y a la conexión consigo misma, algo que la hace sentir viva. “Es parte de mi vida, estoy esperando cada domingo para ir a bailar; nos arreglamos, nos encontramos con la cuadrilla de cada semana y nos lo pasamos muy bien”. Además, una de las aficiones que ocupa sus días es la pertenencia a una banda vintage, una actividad muy vinculada al baile. Se trata de un grupo de una quincena de jubilados con los que interpretan diferentes canciones en modo playback, pudiendo así desarrollar sus capacidades artísticas.
Ella hace ocho años que se apuntó y, de hecho, fue una de las fundadoras del grupo junto a dos o tres compañeras más. Desde entonces, se reúnen una vez por semana para ensayar, dirigidos por una directora que elige los temas que van a interpretar. Y también hacen bolos. “Hacemos ver que cantamos y diseñamos una puesta en escena acorde a la música; ella nos enseña lo que debemos hacer y nos divertimos mucho”, explica Marina, que se jubiló alrededor de la sesentena.

Historias séniors
‘Después de los 60’
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Actualmente, a los 80, Marina esgrime que a su reloj le faltan horas, pero lo dice como una bendición más que como una condena. Para ella, tener tantas cosas que hacer es un empuje para salir a la calle, cambiarse y afrontar un nuevo día. “No soy una persona de estar sentada en el sofá o haciendo media, como puede hacer otra gente; yo cojo la calle y el desánimo se me quita, si estoy baja de moral, me voy a andar y cuando vuelvo a casa soy otra persona”, cuenta.
Donde también pasa mucho tiempo esta catalana es en la escuela, donde va desde que se jubiló, hace ya 20 años. Al retirarse de la vida laboral, enseguida se animó a apuntarse, y desde entonces ha sumado un montón de cursos y actividades. Tantas que ella misma bromea diciendo que “ya podría ser profesora”; actualmente va tres días a la semana, y allí se encuentra con otras compañeras con las que comparte el rato.
Pese a su actitud positiva y todoterreno, Marina confiesa que al cumplir los 80 sufrió una recaída de ánimo. “Mi familia me hizo una superfiesta y tuve una recaída moral, al cambiar de número me sentía en otra etapa”, argumenta. Dice que a veces le cuesta, porque a sus espaldas ya lleva muchos años y vivencias acumuladas, pero acto seguido también reconoce que se siente bien. Y que no va a parar. “Cuando pasas de los 80 debes tener mucha fuerza de voluntad, porque muchas veces no me levantaría de la cama, pero debo hacerlo; siempre les digo a mis hijas que tengan siempre la capacidad de hacerlo, hacerlo y hacerlo”.


