Longevity

La fase posmenopáusica es una realidad y se dispone de fármacos y costumbres para sobrellevarla con una salud superior: “Se puede recuperar el confort, la funcionalidad y la calidad de vida”

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 Muchas mujeres han lidiado con las incomodidades de la menopausia y la postmenopausia por periodos extensos, no obstante… ¿hasta qué etapa vital se puede recurrir a terapias y entrenamientos que les permitan alcanzar una mayor plenitud?

Muchas mujeres han normalizado el malestar de la menopausia y postmenopausia, pero hay hábitos, tratamientos y ejercicios que pueden ayudar mucho también hasta edades muy avanzadas. 

Muchas mujeres han aceptado como habituales los malestares de la menopausia y postmenopausia; sin embargo, existen hábitos, tratamientos y ejercicios que son muy beneficiosos incluso en edades sumamente avanzadas. 

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“De la menopausia solo recuerdo haber tenido sofocos y que me costaba dormir”, comenta Antonia (nombre ficticio para proteger su privacidad), a la edad de 70 años. Han transcurrido trece años desde que acudió por última vez al consultorio de su ginecólogo. “La última vez que fui, me dijo que ahora todo iba a peor”, relata. No recibió información empática sobre esta fase de la vida femenina, ni acerca de las variaciones que podría experimentar, ni sobre la posmenopausia, que abarca el periodo tras la interrupción definitiva de la menstruación. Tampoco le indicaron qué alternativas existían para mitigar esos y otros malestares como el agotamiento, el incremento de peso, la falta de ánimo o la ralentización del metabolismo. “Mujer, es lo que te toca”, dictaminó su facultativo. Y ella dio por hecho que debía ser de esa manera.

Antonia representa a ese gran número de féminas cuya atención médica ha sido relegada a un segundo plano y que llevan años asumiendo sus dolencias como algo normal. Han cruzado la etapa de la menopausia de manera inadvertida y ahora, previo a alcanzar la ancianidad, buscan descubrir cómo pueden mejorar su calidad de vida. 

En mi anterior consulta con el ginecólogo, hace 13 años, me indicó que a partir de entonces todo tendería a empeorar.

Antonia

70 años

“En la consulta veo que sigue existiendo una gran desinformación sobre lo que ocurre en el cuerpo de las mujeres después de la menopausia, especialmente en pacientes de 60 o 70 años”, señala Stéphanie Kauffmann, especialista en fisioterapia uroginecológica, quien codirige RAPbarcelona y ejerce como profesora e investigadora en la Universitat Internacional de Catalunya. Especialista en el área perineal, sostiene que bastantes pacientes acuden con desánimo: “piensan que los cambios que han experimentado son los “normales de la edad” y, en consecuencia, ineludibles y carentes de remedio.

¿Y qué ocurre una vez pasada la menopausia?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la menopausia de tipo natural o fisiológico como la interrupción definitiva del ciclo menstrual, establecida tras un periodo de 12 meses seguidos sin sangrado, que no se deba a factores patológicos. Las manifestaciones sintomáticas pueden iniciarse previamente (perimenopausia) y persistir con posterioridad (posmenopausia).

Por suerte, en la actualidad se debate mucho más al respecto; sin embargo, se ignora bastante lo que sucede tiempo después en el bienestar de las mujeres, quienes permanecerán en la posmenopausia durante unos 30 o 40 años adicionales. Es una equivocación suponer que, cumplida cierta edad, se puede prescindir de las visitas al ginecólogo. Resulta fundamental mantener un control para identificar qué alteraciones son biológicas y cuáles no deberían aceptarse como habituales, y, fundamentalmente, descubrir qué alternativas con respaldo científico poseen las mujeres de edad avanzada para potenciar su salud. “El objetivo no es volver a los 30, sino recuperar la funcionalidad, control, confort y calidad de vida”, señala la fisioterapeuta.

La meta no consiste en regresar a los 30, sino en recobrar la capacidad funcional, el dominio, la comodidad y el bienestar general.

Stéphanie Kauffmann

Fisioterapeuta uro ginecológica especialista en suelo pélvico

Al consultorio de la doctora Marimer Pérez, especialista en ginecología y obstetricia y responsable de WoMer, en Barcelona, acuden pacientes de diversos orígenes y etapas vitales, incluyendo a personas de edad avanzada. “Ahora son las hijas o nietas quienes las traen y acompañan, las animan a preguntar y a prestar atención a su bienestar”. La profesional señala que es fundamental subrayar la capacidad de superación de dichas pacientes, quienes carecieron de orientación alguna en su momento: “Ahora tienen que sentir que no están olvidadas”.

¿Terapia hormonal después de los 60?

La doctora Pérez acumula años de labor informativa sobre este ciclo y, primordialmente, acerca del tratamiento hormonal de la menopausia (THM) una “herramienta médica, que sirve para el manejo de los síntomas de la menopausia”. Integrada por hormonas bioidénticas (estradiol y progesterona natural micronizada), en las cantidades mínimas efectivas, se aconseja para mitigar los sofocos, el insomnio, la sequedad de la piel y de las mucosas, incluyendo la vaginal, y para la prevención de la osteoporosis,

Se aconseja la THM para mujeres con síntomas antes de que pasen 10 años desde su periodo final (lo que se denomina “ventana de oportunidad”), siempre que no existan impedimentos médicos (como haber sufrido trombosis, infartos o ictus, patologías hepáticas severas, un tumor de mama dependiente de hormonas o estar bajo terapia oncológica). 

¿Con 58 años? Sería posible utilizar el tratamiento hormonal, aunque con algunas consideraciones.

Matilde Gómez

Ginecóloga, experta en menopausia y salud femenina

¿Es posible entonces que una mujer de 58 años, que tuvo su menstruación final a los 50 y aún presenta molestias, comience el tratamiento? “Aunque ya se acercaría a la edad límite para su prescripción, estaría dentro de la ventana de oportunidad, por lo que podría aplicarse la THM, pero con algunos matices: que un especialista, como el cardiólogo, por ejemplo, haga antes un seguimiento exhaustivo de su salud cardiovascular y metabólica, y se valore el riesgo beneficio de la terapia”, contesta la doctora Matilde Gómez, ginecóloga, especialista en salud de la mujer y menopausia, y autora de Mujeres sin reglas (Editorial Zenith, 2024). Asimismo, una paciente de sesenta años sin impedimentos médicos podría calificar si su climaterio se inició tarde, lo cual habría movido su ventana de oportunidad temporal unos cuantos años.

Anteriormente, la THM se administraba por un lapso de 5 años, no obstante “hoy se puede prolongar, y hay mujeres de 70 años que empezaron a tomarla con 50, y que, si se sienten bien, pueden seguir tomándola, siempre y cuando se hagan sus revisiones y analíticas correspondientes y todo esté bien”, asegura la ginecóloga.

El tratamiento hormonal se encuentra disponible en diversas modalidades: pastillas, pomadas, parches, atomizadores y supositorios vaginales. Los estrógenos de acción local (en óvulos) son seguros, no presentan contraindicaciones y pueden utilizarse durante todo el periodo posmenopáusico en cualquier mujer, si resulta conveniente. Se sugieren para aliviar una de las afecciones de la menopausia que se prolonga hasta la vejez: el síndrome genitourinario. “La disminución de estrógenos provoca pérdida de elasticidad, menor vascularización, menor hidratación y mayor fragilidad de los tejidos de la vulva, vagina, uretra y conducto anal”, señala la fisioterapeuta. Esto deriva en una necesidad urgente de orinar, mayor frecuencia miccional, infecciones, escapes, falta de lubricación vaginal y molestias en el acto sexual.

Junto a los óvulos de estrógeno indicados por el doctor, se sugieren cremas humectantes (de preferencia con ácido hialurónico) y masajes ligeros en la región. “Al igual que entendemos que la piel de la cara necesita hidratación diaria (como un skincare), la vulva y la vagina también”, avisa Gómez, mientras la fisioterapeuta menciona que puede apoyarse con un vibrador sutil “no solo con un objetivo sexual, sino como herramienta para mejorar la vascularización y la sensibilidad de los tejidos vaginales”

Ejercitar la musculatura pélvica en cualquier etapa de la vida.

“Los cambios hormonales, los partos, cirugías, pérdida de masa muscular o hábitos mantenidos durante décadas, suelen afectar al suelo pélvico”, indica Kauffmann. Dicha área constituye un entramado de fibras musculares, ligamentos y tejidos que sella la base pélvica y brinda soporte a órganos tales como el útero y la vejiga. “Cuando falla, la presión del abdomen se transmite a la vejiga, produciendo escapes de orina al reír o toser, por lo que una consecuencia es la incontinencia urinaria”.

Una consecuencia adicional incluye los prolapsos (caída de un órgano por la fragilidad de los tejidos de soporte), las molestias en el coito, los cuadros infecciosos recurrentes, el estreñimiento, entre otros. “Muchas mujeres limitan su actividad diaria, dejan el ejercicio, reducen su vida social o planifican sus salidas en función de la proximidad de un baño”. La especialista aclara que es posible ejercitarlo y que una práctica fundamental es la de Kegel. “Consiste en contraer los músculos del suelo pélvico, como si quisiéramos cerrar y elevar la zona interna, y después relajarlos completamente, en series de entre 8 y 12 repeticiones, alternando contracción y relajación, siempre sin dolor y sin contener la respiración”. Del mismo modo señala que, ante la presencia de dolor, tirantez o rigidez, en lugar de realizar contracciones, resulta necesario distender el suelo pélvico: “parar, respirar profundo, soltar conscientemente la musculatura y permitir que el periné descienda”.

La fisioterapia cuenta asimismo con procedimientos efectivos tales como el biofeedback, la electroestimulación o la radiofrecuencia.

La importancia de los hábitos

Diversas especialistas concuerdan que, una vez cumplidos los 60 años, aquello que permanece bajo el control de las mujeres posmenopáusicas consiste, principalmente, en las conductas sanas, las cuales pueden implementarse en cualquier etapa vital. “Cuanto antes, mejor, pero, si no se ha hecho antes, nunca es tarde para empezar”, aseguran.

Debido a las variaciones en las hormonas, resulta común acumular tejido adiposo en el abdomen y ver reducida la silueta, lo cual motiva habitualmente a las mujeres a seguir regímenes alimenticios severos. No obstante, resulta preferible disminuir de forma gradual el aporte calórico manteniendo siempre una alimentación balanceada: ante el descenso de los estrógenos, el organismo necesita contar con una nutrición óptima. 

Las expertas coinciden en que, a partir de los 60 años, lo que sigue estando en manos de las mujeres en posmenopausia son, sobre todo, los hábitos saludables, 
Las expertas coinciden en que, después de alcanzar los 60 años, aquello que aún está bajo el control de las mujeres posmenopáusicas consiste, fundamentalmente, en los hábitos de vida sanos, Getty Images

La experta en nutrición Carla Plana explica en el volumen ¡Hola, Menopausia! (Urano, 2025), de Carlota Máñez, que, tras el comienzo de la menopausia (y de forma permanente) “es fundamental aumentar el aporte de proteína para conservar la masa muscular y mantener la estabilidad metabólica. Para saber cuánta tomar, se calculan 1,2 a 1,5 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, si no se tiene ningún problema de salud asociado al riñón”. Dedica un interés especial a los productos con calcio, el magnesio, fitoestrógenos, fibra y una hidratación constante.

Sin estigmatizar otros, en esta fase es aconsejable prescindir por completo del azúcar, el tabaco y el alcohol. Asimismo, resulta fundamental reducir los hidratos de carbono: “Si previamente se consumía pan en abundancia, por ejemplo, se puede sustituir por pan integral, legumbres, fruta, etc.

Ejercicio funcional

Realizar entrenamientos de resistencia tras la menopausia resulta fundamental, independientemente de los años que se tengan. Es vital para proteger el sistema cardiovascular, dado que las probabilidades de padecer problemas crecen con el tiempo. Asimismo, el sistema óseo y las articulaciones sufren un deterioro progresivo. “Sin estrógenos, se va perdiendo hueso, lo que puede causar osteoporosis, muy prevalente en menopausia. Las mujeres la sufren cuatro veces más que los hombres y, en España, 1 de 2 mujeres tendrán osteoporosis cuando cumplan 70”, comenta la doctora Pérez. 

A lo largo de nuestra existencia, los estrógenos regulan el balance entre la formación y el desgaste óseo. Al llegar la menopausia, la producción de tejido óseo decae, mientras que su deterioro continúa progresando incluso tras esta etapa, debilitando la estructura del hueso hasta el punto de que un tropiezo menor resulte fatal. El entrenamiento de fuerza estimula la creación de masa ósea reciente. Asimismo, fortalece las defensas, optimiza el metabolismo, incrementa la sensibilidad a la insulina y evita la sarcopenia (disminución del músculo). Resulta fundamental mantenerse activa y conservar la funcionalidad para acciones como erguirse de un asiento, destapar un frasco de legumbres o cargar equipaje: la actividad física de fuerza es ajustable a las capacidades y al bienestar de cualquier mujer.

El bonus track de los pequeños gestos diarios

Finalmente, Beatriz Crespo, especialista en salud preventiva e individualizada, doctora en Medicina y en Ciencias del Deporte, y creadora de Microhábitos saludables (editorial Penguin Random House, 2025), pone el foco en las acciones mínimas y sencillas que aquellas mujeres que ya superaron el climaterio pueden realizar cotidianamente para potenciar su bienestar. “La prioridad es preservar y mejorar la fuerza muscular, sentirse mentalmente activa, aumentar la conexión social positiva y seguir viviendo nuestra sensualidad de una forma positiva y activa, independientemente de la edad que tengamos”, afirma. Solo requieren dos minutos y es posible ejecutarlas en cualquier sitio.

 La especialista propone, por citar un caso, emplear vestimentas de colores, debido a que promueve una visión física optimista, la valoración personal y la vitalidad emocional, afianzando la identidad y el estado de bienestar; extenderse crema en el cuerpo con un sentido sensual, puesto que robustece la unión con la propia anatomía, estimula el sentido del tacto y la evocación sensorial, incrementa la oxitocina y conserva la sensualidad latente sin importar los años. Otro hábito breve es desplazarse sin zapatos de 3 a 5 minutos, pues favorece el desarrollo muscular del pie y la coordinación. Ejecutar 30 sentadillas es una tarea simple si se invierten unos pocos minutos sentándose y levantándose de una silla, lo que asegura la vitalidad y la autosuficiencia, perfecciona el equilibrio, la calidad de los huesos y aminora la posibilidad de sufrir accidentes. 

El objetivo principal consiste en mantener y potenciar el vigor muscular, percibirse con agilidad intelectual e incrementar los vínculos sociales favorables.

Beatriz Crespo 

Doctora en Medicina y en Ciencias del Deporte 

Para finalizar, andar mientras se habla por teléfono une la actividad física ligera con la interacción social, lo cual favorece el bienestar cardiovascular, el humor y el rendimiento cognitivo. “Cuidarse en esta etapa no va de exigirse más, sino de elegir pequeños gestos que recuerdan cada día que el cuerpo sigue siendo un lugar habitable, sensible y fuerte, a cualquier edad, porque la salud femenina también se cultiva en lo pequeño y eso lo cambia todo”, finaliza. 

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