“Con 62 años fui a hacerme unas gafas y me mandaron a urgencias”: la enfermedad silenciosa que roba más visión a partir de los 50
Salud Ocular
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es la principal causa de pérdida de visión en el mundo entre las personas mayores de 50 años, seguida del glaucoma y la retinopatía diabética
Uno de los primeros síntomas que se manifiestan en esta enfermedad y que no deben pasarse por alto son las metamorfopsias, cuando las líneas rectas se perciben onduladas

María Rosa Solozabal, en una revisión de la vista con el doctor Miguel Ángel Zapata.

“Con 62 años fui a hacerme unas gafas para ver de cerca a la óptica de una amiga. Me hizo unas pruebas y me dijo que bajara a urgencias porque había algo que no le cuadraba”. A sus 74 años, María Rosa Solozabal recuerda el día en que le diagnosticaron Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), una enfermedad ocular crónica que provoca una pérdida progresiva de la visión central como consecuencia del daño en la mácula, la parte de la retina responsable de que la visión sea nítida y detallada.
Las principales causas son la edad, el tabaquismo y la genética, aunque en la familia de María Rosa no había antecedentes y, curiosamente, tiene una hermana gemela que conserva una visión impecable. Sin embargo, no se podría decir que padecer DMAE sea un golpe de mala suerte, pues se trata de la principal causa de pérdida de visión en el mundo entre las personas mayores de 50 años, seguida del glaucoma y la retinopatía diabética.
Aunque no supone un riesgo para la vida de quienes la padecen, esta enfermedad dificulta seriamente la realización de tareas cotidianas como leer, reconocer caras, conducir o ver pequeños detalles, además de propiciar situaciones de dependencia y aislamiento social.
Solozabal la describe como “una niebla” delante de sus ojos: “Es como si de repente todo se difuminara. Hay temporadas en las que estoy mejor y otras en las que todo se vuelve borroso”, explica a este diario mientras acude a uno de sus revisiones rutinarias en el Hospital Vall d’Hebron, en Barcelona.
Veo como una niebla delante de mis ojos. Hay temporadas en las que estoy mejor y en otras todo se vuelve borroso
Hoy recibirá una inyección intravítrea en su ojo derecho. Es uno de los tratamientos más eficaces para frenar la progresión de la enfermedad que no tiene cura, especialmente en los casos en los que avanza con mayor rapidez. Aunque el procedimiento dura solo unos minutos y se aplica con anestesia local, suele causar cierta molestia. Por ello, aunque María Rosa observa con tranquilidad la fina aguja que introducirá el fármaco directamente en su ojo, ha pedido a su hija que esta tarde se quede cuidando de sus nietos. “Duele un poco, pero es lo que hay”.

En la sala de espera, otros pacientes aguardan para recibir el mismo tratamiento. El aumento de la esperanza de vida, junto con una mayor concienciación de la población y una detección más precoz, ha incrementado el número de casos. “En cuatro años hemos pasado de 5.000 a 10.000 inyecciones intravítreas al año en el hospital. Antes no tratábamos a pacientes tan mayores y ahora tenemos un porcentaje muy alto de personas por encima de los 85 o 90 años”, señala Miguel Ángel Zapata, jefe del Servicio de Oftalmología del Hospital Vall d’Hebron y el médico que ha tratado a María Rosa durante todos estos años.
Hasta hace poco, las intervenciones se realizaban en el edificio principal del centro médico, pero desde hace algo más de un mes se llevan a cabo en las nuevas consultas de oftalmología en el Parc Sanitari Pere Virgili, inauguradas como respuesta al aumento de pacientes con esta patología. “Las nuevas instalaciones nos permiten realizar la inyección intravítrea el mismo día del diagnóstico y la prescripción. El paciente se va a casa con el tratamiento hecho”, celebra el doctor, aunque advierte de que en muchos casos el diagnóstico se produce cuando el daño visual ya está avanzado. “Seguimos llegando tarde al primer ojo”, lamenta, en una enfermedad en que la detección precoz es primordial para tratarla.
Seguimos llegando tarde al primer ojo. Los mayores de 50 deberían hacerse una revisión oftalmológica anual
En el caso de María Rosa, el primer ojo afectado, el izquierdo, no se diagnosticó con la suficiente rapidez y es el que ha perdido más visión. Con el paso del tiempo, la DMAE ha comenzado a afectar el otro ojo, que hoy recibe tratamiento. Para evitar casos como el suyo, Zapata recomienda a las personas mayores de 50 años acudir a una revisión oftalmológica anual.

Uno de los primeros síntomas que se manifiestan en esta enfermedad y que no deben pasarse por alto son las metamorfopsias, cuando las líneas rectas se perciben onduladas. Para detectarlas, los profesionales utilizan la rejilla de Amsler, una cuadrícula de líneas rectas con un punto central. Cuando el paciente percibe distorsiones en la cuadrícula, indica la existencia de alteraciones en la mácula de la retina.
Cuando me ducho por la mañana, a veces cierro los ojos y pienso: a ver qué pasaría. Y salgo rápido, porque no quiero pensar en ello
Dichas alteraciones también pueden detectarse en casa, simplemente observando el marco de una puerta o las baldosas de una pared y comprobando si las líneas se ven rectas. “Lo más importante es que la gente haga la prueba tapándose primero un ojo y luego el otro, porque muchas veces el cerebro compensa la visión”, matiza el doctor.

Desde su diagnóstico, hace 11 años, María Rosa ha recibido más de 30 inyecciones intravítreas. Al principio eran mensuales y, con el tiempo y la ralentización de la enfermedad, se fueron espaciando. Todas ellas le han permitido continuar con su vida con relativa normalidad. “Hago de todo, porque todavía trabajo. Soy una jubilada activa y tengo cinco nietos a los que cuido mucho”, relata con orgullo.

También reconoce que hay actividades que ya no disfruta como antes. “Cuando tengo que coser un botón, me limita un poco. No soy muy de móvil, pero les digo a mis hijos que me pongan las letras más grandes. Con gafas de cerca puedo leer, pero ya no lo hago mucho porque me cansa y tengo que forzar demasiado la vista. En breve me tocará renovar el carnet de conducir. Seré legal y les diré que ya no puedo hacerlo”, explica, agradecida por conservar gran parte de su visión, aunque con el temor de poder perderla algún día. “Cuando me ducho por la mañana, a veces cierro los ojos y pienso: a ver qué pasaría. Y salgo rápido, porque no quiero pensar en ello. Hay ratos en los que lloraría, porque la vista es muy delicada”, reflexiona.
En cuatro años hemos pasado de 5.000 a 10.000 inyecciones intravítreas en el hospital
Ante el aumento de diagnósticos, el jefe del Servicio de Oftalmología del Vall d’Hebron advierte de que, a día de hoy, no se están destinando todos los recursos necesarios para hacer frente al incremento de la patología de la retina y de las enfermedades oftalmológicas en la tercera edad.
Aunque en España la Atención Primaria ofrece desde hace años programas de cribado para la retinopatía diabética con el objetivo de detectarla de forma precoz en la población con diabetes, no existen cribados sistemáticos para otras patologías oftalmológicas. Por ello, el especialista considera que lo ideal sería implantar también cribados para la degeneración macular o el glaucoma. “Creo que cada vez nuestros representantes son más conscientes de esta situación, pero esperamos que en el futuro los recursos se pongan realmente al alcance para poder dar respuesta a estos pacientes, porque es verdaderamente necesario”, señala.



