Longevity

El dilema de los jubilados entre disfrutar del patrimonio o ahorrar: “No queremos tocar el piso para que lo hereden nuestros hijos, y solo hemos viajado un fin de semana”

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La decisión de gastar, ahorrar o donar a los hijos al llegar a la jubilación es mucho más emocional que racional, según los especialistas, en un momento en que a la inseguridad por el propio envejecimiento se unen incertidumbres globales y mensajes negativos sobre el estado de las pensiones

Gastar o ahorrar, un debate interno durante la jubilación, cuando los ingresos descienden.

Gastar o ahorrar, un debate interno durante la jubilación, cuando los ingresos descienden.

Istock

“Al principio de tu vida piensas en la jubilación como ese momento en el que vas a estar tranquilo, vas a disfrutar y hacer muchas cosas; en mi caso, planeaba lo que haría con mi mujer, así que ahorras y pospones cosas que te apetecen”, asegura Luis M. G. En su caso, se jubiló cuando le tocaba, es decir, a los 65 años recién cumplidos. Ahora tiene 72 y cuenta que todas esas cosas que se había imaginado pegaron un giro radical cuando se acercó el día de dejar definitivamente de trabajar.

“Siempre quisimos ir a Egipto porque, cuando nos casamos, era nuestro sueño; yo tenía 27 años y mi mujer, Marta, 24. Y, claro, en ese momento era imposible, estábamos empezando a trabajar y tampoco nos sobró dinero de la boda para pagárnoslo”, relata este informático, que trabajó 40 años como funcionario en Madrid. Como alternativa, se fueron a Galicia, donde pasaron una semana estupenda pensando en las pirámides, e incluso leyeron alguna guía que tenían. Por eso, la jubilación parecía el momento perfecto para hacer realidad ese sueño, pero, como dice este jubilado, el escenario cambió.

Luis y Marta tienen tres hijos y dos nietos, algo que hizo que se replantearan su proyecto tras retirarse, pese a llevar los últimos años pensando en Egipto y todo lo que querían hacer. Y es que la situación económica de su familia al completo es algo que han tenido en cuenta a la hora de decidir. “Al final, teníamos tan mala conciencia cuando pensábamos en irnos a un buen viaje los dos que hemos acabado por hacerlo solo si vienen mis hijos y mis nietos; todos están bien, pero no pueden ahorrar nada y no les sobra para ir gastando, hacer algo todos juntos cuesta un dineral y lo ponemos nosotros”, relata.

El caso de Luis muestra como, a la hora de jubilarse, muchas personas viven un complicado debate interno entre gastar el dinero ahorrado (o de la pensión) o seguir ahorrando para sus hijos o familiares cercanos, a lo que se unen las incertidumbres propias del envejecimiento, como las relacionadas con la salud y la dependencia. A ese miedo por el futuro incierto y la inseguridad de no saber hasta cuándo les durará su dinero se añaden la subida de los precios y la incertidumbre global, política y financiera. Y todo ello ha creado un caldo de cultivo que ha hecho crecer la negatividad respecto al futuro.

Pensaba que disfrutaría en la jubilación, así que ahorras y pospones cosas que te apetecen

Luis M. G.

72 años

Así las cosas, tanto los especialistas en psicología como en economía y gestión patrimonial plantean un escenario mucho menos pesimista del que mucha gente cree, tanto para los jubilados actuales como para los de las próximas generaciones. “Hay gente que, cuando llega la jubilación, no logra transitarla”, explica el psicólogo clínico Arun Mansukhani, también autor del libro Condenados a entendernos (Ediciones B). “Si supiéramos seguro lo que vamos a vivir y lo que nos va a costar la vida, nos organizaríamos, pero es imposible; por otro lado, si viviéramos en una sociedad en la que el encarecimiento de la vida fuera inferior, habría menos incertidumbre en el momento de la jubilación”, prosigue.

Según Mansukhani, la crisis de la vivienda también ha favorecido esta angustia hacia lo que está por llegar. “Como lo que más se ha encarecido es la vivienda, pensar en donarla a los hijos genera un nivel de estrés altísimo en los mayores, ya que la función fundamental del dinero en esta franja de edad ha sido crear patrimonio; eso les da más tranquilidad”, explica. Y prosigue: “De hecho, teniendo esa seguridad, pueden gastar el resto que tengan, aunque para eso deben saber planificarse bien”.

Algunas personas deciden aprovechar la jubilación para aprovechar el tiempo. 
Algunas personas deciden aprovechar la jubilación para aprovechar el tiempo. Unai Huizi

En ese sentido, Mansukhani pone sobre la mesa la falta educación financiera que hay en España, acentuada en la generación que ahora supera la sesentena. A este factor se suma otro de índole psicológico: “Cuanto más echemos la vista atrás en el tiempo, más nos vamos a encontrar en España con generaciones educadas en la austeridad, los que crecieron en la época de la posguerra están acostumbradas a guardar porque nunca se sabe lo que va a ocurrir”, dice este psicólogo. “Incluso mucha gente criada por padres que vivieron la posguerra tiene todavía esta idea metida en su ADN, han estado toda la vida trabajando y posponiendo la gratificación para un momento futuro”.

Sin embargo, el caso de Camilo M. H. Es muy diferente. Con 79 años y viudo, es un disfrutón convencido. Este ingeniero de caminos jubilado tiene claro que lo que quiere es gastar lo que tiene en lo que le apetece, mientras pueda. “Les he dado a mis cuatro hijos la mejor educación que he podido, y tanto mi padre como yo y mis hermanos hemos trabajado para tener y mantener un patrimonio y vivir con holgura económica. ¿Por qué mis hijos no tendrían que hacer lo mismo?”, argumenta, sin ápice de mala conciencia. “Ya heredarán varias casas, que ya me parece suficiente, y lo demás lo gestiono para hacer lo que me apetece”.

Mis hijos ya heredarán varias casas, que ya me parece suficiente, y lo demás lo gestiono para hacer lo que me apetece

Camilo M. H.

79 años

La Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España describe en cifras la situación patrimonial. Según datos de 2022, el valor del patrimonio medio en los hogares españoles es mayor cuanto más edad tiene el cabeza de familia. Así, las personas de 74 años tienen un patrimonio medio por valor de 454.700 euros, mientras que el de los que tienen entre 45 y 54 años es de algo más de la mitad, 257.300 euros. En cuanto a los menores de 35 años, su patrimonio neto medio es de 77.600 euros, influyendo en ello tanto los bienes adquiridos como sus ingresos.

La realidad es que se dan multitud de situaciones distintas a la hora de tomar esta decisión. Además, la percepción del riesgo en la jubilación que se tiene en España ha cambiado mucho en los últimos años. “Depende mucho de tus circunstancias, particularmente las familiares; los actuales jubilados, o los que se acercan a ella, forman parte de unas generaciones que han podido acumular mucho más patrimonio que las generaciones posteriores o los jóvenes actuales”, resalta Laura de Pablos Escobar, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense. Y reflexiona: “Ahora hay mayor percepción de riesgo, desde los precios de inmuebles a los salarios; muchas personas ganan menos ahora de lo que ganaban a finales de los ochenta”.

De este modo, la tendencia en las generaciones que tienen ahora la edad de jubilación ha sido “la acumulación de capital, básicamente”, señala esta economista, y matiza que los que actualmente están en mejor situación son los que han acumulado años laborales durante décadas. “Ahora ya no ocurre lo mismo, de hecho, hay pensiones más altas que muchos sueldos actuales”, argumenta. Y eso no significa que las primeras sean altas, sino que los salarios son demasiado bajos para el nivel de vida actual.

Pero, aparte de esto, según el psicólogo clínico Mansukhani, la mayor dificultad en el momento de la jubilación es cambiar el hábito mental de una persona durante décadas. “Ese clic tras la jubilación es muy difícil, porque llevas 30 o 40 años haciendo las cosas de una manera y no sabes cómo cambiarlo; su idea era no gastar esperando al día de mañana, pero ese día nunca llega y algunas personas mueren sin descendencia y dejando un dineral. Es lo que llamamos la paradoja del ahorrador, personas que vivieron de una manera austera pese a tener recursos”.

Ese clic tras la jubilación es muy difícil, porque llevas décadas haciendo las cosas de una manera; su idea era no gastar esperando al día de mañana, pero ven que ese día nunca llega

Arun Mansukhani

Psicólogo clínico

En ese sentido, se trata de personas acumuladoras, y acumular puede generar un formato adictivo, como dice el psicólogo. Y según el especialista, esa costumbre conlleva no saber hacer un cambio de rol hacia la figura del disfrutón. “Es más, si lo haces, ocurre a menudo que en realidad no lo disfrutas, porque sientes mucha culpa por gastar, y el disfrute desaparece; es gente que siente más satisfacción ahorrando que gastando, porque les resta miedo, ansiedad e incertidumbre”, cuenta.

Además, son generaciones que no tienen “educación para el ocio”. “Ocurre en especial en España, precisamente por la austeridad aprendida tras la posguerra; cuando el consumismo empezó a florecer en los años ochenta, no les hizo cambiar, les pilló tarde para modificar sus costumbres ya asentadas”, concreta Mansukhani.

La generación que ahora se jubila creció en la austeridad. 
La generación que ahora se jubila creció en la austeridad. Getty Images

Según el psicólogo, actualmente vivimos en una época donde se ha instalado el pesimismo sobre el futuro, pese a no tener datos reales que certifiquen lo que pasará. “Vivimos con esa especie de angustia, de convicción absoluta, de que la siguiente generación va a ser la primera que viva peor que sus padres; esta es una frase que se repite desde hace tiempo a pesar de que, en realidad, no hay certezas absolutas”.

Además, cuando las personas mayores se enfrentan a decisiones importantes sobre la gestión de su patrimonio, la mayoría toma este tipo de decisiones de forma emocional y no racional, explican los psicólogos, algo mucho menos controlable. Y de ahí que todos los expertos recomienden poner los pies en la tierra antes de tomar decisiones, por ejemplo, consultando con algún asesor financiero e incluso buscando un apoyo psicológico.

“En España cambió todo a finales de los años ochenta de una manera tremenda, hasta entonces existía una mayor seguridad y una certidumbre respecto a tu sueldo”, resalta la catedrática de Economía Aplicada, Laura de Pablos. “Sin embargo, ahora hay incertidumbre laboral, económica, social y política, y vivimos en un mundo global en el que lo que pase al otro lado del mundo puede afectarnos directamente”.

Así, en este contexto se dan dos perfiles prototípicos: el del mayor que ahorra por ahorrar, sin tener ninguna necesidad, y el del que ahorra porque lo necesita. Según la economista, estos segundos suelen ser personas sin dos pensiones en casa, posiblemente sin una casa en propiedad o con hijos dependientes de ellos. Sin embargo, De Pablos alerta que “ahorrar por ahorrar, exclusivamente, no es rentable económicamente, a no ser que seas un buen inversor y, con ello, te cubras las espaldas”. Y al revés, afirma que para los mayores que cuentan con el ingreso de dos pensiones y un patrimonio medio no hay actualmente ningún riesgo real.

Ahorrar por ahorrar, exclusivamente, no es rentable económicamente, a no ser que seas un buen inversor y te cubras las espaldas

Laura de Pablos Escobar

Catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense

Por su parte, Mansukhani formula una interesante propuesta: “Habría que crear algún tipo de estructura para ofrecer a los mayores educación para el ocio, así como psicológica y financiera, ya sea en grupos o con atención individual para las personas en una situación más complicada”.

De momento, Luis y Marta se han conformado con abonarse a los conciertos del Auditorio Nacional de Madrid y apenas gastan en viajes. “En los siete años que llevo jubilado, solo hemos ido a Roma un fin de semana, y no me quejo; no queremos tocar el piso en el que vivimos para que lo hereden mis hijos, y tampoco el apartamento de Galicia”.

Y concluye Luis, con una mezcla de determinación y resignación: “El resto del dinero nos da miedo gastarlo, salimos, pero intentamos ahorrar una parte; además, con los años, ya no nos apetece tanto ir a Egipto, nos vamos de vez en cuando al apartamento de la playa, y ya está”. Es la decisión de quien cree que ha tomado la decisión correcta. Esa que Camilo, por ejemplo, siempre tuvo clara.

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