Albert Jané, enólogo y bodeguero: “La Montsant era una zona poco productiva, el mérito es de los viticultores mayores que han aguantado los viñedos durante años”
Club de Vinos
Con una larga tradición familiar de bodegueros, Jané quiso buscar su propio camino antes de volver a casa para honrar el proyecto que fundó su abuelo. “Lo único que hacemos los enólogos es escuchar la viña y cuidarla”, dice

Albert Jané.
La historia de Albert Jané explica cómo pueden conjugarse términos tan aparentemente contrarios como innovación y creatividad con pureza, honestidad y tradición. Incluso con un punto de rebeldía. A pesar de su imponente tradición familiar de bodegueros del Vendrell, que se remonta hasta su bisabuelo en 1914, Jané se decantó por estudiar veterinaria. Sin embargo, según cuenta, a mitad de carrera se dio cuenta de que su vocación, por mucho que le gustasen los animales, tenía más que ver con las viñas.
Para él, ser bodeguero es un estilo de vida. “Es algo que te apasiona, no solo ocho horas de trabajo, es un estilo de vida total”, asegura. Lo hizo, primero trabajando en el proyecto familiar, pero pronto lanzándose a emprender, alejándose de la influencia de los suyos. Así, lanzó primero Acústic, con DO Montsant; más tarde, Ritme, en el Priorat; y finalmente, cuál hijo pródigo, con Autòcton y Mas Vilella, en las que se ha hecho con la finca familiar en el Penedés para devolver a su zona todo lo que un día le dio. Y es que Jané tenía muy claro desde el principio que quería crear su propio sello, pero sin perder nunca de vista la tradición, la pureza, el carácter y la historia de la tierra.
¿Por qué decides dar ese salto y abrir tu propia bodega?
Al principio fue para tener un poco mi espacio, mi libertad, mi creatividad. A veces, de trabajar en familia hay cosas muy buenas, pero también a veces hay puntos de vista diferentes, y quizá me sentía con poca libertad o un poco limitado en mi creatividad o mis puntos de vista. La idea primero era tener un pequeño proyecto, compaginarlo con el familiar, pero enseguida vi que era inviable y ya me centré 100% en mi proyecto.
¿Por qué Montsant?
Porque cuando estaba aquí en el Vendrell, en Baix Penedés, buscaba un proyecto fuera para no hacerlo en la misma zona que la bodega familiar. Dando vueltas por Cataluña, sobre todo en la zona de Tarragona, me dijeron que se vendía una viña en Montsant, una viña plantada en el 32, una garnacha. Y me enamoré. Y también para tener la experiencia de elaborar con otras variedades.
¿Y cómo fue ese cambio, trabajar solo?
Muy chulo. Fue un cambio de a veces hacer las cosas y luego pensarlas, un poco temerario. Me enamoré de esa zona y del potencial de Montsant; nadie hablaba de Montsant en ese momento, todo el mundo hablaba muchísimo de Priorat y yo vi muchísimo potencial, mucha cantidad de viña vieja, de garnacha cariñena y me apasionó la idea de hacer vinos de viña. Por eso el nombre de Acústic, vinos como la música acústica, que es una música más sencilla, pero más auténtica, más emocional, se transmite más.
Tú siempre apuestas por la tradición, pero tú has seguido la tradición familiar a tu manera.
Sí, yo he aprendido muchísimo de mi padre, mi abuelo y mi hermano. Primero, sobre todo de mi padre; trabajar duro, disfrutar trabajando, creando cosas, de emprendedor, de empresario. Y de mi hermano, trabajar a alta calidad, intentar siempre buscar la excelencia a nivel de elaboración. Estar en Montsant, con esta filosofía que ya tenía de casa, me ha sido relativamente fácil porque allí hay mucho potencial; el viñedo, es una zona con carácter, una singularidad, una historia, una tipicidad, un paisaje bestial. Realmente los enólogos, esto lo digo siempre, son los viñedos. Al final, los grandes vinos son vinos de grandes viñas, no de grandes enólogos, los enólogos lo único que hacemos es escuchar la viña y cuidarla.
¿Cómo cuentan la zona los vinos de Acústic?
Son vinos muy honestos, muy frutosos, vinos de viña. La mejor barrica es la que no se nota, la que ayuda al vino a respirar, a mantenerse abierto, a mantener el color estable y a darle larga crianza y larga vida en botella. Pero no los vinos maquillados, diseñados o artificiales. En Acústic y en Montsant hacemos lo mejor posible con lo que tenemos. Y en el caso de Montsant es una zona de viñedo viejo, poco productivo, con muchísima historia, con un clima muy severo, y esto se nota muchísimo en los vinos. Si hay personas que tienen mérito, en Montsant y en mi proyecto, serían los viticultores mayores que han aguantado estos viñedos tantos años. Ahora gente más joven, con más posibilidades técnicas y medios logísticos, somos capaces de resaltar aún más todas las virtudes de estas variedades de ese viñedo tan viejo.
Montsant es una zona de viñedo viejo, poco productivo, con muchísima historia y un clima muy severo, y esto se nota muchísimo en los vinos
¿Qué distingue las viñas viejas?
Las viñas viejas aguantan más, tienen una uva mucho más compleja que transmite mucho más. Producen menos, están más cansadas, pero son más sabias. Esto es como las personas, hay mucha más sabiduría pero menos fuerza. Y la historia que transmiten es la de dos o tres generaciones cuidando ese viñedo, eso se nota muchísimo en la cata, en el espíritu y en la personalidad de ese viñedo.
Tú te fuiste del Penedés para emprender tu proyecto, pero ahora has vuelto. ¿Cómo regresas ahora a tu origen?
Desde el 2007 tenía registrada la marca Autòcton porque yo tenía clarísimo que un día volvería a mi zona, que me debía o estaba en deuda con mi zona, para hacer algún proyecto chulo aquí. Finalmente, en 2015, pude comprar la finca familiar, volví a vivir aquí y empecé el proyecto en la zona.
Si tuvieras que regalarle uno de tus vinos a tu padre, a tu abuelo o a tu bisabuelo para que ellos vieran lo que has construido en este tiempo, ¿cuál sería?
Es una pregunta difícil. Cualquiera de los de Acústic le gustaría, me consta que estaba muy orgulloso de lo que hacía allí, aunque directamente no me lo decía. Me llegaba a través de familiares, sabes lo que pasa de padres a hijos. Creo que le regalaría un Mas Vilella, que es el vino que tengo el honor y el lujo de volver a hacer desde 2015 y que plantó el viñedo, en el año 84, mi padre. Cada mañana, cuando me despierto, veo Mas Vilella y quizá le regalaría la última cosecha diciendo: “Mira, papá, estamos aquí cuidando tu viñedo”.




