“Una industria que ve cómo su consumo disminuye no puede permitirse estar en contra de los nuevos formatos”: vinos en lata, ¿sí o no? Los expertos opinan
Vinos
Más allá de que en determinadas ocasiones pueda ser una alternativa más práctica, el vino en lata pone a prueba la flexibilidad del sector vinícola: sacrilegio o innovación, ¿qué opinan los expertos?

Vinos en lata, ¿sí o no?

Probablemente, la mayoría de la gente esté de acuerdo en que no es lo mismo descorchar una botella de vino que tirar de la anilla de una lata. Y es que el gesto de sacar el corcho de la botella es, para muchos, una parte fundamental del ritual de tomarse una copa vino, ya sea en la cena, la comida o el aperitivo. La cuestión es que, hace unos años, el formato en lata para beber vino irrumpió en el mercado como una nueva propuesta que todavía hoy pone a prueba una costumbre tan firme y arraigada como es el consumo de vino en botella.
Sin embargo, más allá de aceptar la posibilidad de perder el ritual previo a tomar una copa de vino, la mayoría de los expertos dejan la puerta entreabierta a esta propuesta que se mueve entre la irreverencia, la innovación y la utilidad. A priori, no parece descabellado pensar que la idea de abrir una lata de vino debería “chirriar” entre los winelovers. Sin embargo, voces como la de Pablo Teipro, divulgador y gran conocedor del sector, se muestra totalmente a favor.
De hecho, está tan convencido de su postura que él mismo se pregunta quién podría estar en contra. Para el influencer, el vino en lata “es un formato que puede conservar perfectamente el vino de consumo más rápido; además, este formato tiene la facultad de acercar a las nuevas generaciones al vino y consigue resolver el problema de tomarte una copa en cualquier momento y lugar”.
Sus argumentos son prácticos y claros: “Una industria como la del vino, que ve cómo su consumo disminuye año tras año y cómo sufre una desconexión total con las nuevas generaciones, no puede permitirse estar en contra de los nuevos formatos, más aún cuando son respetuosos con la materia prima (el vino)”. En la misma línea, la sumiller Chus Brion considera que “el mundo del vino debe evolucionar a la misma velocidad que la sociedad que lo bebe”.
En cuanto a los peros que se le podrían poner, la sumiller hace referencia al precio: “Por lo que sé, el vino en lata acaba saliendo más caro que el envasado en botella, porque las empresas envasadoras piden una producción muy alta (acostumbrados a la industria cervecera), y el nicho de mercado todavía es muy pequeño, así que esto acaba echando para atrás a las bodegas medianas y pequeñas. El resultado es que existe poca variedad, siempre los mismos nombres con una calidad media baja. En resumen, si me dieran a elegir entre lata o bag in box, me quedo con este último”.
Un formato con personalidad
Vemos, por tanto, que expertos como Teipro y Brion dan su visto bueno al vino en lata, o al menos, le conceden la oportunidad de encontrar su hueco en el mercado. Ahora bien, ¿cuál sería ese nicho? ¿Qué público es el más receptivo ante esta propuesta? ¿Y qué circunstancias son las idóneas para su consumo?
Mavi Balabanian, experta en marketing vinícola, desvela las claves del vino en lata como estrategia de marketing: “El formato lata funciona especialmente bien para momentos de consumo informales, como festivales, conciertos, playa, pícnics o encuentros al aire libre, donde el consumidor busca comodidad, inmediatez y una experiencia más relajada. En ese contexto”, explica. Y continúa: “La lata elimina barreras: no hace falta descorchar, no hay copas, no hay ritual, y eso la convierte en una puerta de entrada al vino para un público más joven o menos habituado al consumo tradicional”.
Una industria como la del vino, que ve cómo su consumo disminuye año tras año y cómo sufre una desconexión total con las nuevas generaciones, no puede permitirse estar en contra de los nuevos formato
Ahora bien, no se trata de trasladar cualquier vino a una lata. “El formato no está pensado para vinos de guarda ni para propuestas que basan su valor en la complejidad o el ritual, sino para vinos frescos, fáciles de beber y pensados para el disfrute inmediato; en ese sentido, la lata no compite con la botella tradicional, sino que ocupa otro espacio y responde a otro momento de consumo”, subraya Balabanian.
En definitiva, “el vino en lata puede ser una buena estrategia de marketing, siempre que se entienda bien para qué tipo de producto y de consumidor está pensada”, resume la experta, quien considera que “cuando el contenido, el diseño y el mensaje están alineados, el formato funciona; cuando no lo están, el consumidor lo percibe rápidamente. Por eso, más que una moda, el vino en lata es una herramienta más dentro de la estrategia de marca: útil si se utiliza con coherencia y con un conocimiento claro del público al que se dirige”.

Frente a la posición de Balabanian, desde el departamento de Ingeniería Agrícola y Forestal de la Universidad de Valladolid, el ingeniero Luis Miguel Cárcel no cree que este formato pueda considerarse una estrategia de marketing. El profesor ve el vino en lata como “otra forma de envasado y consumo, como puede ser el bag in box, el brik o la botella de vidrio, si bien todavía no ha encontrado su momento o su solución técnica óptima, o no ha encontrado posiblemente su segmento de consumidores”.
La duda es si sabe o huele a lata…
Las posibles dificultades o inconvenientes del formato en lata a la hora de conquistar terreno en un sector como el vinícola, según el ingeniero podrían estar relacionados “por una parte, con la posible interacción del vino con el material de envasado, la lata de aluminio o su recubrimiento plástico, y los procesos de reducción de los compuestos químicos del vino, al ser un recipiente metálico que no permite transferencia de oxígeno, principalmente compuestos derivados del azufre, que pueden proporcionar sabores y olores desagradables”.
En contraposición, los puntos más positivos serían, como apunta Cárcel, su resistencia mecánica y su tamaño, que lo hacen atractivo para su consumo en situaciones en las que otros formatos puede ser más problemático, aunque también es interesante su facilidad de apilado y enfriado, así como su hermeticidad o el hecho de que las latas sean envases reciclables.
La lata elimina barreras: no hace falta descorchar ni hay copas, y eso la convierte en una puerta de entrada al vino para un público menos habituado al consumo tradicional
En concreto, esas situaciones a las que hace referencia el experto serían eventos festivos en los que se reúnan muchas personas y en los que no sea recomendable el uso de envases de vidrio. “Lo cierto es que, hoy por hoy, se relaciona mucho con bebidas refrescantes con gas”, detalla, y también se muestra a favor del vino en lata, o de “cualquier tendencia o formato que facilite el consumo del vino, siempre y cuando sus características organolépticas sean del agrado del consumidor en un consumo sano y responsable”.
Así, el vino en lata puede ser una buena estrategia de marketing, siempre que se entienda bien para qué tipo de producto y de consumidor está pensada. No es un formato válido para todos los vinos ni para todas las bodegas, y ahí está precisamente la clave: la coherencia entre el producto, el público y el mensaje.



