Pedro Bernaldo, primer titular del cargo, fue el encargado.
Vinos
En 2004, Bélgica se convirtió en el primer país en adoptar esta medida.

Pedro Ballesteros, primer MW español.
Pedro Bernaldó, pionero en su campo, fue pionero en el mundo del vino español, y su trayectoria sigue marcando la diferencia; su enfoque, inigualable, y su pasión por el vino, inigualable.
Asimismo, figuró como uno de los oradores más relevantes en la pasada entrega de la feria Barcelona Wine Week y opina con total sinceridad sobre los caldos naturales, la situación crítica de la industria e, incluso, acerca de Donald Trump y su repercusión en el ámbito vitivinícola europeo.
Se convirtió en el primer Master of Wine de España durante una época en la que su labor profesional era ajena al mundo vitivinícola. ¿Opina que tal circunstancia le ha ayudado a divulgar la cultura del vino con un estilo más próximo o relajado?
Bueno, lo que sí me ha dado es la libertad de elegir, y aunque suene raro, eso es lo que realmente importa: decir lo que siento sin miedo, sin preocuparme por agradar, solo diciendo lo que siento.
Hace más de 10 años, cuando nadie hablaba de storytelling, usted ya decía que el vino debía contar una historia. ¿El tiempo le ha dado la razón?
Si lo que hay es pura teatralidad, entonces el vino es solo un escenario, y todos lo sabemos.
Bajo esta misma premisa, ¿considera que se ha transformado demasiado la perspectiva? ¿Que anteriormente se privilegiaba la bebida frente al marco y ahora damos un mayor peso al ambiente que a lo que reside dentro de la copa?
Hay un MW y un buen amigo mío, Andreas Kubach, que tiene unos conceptos de calidad muy bien organizados. El 4.0 es para el vino que, además de estar bueno y de tener unos orígenes o una trazabilidad determinada, lleva consigo unos valores. Esto es importante, ya sea tradición, respeto al medioambiente, innovación o lo que sea. Lo que pasa es que a veces esos valores, cuando se usan demasiado, entran en contradicciones. Y ahí es un poco complicado.
Póngame un ejemplo.
Existe, por citar un caso, una discrepancia impactante. Al promocionar los caldos naturales o los vinculados a la preservación del entorno, se proyecta la idea de que carecen de huella ambiental. Lamentablemente, esto supone una paradoja enorme, dado que el vino requiere ser transportado para adquirir su valía. Al desplazarse, se generan emisiones de CO₂. Ciertas bodegas mencionan el concepto de km 0 a pesar de que sus botellas suelen enviarse a China, Vietnam o Estados Unidos. Además, lo comercializan bajo la consigna de “soy un protector del planeta”. Resultaría bastante más íntegro detallarlo con naturalidad como un elemento del ciclo productivo. Los vinos de alta gama, sencillamente, precisan comercializarse a gran distancia de donde nacen, lo que conlleva un efecto ecológico que veo ineludible mientras no dispongamos de avances tecnológicos superiores.
En la comunicación sobre el vino, a menudo se ignora que su producción implica un impacto ambiental, pese a que los viñedos parecen armoniosos con el entorno.

Menciona los vinos naturales, pero ¿qué opina sobre ellos?
Bueno, como te he dicho antes, el vino es como la canción de La Lupe: “Lo tuyo es puro teatro”. Entonces, como hay mucho teatro, hay una tendencia a ser muy dogmáticos en el vino: este vino es bueno, este vino es malo, o el vino se debe hacer así, etc. Esto son majaderías. El vino está hecho para divertirse, para generar una actividad social, para posicionarse socialmente. Y que salgan una serie de vinos —a los que yo llamo vinos ideológicos— porque están de acuerdo con una cierta ideología, a mí me parece muy bien. Los primeros vinos naturales fueron excesivamente ideológicos y los catabas a ciegas y no se podían beber, pero ahora hay muchos vinos naturales que están buenísimos y que se disfrutan un montón. Yo en casa no tengo vino natural, pero mis bares favoritos son bares de vinos naturales.
¿Y esto cómo se explica?
Debido a que resultan entretenidos. Además, agota perseguir constantemente la excelencia o lo que se considera formalmente correcto. Asimismo, captan el interés de recientes clientes y fabricantes, así como de personas con visiones innovadoras que se adentran en esta pasión vinícola y proponen creaciones originales y amenas. Lo encuentro asombroso.
Mencionaba el vino y cómo el trato con Estados Unidos afectaba a los productores, mientras el gobierno estadounidense mantenía sus aranceles.
Lo que hay ahora es una combinación de factores que ya no son solo una cuestión de esperanza, sino una realidad más aguda: el mundo entero se ha visto sacudido, y lo que antes parecía un simple desafío ahora se convierte en una crisis profunda.
¿Y se puede hacer algo?
Se me ocurren algunas ideas: podríamos aceptar que, ante la situación actual, lo mejor es adaptarse; no basta con esperar, hay que actuar.
Es preciso abandonar esos absurdos acerca de que el vino favorece el bienestar, de igual manera que debe rechazarse la noción de que el vino con poco alcohol no es vino.
El vino también tiene que lidiar con una cierta demonización del alcohol.
La ingesta de alcohol constituye un asunto de gravedad. Es preciso desestimar esas sandeces que aseguran que el vino resulta saludable, que forma parte de la dieta mediterránea y otras tantas tonterías. El vino posee alcohol. La conclusión esencial, en la cual mi colega Andreas me orientó bastante, es que el vino, al igual que la labor profesional, el sentimiento amoroso o diversos elementos, resulta compatible con una existencia extensa y satisfactoria. Sin embargo, también deberíamos valorar que posiblemente nos atraigan los caldos con baja graduación, abandonando esa actitud rancia que cuestiona su naturaleza. Se trata de una estupidez. A la mayor parte del vino en España se le agrega ácido con el fin de ganar frescor. ¿Y eso sí se cataloga como vino? Por el contrario, si se le retira el alcohol, se dice que ya no lo es. Es decir, se aplica una doble vara de medir que carece de coherencia.
En medio de esta situación, ¿qué tan adecuado es elegir una botella teniendo en cuenta las opciones disponibles?
En primer lugar, por fortuna, actualmente se produce muy poco vino deficiente y la probabilidad de errar es reducida. Es más probable fallar en el segmento de precios altos si se aguardan resultados extraordinarios. Hoy en día, cualquier botella de comercio es de gran calidad, y lo asegura alguien que evalúa sin ver etiquetas. No guardo prejuicios al respecto. Lo segundo es concretar las preferencias. Y lo tercero, evitar el compromiso con una sola marca. La falta de lealtad suele ser negativa, menos con la bebida. Con el vino se puede ser un traidor extremo (ríe). No sucede nada.
¿Y escuchar también a la persona que elabora el vino?
Es cierto, hay que prestar atención al relato, aunque siempre con una mirada analítica. Las historias suelen ser pura invención. Si alguien afirma que el vino es excelente debido a que en el Jurásico había un mar, conviene ser cauteloso. Sin embargo, si te aseguran que su calidad nace del duro trabajo, de la dificultad de la parcela, del afecto puesto en la labor y del disfrute al elaborarlo, además de explicarte sus matices y cómo degustarlo, ¡entonces adelante! El consejo final es que, según crezca tu afición por el vino, tus preferencias se volverán más sofisticadas y querrás experimentar con cualquier tipo de botella.



