KŌ by 99 Sushi Bar, lo único que le faltaba al nuevo Bernabéu es un japonés fashion
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Este rooftop nipón mira al campo desde las alturas y resume bien la nueva filosofía del coliseo madridista
Mont Bar, aroma de casa y de un renacer

Las vistas desde el restaurante
Durante décadas, comer bien en el Santiago Bernabéu fue una aspiración secundaria, casi un daño colateral del fútbol. El bocadillo envuelto en papel de aluminio, el tentempié rápido o, en el mejor de los casos, el acceso restringido a un restaurante como Puerta 57 definían una liturgia gastronómica funcional, más cercana a la supervivencia que al placer. La reciente y espectacular metamorfosis del estadio ha cambiado radicalmente ese relato.
El nuevo Bernabéu ya no es solo un coliseo deportivo: es un complejo de ocio total, futurista y ambicioso, con una piel metálica que refleja la ciudad, un techo retráctil que domestica el clima y un césped móvil que desaparece bajo tierra como un truco de ilusionismo. En ese contexto, la gastronomía deja de ser un complemento y pasa a formar parte esencial de la experiencia.
Una de las apuestas más llamativas de esta nueva etapa es KŌ by 99 Sushi Bar, ubicado en la décima planta del estadio. Un rooftop nipón que mira al campo desde las alturas y que resume bien la nueva filosofía del coliseo madridista: espectáculo, técnica, sofisticación y un punto de hedonismo contemporáneo.

Más que una simple reapertura del recordado KŌ de David Arauz —aquel templo de precisión japonesa vecino al Hotel Villamagna que llegó a ostentar una estrella Michelin—, esta versión 2.0 del KŌ firmada por el Grupo Bambú apuesta por un registro distinto: menos solemnidad y más vida social, sin renunciar al producto ni al oficio. Aquí se viene a cenar, sí, pero también a dejarse ver, a alargar la noche y a disfrutar de una de las vistas más singulares de Madrid.
El nuevo Bernabéu ya no es solo un coliseo deportivo: es un complejo de ocio total, futurista y ambicioso, con una piel metálica que refleja la ciudad
El espacio impresiona desde la entrada. Seiscientos metros cuadrados de estética futurista en los que conviven una sala principal, dos reservados VIP y una terraza panorámica que asoma directamente al césped. Las columnas estructurales del estadio atraviesan el local y se integran en el interiorismo como piezas escultóricas, revestidas en tonos dorados que dialogan con la iluminación tenue y el aire cosmopolita del conjunto. Todo está pensado para subrayar la sensación de estar en un lugar excepcional.

La carta, firmada por el chef Noam González, se mueve con soltura entre la tradición japonesa y un lenguaje contemporáneo, reconocible y apetecible. Funciona especialmente bien en clave de platos para compartir: el okonomiyaki de toro, reinterpretación lujosa de la popular “pizza japonesa”, llega enriquecido con emulsión de trufa y un sutil toque de jalapeño; el carpaccio de quisquilla o el de hamachi con ponzu juegan en la liga de la delicadeza; y los makis —del hosomaki de carabinero con wasabi fresco y ajo crujiente al exuberante 99 Jewel de toro y caviar— están claramente pensados para seducir al comensal urbano y cosmopolita.
No faltan piezas destinadas a convertirse en emblema de la casa, como el futomaki de cangrejo real, ikura y erizo de mar, ni una oferta de nigiris que, sin buscar el minimalismo extremo, cumple con creces en textura, corte y sabor. Para gustos más espartanos, no dejen de pedir las ostras con espuma de yuzu, el tartar de wagyu, las gyozas de jabalí o algún platillo hecho en esa tradicional parrilla nipona llamada robata: desde pollo glaseado hasta lubina con miso.
No faltan piezas destinadas a convertirse en emblema de la casa, como el futomaki de cangrejo real, ikura y erizo de mar
Donde KŌ brilla con luz propia es en la parte líquida. Además de una amplia carta de vinos bien seleccionada por el sumiller Alejandro Aparicio, que cuenta con 30 referencias nacionales e internacionales por copas, la oferta de tragos y cócteles es imponente, destacando una amplia colección de sakes, whiskies y ginebras japonesas, que eleva la experiencia y refuerza su vocación nocturna. Referencias icónicas conviven aquí con una coctelería de autor creada por el reputado bartender Ezequiel Riesgo, pensada para alargar la velada y convertir el restaurante en destino, incluso para quienes no pisan el estadio por un partido. Si están juguetones, atrévanse a combinar su menú con algún signature cocktail como el Yakuza (pisco acholado infusionado en vainilla, yuzu, sirope frambuesas y clara de huevo), el Wabisabi (roku de mantequilla, limón, sirope de salvia y clara de huevo) o el Kawaii (mezcal, sirope de earl grey, cordial vetiver, bitter de cacao, top de ginger ale y hoja de shiso). Suenan algo dulzones, pero resultan más equilibrados de lo que podría suponerse.

El resultado es un lugar que funciona mejor como experiencia global que como templo gastronómico puro: cocina solvente, ambiente atractivo, público guapo y una localización imposible de replicar fuera del Bernabéu. Perfecto para afterworks elevados, cenas sin prisas o primeras copas con sensación de viaje.
Conviene recordar, además, que KŌ no juega solo en este nuevo tablero. El estadio merengue ha construido a su alrededor un auténtico ecosistema culinario, en el que conviven la solidez castiza de Puerta 57, la taberna contemporánea de Arzábal, espacios cerveceros y propuestas pensadas tanto para el público local como para el visitante ocasional.
KŌ by 99 Sushi Bar
Tipo de comida
Dirección
C. Del Padre Damián, 3, Puerta 39, Chamartín, 28036 Madrid
915464552
https://www.ko-99.com/
Durante estas fechas, ese paisaje gastronómico se amplifica con una programación navideña que incluye casetas, barras y puntos de restauración para todos los públicos: desde cocina madrileña reconocible hasta dulces de temporada, chocolate caliente y roscones que acompañan el paseo entre luces y villancicos.
Así, el nuevo Bernabéu confirma que ya no se limita a alimentar pasiones futbolísticas. También da de comer —y de beber— con ambición, los 365 días del año. Y KŌ, suspendido a diez plantas del césped, es una de las postales más elocuentes de esta nueva era.