Ginnan, el restaurante “ni chino-ni catalán” que necesitaba Barcelona
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La propuesta del chef Chunlin Yu se basa en la memoria, en el desarraigo y en el aprendizaje lejos de casa
No es un restaurante de fusión, aunque cruce China y Catalunya con una naturalidad poco habitual

Jesse van Buuren a la izquierda, el chef en el centro Chunlin Yu y Guillem Campmany a la derecha

Hay restaurantes que se entienden rápido por su concepto y otros -los menos- que solo pueden explicarse desde la vida de quien cocina. Ginnan pertenece a esta segunda categoría. No es un restaurante de fusión, aunque cruce China y Catalunya con una naturalidad poco habitual -lo confirman tanto la carta como el tipo de público que se sienta a la mesa-. Para entender la propuesta de su chef, Chunlin Yu, conviene pensar menos en etiquetas y más en identidad: en memoria, en desarraigo y en aprendizaje lejos de casa.
Yu llegó a Catalunya con 14 años. Antes había pasado parte de su infancia en China, viviendo con su abuelo, mientras sus padres emigraban a Mataró para buscarse la vida. Esa distancia -emocional y geográfica- no se verbaliza en sus platos, pero se intuye. Nunca pensó en una carrera universitaria: “lo mío eran las manos”, dice. Se formó en Hofmann y pronto entendió qué tipo de cocina no quería hacer.
Yu llegó a Catalunya con 14 años
Antes había pasado parte de su infancia en China, viviendo con su abuelo, mientras sus padres emigraban a Mataró para buscarse la vida
En Lluerna descubrió el valor del producto, de los fondos bien hechos y de las cocciones largas. Allí entendió que la alta cocina también podía tener cuerpo. Más tarde, en Madrid, pasando por el restaurante de Paco Roncero, vivió el otro extremo: técnica, precisión, laboratorio. Fue útil, sobre todo para confirmarse en que no era eso lo que quería. Gresca fue la última casa antes de abrir la suya y la que terminó de ordenar el discurso: una cocina directa, sin solemnidad, donde el sabor pesa más que la idea.

Abrir su propio restaurante no fue un impulso, sino una presión casi cultural. Sus padres insistían. Él dudaba. Hasta que aceptó el consejo de su padre: aprender haciendo algo propio, equivocándose solo. Ginkgo -así se llamó al principio- abrió en septiembre de 2024. Un conflicto de nombres obligó a cambiarlo un año después. El nuevo nombre, Ginnan (que llegó en 2025), no fue un parche. Es el fruto del árbol de ginkgo y conecta con un recuerdo muy concreto: las hojas doradas en otoño, las calles de su infancia, su abuelo recogiéndole del colegio en bici.
Ginnan es el fruto del árbol de ginkgo
El local es coherente con todo eso. Sencillo, casi austero, con madera oscura y sin diseño espectacular. No por pose, sino por decisión económica: el dinero está en la cocina. Y también el crecimiento del restaurante responde a esa lógica. Al éxito no les está impulsando una agencia de comunicación, sino el boca a boca.

La carta -cambiante, pensada para compartir y con precios razonables- funciona como una traducción bastante literal de su historia. El meloso de tendones de ternera con cococha de bacalao es el mejor ejemplo: colágeno, textura y profundidad. Un plato que se pega a los labios y pide pan. “En China los tendones se comen mucho más que en España. Con el bacalao pasa lo contrario. ¿Por qué no juntarlos?”, resume Yu.
La carta funciona como una traducción bastante literal de su historia
El flan salado de temporada, servido caliente -en mi visita, de guisantes- conecta con una tradición cotidiana china poco vista aquí: el huevo como base salada, acompañado por verduras, nunca protagonista único. En la carta también destaca el waytun de cordero (cap i pota), hoy uno de los platos más pedidos. No como concesión, sino como plato-puente con el que convencer tanto a asiáticos como a barceloneses.

De la sala se ocupa Guillem Campmany, con madre gallega y padre catalán, atento y preciso. En cocina, junto a Chunlin Yu, trabaja un cocinero de origen holandés y colombiano llamado Jesse Van Buuren. Un equipo pequeño, mestizo y sin alardes, coherente con una casa donde nada parece responder a una estrategia, sino a una forma de estar.
Ginnan
Tipo de comida
Dirección
Carrer d'Aragó, 191, 08011 Barcelona
930 23 37 39
https://www.instagram.com/ginnanrestaurant/?hl=es
Ginnan no pretende gustar a todo el mundo. No simplifica ni traduce constantemente lo que hace. Confía en que el comensal llegue hasta donde pueda y quiera. Quizá por eso funciona: porque en una ciudad cada vez más llena de conceptos bien afinados y cocinas intercambiables, en este restaurante hay historia real, cocinada con criterio y paciencia.