Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind: “Parece que hayamos condensado 10 años en uno solo, pero si hubiera dependido de mí, habríamos dejado la IA en el laboratorio más tiempo”
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
El experto afirma que todavía no hemos rascado la superficie del verdadero potencial de esta tecnología

Demis Hassabis en un momento del podcast

Nadie podía prever la velocidad con la que la inteligencia artificial se está desarrollando, y hoy resulta casi imposible predecir con certeza qué ocurrirá en el futuro. Cada avance parece superar al anterior, transformando industrias, hábitos y relaciones sociales en cuestión de meses. Este ritmo vertiginoso plantea preguntas éticas, económicas y educativas que requieren atención inmediata, mientras gobiernos, empresas y ciudadanos buscan adaptarse a un escenario en constante cambio. La única certeza es que esta tecnología ya está moldeando el presente y marcará decisivamente el rumbo de nuestro mañana.
Demis Hassabis es un investigador británico en inteligencia artificial, neurocientífico y empresario tecnológico, conocido por ser cofundador y director ejecutivo de Google DeepMind, una de las empresas más importantes del mundo en investigación avanzada de IA. El también ganador del Premio Nobel en 2024 ha reflexionado sobre cómo se ha implantado esta tecnología en una reciente aparición en el podcast 'Google DeepMind: The Podcast'.

“Siempre he soñado con tener el asistente definitivo que te ayude en el día a día y que te haga más productivo”
El experto cree que la llegada de la Inteligencia Artificial debería haberse producido de manera más escalonada: “Parece que hayamos condensado diez años en uno. Han pasado muchas cosas y si hubiese dependido de mi, habríamos dejado la IA en el laboratorio durante más tiempo”, empieza diciendo.
En su opinión, el enfoque científico más puro hubiese sido tomarse las cosas sin precipitación: “Era mi planteamiento original hace 15 o 20 años cuando casi nadie trabajaba con inteligencia artificial. Creo que la idea era seguir avanzando gradualmente hacia la inteligencia artificial general, prestando mucha atención a cada paso y a los aspectos de seguridad”, afirma.

A diferencia de la IA actual, limitada a funciones concretas, la Inteligencia Artificial General (IAG) podría enfrentarse a problemas inéditos, tomar decisiones complejas y transferir conocimientos entre ámbitos distintos. Su desarrollo plantea oportunidades enormes, desde avances científicos hasta soluciones a desafíos globales, pero también genera incertidumbre sobre ética, seguridad y control. Su uso nos invita a reflexionar sobre los límites de la inteligencia, la responsabilidad humana y cómo coexistir con sistemas que podrían igualar o superar nuestra propia capacidad cognitiva.
El experto defiende que se podría haber utilizado esta tecnología de maneras más beneficiosas para la sociedad, concretamente en el ámbito de la ciencia y la medicina: “Los chatbots eran cada vez más posibles a gran escala, la gente los considera útiles y se han convertido en modelos base con funciones como generar imágenes o vídeo. Siempre he soñado con tener el asistente definitivo que te ayude en el día a día y que te haga más productivo, que te permita concentrarte en lo realmente importante porque hoy en día hay demasiado ruido”, añade.

Demis Hassabis afirma que la IA está sobrevalorada a corto plazo e infravalorada a medio y a largo plazo, por lo transformadora que va a ser. Para ayudar a entenderlo, compara la situación actual con la llegada de la Revolución Industrial: “Creo que hay mucho que podemos aprender. Trajo consigo muchos avances increíbles, como la reducción de la mortalidad infantil y todos los avances de la medicina moderna y las condiciones sanitarias, incluso la separación entre la vida laboral y la personal. Pero también trajo consigo muchos retos, como la lentitud de los cambios, aproximadamente un siglo, y que diferentes sectores de la población activa se vieron desplazados en determinados momentos. Y entonces hubo que crear organizaciones, como sindicatos, para reequilibrar la situación. Así que fue fascinante ver cómo toda la sociedad tuvo que adaptarse con el tiempo. Ahora tal vez podamos anticiparnos aprendiendo de la Revolución Industrial cuáles fueron esos trastornos y tal vez mitigarlos antes o de manera más eficaz. Y probablemente tendremos que hacerlo, porque la diferencia esta vez es el cambio provocado por la IA probablemente será diez veces mayor que el de la Revolución Industrial y probablemente ocurrirá diez veces más rápido. Así que más bien será algo que se desarrollará a lo largo de una década en lugar de un siglo”, advierte.
Este ritmo vertiginoso plantea un reto enorme como sociedad, ya que será necesario replantear la educación, las políticas laborales, la protección social y la regulación ética de la tecnología. Gobiernos, empresas y ciudadanos deberán adaptarse rápidamente, fomentando la colaboración, la formación continua y la innovación responsable para garantizar que los beneficios de la inteligencia artificial se distribuyan de manera justa y no se agraven las desigualdades existentes.
