La nueva obsesión de la cultura es la creatividad
Cultura/s | En portada
Las reflexiones sobre los procesos creativos y la arqueología sobre cómo se hicieron las obras maestras ya son un auténtico subgénero. A partir de algunos títulos recientes, exploramos la tendencia y sus razones profundas, en el nuevo horizonte de la inteligencia artificial.

No es extraño que se hagan tantos libros, documentales, series, podcasts o cómics que nos revelan cómo fueron creadas algunas de las obras más emblemáticas de la historia

El actor francés Jean Paul Belmondo y la actriz estadounidense Jean Seberg improvisan. El camarógrafo Raoul Coutard y la asistente de guio Suzanne Faye se adaptan a las circunstancias. El productor Georges de Beauregard, además de desesperarse, también improvisa y se adapta. Porque el director de  bout de souffle, Jean-Luc Godard, no hace otra cosa durante los diecinueve días de rodaje de esa película fundacional del cine moderno que decidir durante el desayuno diálogos, escenas y opciones técnicas y aplicarlas –o no– durante las horas posteriores, en un vaivén caprichoso e intuitivo y arbitrario y genial que trata de captar –ni más ni menos– que el oleaje de lo real.
Nouvelle vague, la película de Richard Linklater —un director no en vano obsesionado con captar la esencia del tiempo, también ni más ni menos—, es una reconstrucción del proceso de gestación del largometraje ganador en 1960 del Oso de Plata a la mejor dirección en Berlín, uno de los muchos títulos emblemáticos que nacieron de la redacción de Cahiers du Cinéma.
En contra de los relatos centrados exclusivamente en la personalidad y los métodos excepcionales, a menudo tensos, de un único creador protagonista, Nouvelle vague menciona con nombre, apellido y un plano americano a todos los agentes que intervinieron, directa o indirectamente, en la existencia de la película. Desde los colegas de esa revista que demostró que no hay renovación artística sin teoría y tradición (Rohmer, Bazin, Rivette, Chabrol, Truffaut) hasta los grandes maestros (Rossellini, Renoir, Melville), pasando por las aliadas generacionales (Schiffman y Varda), todos los técnicos que participaron en la obra y muchos de quienes formaban parte del caldo de cultivo o ambiente de la época: con nombre y apellido, se rinde homenaje a todos y a todas.

Biografías de obras
La biografía de  bout de souffle se inscribe en uno de los intereses principales de hoy: el de los procesos creativos. Si todas las exposiciones de arte terminan con un vídeo del artista en su taller y todos asistimos a cursos de fotografía o clubes de lectura, no es extraño que se hagan tantos libros, documentales, series, podcasts o cómics que nos revelan cómo fueron creadas algunas de las obras más emblemáticas de la historia, cuáles eran los mecanismos de composición y los hábitos de los grandes artistas o cómo nacieron los espacios donde se gestaron las nuevas ideas del arte y la ciencia.
Aunque haya quien sigue defendiendo el genio ahistórico y eterno, la mayor parte de los creadores y expertos están de acuerdo en que toda creación es colectiva, ninguna se puede entender sin el contexto biográfico e histórico, y en todas intervienen directa o indirectamente las nuevas tecnologías. Con su claroscuro retrato de Godard y su énfasis tanto en toda la red humana que había a su alrededor –empezando por la famosa “Banda de los cuatro”– como en las cámaras y los recursos técnicos que utilizó, Linklater se inscribe en esta nueva visión de la genialidad, focalizada en una obra concreta.
Como ficción, se ubica en el camino –también en blanco y negro– de David Fincher en Mank , sobre cómo Herman J. Mankiewicz escribió el guion de Ciudadano Kane. Pero en clave documental también se estrenan películas sobre cómo se filmaron otras obras audiovisuales también emblemáticas. Recientemente, por ejemplo, Wise Guy: Los Soprano por David Chase , de Alex Gibney o El último arrebato de Enrique López Lavigne y Marta Medina, sobre la obra maestra de Iván Zulueta.

En paralelo, encontramos libros sobre la gestación de grandes libros o sobre su repercusión (por ejemplo: Metamaus y Maus hoy, ambos en Reservoir Books, sobre la magistral novela gráfica de Art Spiegelman). Pero es más frecuente el uso de un lenguaje artístico o narrativo para narrar o examinar una obra importante creada en otro código. Así, dos de los objetos culturales españoles recientes con más repercusión han sido una película sobre un disco y un podcast sobre una película. Segundo premio, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, cuenta la difícil composición y grabación del álbum Una semana en el motor de un autobús de Los Planetas, con crisis poliamorosa y adicción a la heroína incluidas, pero también con dosis de ficción; y la serie sonora Delirios de España ha dedicado una temporada a narrar en todos sus bizarros detalles el proyecto de Los otros , con Nicole Kidman, Tom Cruise y Alejandro Amenábar en una montaña rusa que a punto estuvo varias veces de descarrilar.
En ambos relatos se hace hincapié en la centralidad de las emociones en todas las operaciones artísticas. La mención al espacio personal que empezó a pedir Amenábar en los sets de filmación, para poder llorar tranquilo, no hubiera aparecido en el pasado. Nuestra atención actual a la creatividad no sólo se dirige hacia las colaboraciones o la tecnología, también lo hace hacia la salud mental.
Diccionario esencial de la creatividad
- ABSTRACT. EL ARTE DEL DISEÑO: La excelente serie documental de Netflix, con capítulos centrados en grandes figuras como el ilustrador Christoph Niemann, el arquitecto Bjarke Ingels o la ingeniera Neri Oxman, es una auténtica caja de herramientas.
- BODEN, MARGARET: Pionera en el campo de la inteligencia artificial, es también autora de un libro de referencia sobre la originalidad de la inteligencia humana: La mente creativa: Mitos y mecanismos (Gedisa).
- BOWIE, DAVID: Además de uno de los grandes creadores contemporáneos, que entendió la música como una plataforma para pensar la moda, la performance, el cine o la tecnología, es uno de los artistas que ha inspirado más novelas gráficas. La lectura de Bowie: Polvo de estrellas, pistolas de rayos y fantasías de la era espacial (Norma Editorial), de Michael Allred, Starman. Los años de David Bowie como Ziggy Stardust y Low. Los años de Bowie en Berlín (Underdog Ventures), ambos de Reinhard Kleist, permiten asomarse a algunos de los momentos claves de su trayectoria vital y creativa.
- CAVE, NICK: Otro que tal. El músico y novelista protagoniza media docena de películas, entre las que destaca 20.000 días en la tierra, de Iain Forsyth y Jane Pollard, que reconstruye 24 horas ficcionales para explicar la composición del álbum real Push the Sky Away y algunos de sus fantasmas.
- EL ARTESANO: El libro del sociólogo norteamericano Richard Sennett, publicado en castellano por Anagrama, es una reflexión de altura sobre la historia y el significado de la artesanía. El arte de hacer bien cosas con las manos. En su conexión con los ojos y el cerebro está el secreto de casi todo.
- ENO, BRYAN: Músico, productor, catalizador de talento, autor de El año de los apéndices inflamados. Diario 1995 (Sexto Piso), donde habla de la experiencia de cocrear junto a Bowie o U2 o de la gestación de las cartas de Estrategias oblicuas, ese repertorio de trucos para el desbloqueo.
- ESTUDIOS DE ARTISTAS: En la Fundación Prada de Milán se puede visitar el Estudio de Orfeo, el taller con equipo de edición y hogar de Jean Luc Godard desde 2010 hasta 2019. En el Museo Reina Sofía de Madrid se recrea el laboratorio PLAT, donde trabajó el también cineasta Val del Omar; y en el Museo de Arte Contemporáneo, el despacho onírico y transmedia de Ramón Gómez de la Serna. En la isla de Lanzarote se encuentra la última casa de José Saramago, con dos estudios, uno en su impresionante biblioteca. Los cuatro espacios forman parte de una red global de talleres y estudios de artistas en los que siempre tienes la sensación de estar en el interior de sus cerebros.
- LAS BUENAS IDEAS: El libro de Steven Jonhson, publicado por Turner con el subtítulo Una historia natural de la innovación, tal vez sea la síntesis más brillante que se ha escrito de las teorías de la creatividad. Afirma que el momento eureka casi siempre es, en realidad, una larga historia; que las ideas son redes; que las ciudades son los entornos más estimulantes; con ejemplos elocuentes de la historia de la ciencia y la cultura.
- REMIX: No hay creatividad sin remezcla. Lo explica muy bien Kirby Ferguson en su videoensayo Everything is a Remix, disponible en YouTube con subtítulos. Copiar, transformar, combinar: los tres pasos que conducen a lo que llamamos innovar.
Claves creativas
“Las dos grandes ramas del conocimiento, la ciencia y las humanidades, son complementarias en nuestra persecución de la creatividad”, afirma Edward O. Wilson en Los orígenes de la creatividad humana (Crítica). Exploradores por naturaleza, buscamos nuevos artefactos, nuevas certezas, territorios nuevos. Y en la voluntad de la innovación convergen los esfuerzos del arte y la tecnología, la academia y la empresa. Por eso no es extraño que escriban sobre el tema profesionales de todos los ámbitos; o que la producción cultural sobre cuestiones creativas cubra un espectro que va de la publicidad a la literatura infantil, de las matemáticas a la autoayuda. La creatividad es transversal y explica perfiles y métodos que atañen por igual a las imágenes, los números o las letras.
⁄ El filme ‘Segundo premio’ o la serie sonora ‘Delirios de España’ acentúan las emociones y la salud mental
El físico teórico David Bohm, en Sobre la creatividad (Kairós), dice que las personas más creativas se caracterizan por la disposición al aprendizaje continuo (y no al refuerzo de los saberes y opiniones ya adquiridas), por el “interés incondicional” (la curiosidad omnívora) y por una originalidad en la mirada, que les permitirá “percibir nuevas diferencias y nuevas similitudes que les conducirán a nuevos órdenes de estructuras, en lugar de tender siempre a imponer órdenes y estructuras repetidas en el campo de lo visto”. En contra del marketing de la creatividad, de esos manuales de psicología que reducen la complejidad de la creación profesional y artística a un número limitado de pasos o reglas o consejos, concluye: “Ciertos tipos de cosas se pueden alcanzar mediante técnicas y fórmulas, pero la originalidad y la creatividad no se encuentran entre ellas”.
La mayoría de los grandes creadores son eruditos, estudiantes compulsivos, que saben combinar la pasión hacia un cierto linaje con la voluntad de transformarlo. El paso de la creatividad a la creación está marcado tanto por el conocimiento profundo como por la ambición expansiva. La que te lleva a buscar a los colaboradores que puedan amplificar tu visión y tu misión –dos términos clásicos, asociados con la llamada vocacional, que han sido secuestrados por el lenguaje corporativo–, la idea que se convierte en proyecto para acabar siendo obra.
Raül Refree y Rosalía
“Me atreví a abordar el flamenco en Los ángeles sin ser más que un amante intermitente del género, ni mucho menos un erudito, porque a mi lado tenía alguien que sí lo era”, escribe el músico Raül Refree en Cuando todo encaja. Apuntes sobre creatividad (Debate). Y añade: “Rosalía estudiaba al detalle cada pequeño melisma, cada giro melódico de las voces más importantes; lo aprendía y lo reproducía con una gran fidelidad y un amor imperturbable hacia el flamenco y hacia el pasado, pero también con una personalidad contemporánea que lo impregnaba todo”.
En un esquema ya clásico en los libros autobiográficos centrados en lo creativo, Refree habla primero de su infancia y de su propia teoría (con ese hallazgo de cambiar el momento eureka, inicial, por el momento en que todo encaja, que anuncia el final) y avanza hacia sus primeras tentativas para centrarse después en sus colaboraciones más celebradas. Rosalía, los Javis, Albert Pla, el Niño de Elche. De todos ellos ha sido sin duda la autora de Motomami la que mejor ha sabido reivindicar y comunicar, en los últimos años, el camino que la conduce a cada canción y a cada disco. “Me gusta teorizar todo lo que hago”, afirma Refree, porque “ el plano conceptual es muy importante en el arte”. El concepto está también en el centro de cada obra de Rosalía.

No es extraño que otros creadores influyentes, que también destacan por su capacidad de producción y de curación, hayan estudiado filosofía. Es el caso de C. Tangana, Santiago Auserón o Shakira. O de Xavi Puig, cofundador de El Mundo Today, quien en Hacer reír. Sobre el humor, la creatividad y la cultura (Debate) defiende la fuerza del discurso sobre lo que llama “la tiranía del desparpajo”, es decir, de la personalidad. Por eso en su medio satírico creen en las ideas de todos: sus chistes nacen en el grupo de WhatsApp ( brainstorming ), los mejores van a un Dropbox, que es la nevera o el gimnasio donde esperan el momento de volverse públicos. Y hacernos reír. O pensar.
Redes, tradiciones, espacios
Aunque los proyectos tengan sus créditos, individuales o colectivos, siempre se insertan en marcos mayores, en los que sería imposible referenciar a todos los que han aportado para que una obra se volviera realidad. Junto con los innumerables objetos culturales sobre la creatividad como fenómeno psíquico, personal o en equipo, se han publicado recientemente también muchos que hablan de esos contextos, como los talleres y estudios, los laboratorios y academias, las tradiciones de lectura.
“Durante un periodo relativamente breve, en los siglos XVI y XVII, el espacio doméstico sirvió de puente entre el monasterio y el laboratorio como lugar para la práctica de la filosofía natural”, escribe Violet Moller en En el palacio de los astrónomos. La transformación de la ciencia en la Europa del norte del siglo XVI (Taurus). La historiadora y escritora analiza el taller del artista Durero en Núremberg, el castillo de Rodolfo II en Praga (con sus jardines y gabinetes para la observación y las colecciones) o el primer laboratorio científico de una universidad (en Leiden, Países Bajos, 1669). Esos centros del saber y la experimentación no están sólo conectados por el viaje, como los que hizo Durero a Venecia, o la circulación de libros y objetos, desde el sextante o el reloj hasta el microscopio; Moller destaca también “el programa educativo y las becas”, que impulsó el teólogo Felipe Melanchthon –colaborador de Lutero–, porque “ampliaron la base intelectual de la sociedad, permitiendo que personas como Ursus, hijo de criador de cerdos, pudieran formarse y alcanzar puestos tan altos como el de matemático imperial”. Y hace hincapié en cómo la expansión del protestantismo como religión mayoritaria impulsó la fundación de “cientos de nuevas universidades”. La democratización de la lectura y la escritura fue conduciendo a la redistribución de la creatividad.

La lectura de Sembrar palabras (Espasa), de Ana Santos, evidencia que ese camino fue mucho más difícil para las de mujeres intelectuales que durante casi cinco siglos cultivaron las letras y la cultura en España. Empieza con “las nobles, las monjas y las ricas” del siglo XVI, que encontraban la lectura en las colecciones privadas de libros y en los conventos, y avanza hacia los salones, las tertulias y las escuelas públicas. No se entienden el arte, la literatura y el saber sin la política y sus arquitecturas. En su ensayo, la exdirectora de la Biblioteca Nacional recuerda que la red de bibliotecas e internet han permitido “el acceso a la información”, lo que ha permitido romper “la burbuja en la que vivían algunos privilegiados”, y ahora el conocimiento “se comparte y se mejora de forma colectiva”. Las infraestructuras cambian radicalmente la creación artística, tecnológica y científica. Cuando aumentamos la escala, la idea de genio nos parece cada vez más pequeña.
Si los libros sobre la historia del libro emergieron en el cambio de siglo por la irrupción de internet y la conciencia de una amenaza, de un posible crepúsculo; si el cine celebró su centenario con películas y documentales que exploraban su genealogía y se enfrentaban a YouTube; los relatos y análisis en varios medios sobre la creación y los procesos creativos se multiplican en un nuevo contexto, el de la producción automática de textos, imágenes, vídeos. Ante la inteligencia artificial generativa la reflexión sobre cómo creamos literatura, cómic, películas o música se está volviendo estructural.
⁄ Los grandes creadores son eruditos, estudiantes compulsivos y combinan la pasión hacia un linaje y el querer transformarlo
La tendencia tiene algo de gesto desesperado, mucho de reivindicación, tanto de buscar o reafirmar caminos. Si los grandes modelos de lenguaje utilizan todo el poder de la supercomputación para producir discurso, tal vez nosotros debamos potenciar tanto el talento propio como los enjambres, con las últimas tecnologías como amplificadoras y aliadas. Perfeccionar, con una nueva conciencia ante la amenaza nueva, lo que hemos hecho durante miles de años.