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Claves para adaptarse a las crisis del mundo que nos rodea

DE LAS SITUACIONES EXTREMAS A LA VIDA COTIDIANA

Christian Clot, aventurero, explorador e investigador, proyecta las técnicas de adaptación en situaciones extremas a las situaciones y retos cotidianos actuales

Christian Clot habla para la prensa tras la experiencia de vivir, junto a un grupo de personas, 40 días en una cueva sin sol ni relojes

Christian Clot habla para la prensa tras la experiencia de vivir, junto a un grupo de personas, 40 días en una cueva sin sol ni relojes

FRED SCHEIBER / AFP

Entre diciembre de 2022 y junio de 2023, diez hombres y diez mujeres viajaron “más de 110 días” con kayaks, esquíes o carros por la Amazonía, el desierto de Nafud y las llanuras laponas soportando temperaturas que oscilaron de los 58 grados a los 38 bajo cero. Integraban la expedición Deep Climate impulsada por Christian Clot (1972), el explorador franco-suizo que en 2014 creó el Human Adaptation Institute para indagar en Las claves de la adaptación humana, título, además, del libro con el que Clot reclama atención para este concepto clave si deseamos sobrevivir como especie. Porque una especie que cree mejorar “destruyendo los recursos que la alimentan y los ecosistemas asociados, no se ha adaptado”.

Clot fija en 2010 la fecha en la que la palabra adaptación –introducida en 1809 por Lamarck como pilar de la evolución, y luego superexpandida por Darwin– recobró impulso mundial ante la avalancha de cambios que afrontaba el planeta. Había que adaptarse al derrumbe del sistema financiero post 2008, a la contaminación desbocada, al cambio climático, las nuevas tecnologías… Y hacerlo rápido.

⁄ Tres momentos: la sobreactividad suscitada por lo nuevo; la apatía; y la epifanía, que acerca la nueva realidad

Históricamente, el ser humano ha experimentado cambios de cuatro tipos: sistémicos, medioambientales, sociales y tecnológicos. “Lo nuevo y único en la historia moderna –escribe Clot– es la simultaneidad de tres cambios”: el social, el tecnológico y el medioambiental. Que se producen a velocidad nunca vista. Cada día nos exponemos a más de una cincuentena de gigabytes de información, diez veces más que hace cien años. Vivimos tres veces más que hace un siglo. ¿Cómo procesa eso un humano?

Para asimilarlo, Clot propone esta especie de manual de adaptación ilustrado con episodios históricos, reflexiones clásicas y vivencias extremas vividas por él mismo, cuajando un atractivo híbrido que bascula entre el estudio científico, el libro de aventuras y la guía práctica, e incita a actuar. Porque la adaptación también se entrena. Puedes ser víctima de un tsunami, un atropello o un volcán y no quedará más remedio que intentar superarlo, pero incluso para eso, afirma, puedes prepararte un poco.

Portada de 'Las claves de la adaptación humana', de Christian Clot
Portada de 'Las claves de la adaptación humana', de Christian Clot

En cualquier caso, adaptarse requiere esfuerzo y tiempo. Y pasa por tres momentos: la sobreactividad suscitada por lo nuevo; la apatía; y la epifanía, que lleva a comprender la nueva realidad, intuir el futuro y reconstruir hacia él. Tener un abanico amplio de experiencias e interacciones con lo distinto suele ayudar a adaptarse. Por eso, la pérdida de entorno natural y el aislamiento de nuestra especie en lugares sobreprotegidos, con tanta dependencia de por ejemplo la electricidad, está restando posibilidades de sobrevivir a millones de personas si las cosas se ponen feas.

Al aislarnos de otros seres hemos roto nuestro equilibrio natural. Y resulta llamativo, observa Clot, que todos los planes de adaptación futura no incluyan el factor humano. Se diseñan pensando en organizaciones, en macroestructuras, en máquinas, con intenciones políticas o empresariales, sin valorar que las imprescindibles tecnologías sustitutas requerirán una adaptación humana, y alterarán nuestro comportamiento… el comportamiento de quienes deberán ejecutar esos planes.

Consejos para sobrevivir mejor

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Coopera, con los no humanos también. Teniendo en cuenta que la humanidad está reduciendo su capacidad de supervivencia como especie a fuerza de aislarse del entorno natural, Clot recomienda contactar y colaborar con todo lo no urbano que nos rodea. El colectivo actuando en red funciona. Las plantas son un ejemplo.

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Ten miedo. Un miedo que no impida explorar lo recóndito pero frene en situaciones demasiado arriesgadas. Trabajar los miedos enfrentándolos permite encontrar el punto adecuado, no superar ciertos límites.

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Ten esperanza. Si crees que hay una salida posible, es más fácil que la encuentres, incluso que la imagines.

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“Nuestra supervivencia dependerá de recuperar el dominio del tiempo”. Clot alude al tiempo cognitivo propio, a no extraviarse en el alud de informaciones que nos reclaman sin parar. Preserva tu espacio mental. “Tu tiempo de cerebro”, escribe.

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Actúa de acuerdo a tus capacidades. Amortiza al máximo tus talentos y energía, sin sobre ni infraestimarte.

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Para lograr todo esto será decisivo haber entrenado tu plasticidad cerebral viajando, interactuando con seres y espacios, ejercitando tu cuerpo para que pueda responder del mejor modo en el mayor número de situaciones posibles. Cultiva la variedad. Ante una nueva situación, no compares, no te estanques, no juzgues. “Las personas que mejor se adaptan –escribe Clot– son las que aceptan nuevas situaciones con mayor rapidez y las que han tenido experiencias más variadas. De las que han podido aprender”.

Para adecuarnos al nuevo mundo, Clot está del lado de la “mitigación”, eufemismo de “decrecimiento” o “recesión”. Se diría que no quiere asustar a una opinión pública predispuesta contra el recorte. Pero la mitigación, advierte, solo se consumará franqueando un período adaptativo. Porque ¿quién cambia su vestuario o deja de comer carne de pronto? Hay que ir filtrando mensajes que muestren los efectos de comprar ropa confeccionada por neoesclavos o de comer animales insanos, y emocionar a los individuos hasta provocar su reacción.

Por eso, también recomienda practicar las emociones. Entre las 27 categorías de emociones identificadas, destaca dos básicas: alegría y miedo. “Si estoy vivo tras casi treinta años de expediciones –resume– es porque tengo miedo”. Cosas que ha aprendido ante una situación nueva: no compares, no te estanques, no juzgues. Y confía en las personas.

Fue a lo que se obligaron él y los miembros del experimento que les llevó a vivir 40 días en una cueva bajo tierra sin acceso a información temporal, sin sol ni relojes. Tras unos primeros días sobreexcitados, todo el mundo pareció apagarse. Mantuvieron la actividad, pero a un ritmo mucho más bajo. Hasta que, por algún motivo, recobraron la chispa, hasta construir una especie de hogar. Cuando les avisaron del final de la prueba, se sorprendieron acomodados a su cotidianeidad subterránea. Lo que más les asombró fue la calma que sintieron allí abajo. Al disponer de tiempo propio, sin interrupciones, sus biorritmos se normalizaron alcanzando una tranquilidad inesperada. También comprendieron que esa calma llegó gracias al grupo. Y que hombres y mujeres se adaptan con igual facilidad.

/ Para adecuarnos al nuevo mundo, Clot está del lado de la “mitigación”, eufemismo de “decrecimiento” o “recesión”

La pandemia fue muy didáctica para evaluar las capacidades de adaptación colectiva, y la dinámica posterior. Clot se reconoce alarmado por la ausencia de cambios globales que auguren una mejor reacción ante una crisis similar. Así que sugiere espabilarnos al margen de grandes instituciones y gobiernos, instruirnos junto a gente cercana para los próximos desafíos, y, con amigos y vecinos, avanzar.

La confianza en los demás es fundamental para afrontar las nuevas urgencias globales. De ahí, dice Clot, la importancia de alejarse de influencers tipo Trump, Bolsonaro o Musk, empeñados en socavar esa confianza proyectando mentiras. “Hay que formar a los políticos”, remata con la sobriedad que caracteriza al libro, como si se tratara de una solución científica, dispuesto a convencer a base de hechos objetivos, datos, experimentos… sin renunciar al latigazo contra quienes boicotean nuestras inclinaciones solidarias. “Su poder (el de los boicoteadores) es menor que el que ustedes pueden desplegar actuando juntos”. ¿Utopía? Recurre a ejemplos como Ruanda, donde hutus, tutsis y batwas hallaron fórmulas para reconciliarse tras el genocidio. O como Canadá, Finlandia o Singapur, países a la vanguardia de la adaptación gracias a los retoques introducidos en su sistema educativo.

Christian Clot (Neuchatel, 1972) es autor de varios libros sobre sus experiencias y dirige el Human Adaptation Institute. 
Christian Clot (Neuchatel, 1972) es autor de varios libros sobre sus experiencias y dirige el Human Adaptation Institute. Eric Fougere - Corbis / Getty

La victoria de Nelson en Trafalgar tras enseñar a sus capitanes a atacar por los flancos, la supervivencia de Schakleton y su tripulación varada en la Antártida o cómo la sociedad noruega bloqueó la extracción de minerales en su fondo marino son otras perlas del escaparate exhibido para demostrar que es posible organizarse para al menos contener el impacto de las amenazas que ya están aquí, desde la contaminación al calor intenso. Prosperar también implicará respetar las singularidades, tasar a las empresas por criterios medioambientales y sociales, regular la Inteligencia Artificial y confiar cada cual en la importancia de sus propios gestos, convenciéndonos de que, por pequeños que parezcan, merecen la pena. Adaptarse será más fácil, sugiere Clot, si nos preguntamos en qué país nos gustaría vivir dentro de treinta años.

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Christian ClotLas claves de la adaptación humana Libros de Vanguardia. Traducción de Héctor Ruiz Rivas. 247 páginas. 19,95 euros

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