‘Treballs forçats’: ¿cómo ve un sordo al que oye?
Teatro
La comprensión entre sordos y oyentes centra el argumento de esta obra que la compañía Ça Marche presenta en el Teatre Lliure
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Pepita Cedillo en la obra 'Treballs forçats'

Los que oyen, que son una mayoría, a menudo limitan el mundo de los sordos. Por ello los sordos se reivindican con capacidad para hacerlo todo, también como creadores de arte. Con esta premisa se construye Treballs forçats, de la compañía Ça Marche, que se estrena en el Espai Lliure, dentro del Projecte Ànima Lliure del Teatre Lliure y la Fundació Banc Sabadell. La dramaturgia es de Roberto Fratini y la dirección, de Nico Jongen.
La compañía Ça Marche, que nació en el 2015, explora en este espectáculo las dificultades de comunicación entre los sordos y los oyentes, que son extrapolables a otras situaciones, asegura el director. “Somos una compañía que tendemos a trabajar con intérpretes no profesionales, que podrían pensar que no tienen el derecho de pertenecer al mundo de las artes escénicas. Con Treballs forçats hace tiempo que nos preguntamos eso y también qué es la comunicación”.
“Es un espectáculo desajustado, que requiere un esfuerzo del público oyente”, declara Jongen
“Yo no tenía ninguna relación con la comunidad sorda –continúa Jongen–, pero sí quería acercarme para crear un espectáculo sobre esta comunicación. Antes de hacerlo, recibía mucha información como oyente de que la comunidad sorda es una comunidad muy cerrada. Cuando me acerqué, descubrí que era un prejuicio creado por la imposición de la oralidad. El espectáculo empieza desde aquí, intentando desmontar esa idea porque no es real”.
Berta Frigola, que colabora en el espectáculo, asegura que se trata de “la importancia de la comunidad sorda: signar [hablar con lenguaje de signos] es una manera de expresarse e incluir la comunidad oyente; con el espectáculo nos damos cuenta de cómo es el mundo sordo y trabajamos para abrir la mente para que este proceso pueda ser incluyente y continuado en el tiempo. En las sociedades se imponen las mayorías, pero las minorías también importan y por eso todo el mundo tiene que aportar su grano de arena para superar las dificultades de comunicación”.

El director manifiesta: “El espectáculo se construye con lo que creamos todos juntos, a partir de una idea inicial. Pepita Cedillo me aportó muchas cosas a partir de todos los libros que ha escrito”. Ella es uno de los intérpretes, que se congratula de que en la obra se junten las dos comunidades, la sorda y la oyente: “Yo he nacido sorda y siempre he tenido la curiosidad sobre qué piensa la comunidad oyente de la comunidad sorda”. Y confiesa, sin querer ir más allá, que “la obra es una mezcla de ficción y de experiencias propias”.
En el proceso de creación, Jongen recuerda: “En los primeros meses hubo malentendidos de comunicación. Y eso que podría parecer que nos podía alejar, precisamente nos acercó al proceso de intentar entendernos. Es un espectáculo todo el rato desajustado, donde el espectador oyente tiene que hacer un esfuerzo para entender lo que está pasando”.
Treballs forçats incluye una posfunción, un coloquio posterior. “Bajamos el telón y podemos hablar de todo, rompiendo los miedos y los prejuicios –continúa Cedillo–. El público sordo y el público oyente se pueden comunicar sin miedo”. Javi Díez, otro de los intérpretes, apostilla: “El espectáculo rompe la lógica de la accesibilidad y se hace abarcable a las dos comunidades. Las personas sordas también son creadoras de cultura y a menudo queda cerrada en esta comunidad; así lo podemos compartir más allá”.
Y el director concluye: “Intentamos no ser paternalistas, poniéndonos en un lugar muy responsable. La parte sonora es importante, y utilizamos la vibración para llegar a las dos comunidades, que es una especie de puente entre las dos plateas. Tenemos que redefinir la palabra inclusión, y la inclusión en las artes”.
