De nuevo una eliminatoria complicada en la Copa del Rey, donde los equipos de Segunda han querido demostrar que el nivel del fútbol español está muy igualado y que en muchas ocasiones el diferencial de calidad individual se puede compensar con el juego colectivo. La colectividad cuando se aplica correctamente nunca da la resultante de la suma de las individualidades sino algo superior. Y si se produce esa situación, en muchas ocasiones se debe considerar que una victoria por la mínima ante un equipo de Segunda no debe ser tratada despectivamente.
Durante la primera mitad, el Barcelona se instaló permanentemente en el campo del Racing, pero fue tanto por el interés azulgrana por resolver la eliminatoria como por la defensa de cinco hombres de los cántabros, que quisieron tapar las bandas y proteger el área con muchos jugadores presentes. El Barcelona lo intentó una y otra vez pero su fútbol podemos indicar que careció de tres recursos. El primero fueron los pocos unos contra uno, sobre todo en la banda. Si no te desgastas en este sentido, es difícil que generes dudas en los laterales, será imposible que cargues con tarjetas a los defensores y, lo que es peor, es imposible que obligues al rival a decantar jugadores hacia la zona del uno contra uno y así liberar a los jugadores del centro del centro del campo. El segundo, la falta de la aparición de los mediocentros para desplazar el juego de una banda a otra y así amplificar los metros cuadrados de la zona de ataque. Cuando una defensa zonal tiene que defender, es evidente que los metros cuadrados que deje de abarcar el rival le facilitarán la tarea. El tercero es que al no ganar la banda con los uno contra uno se trataba de conseguirlo mediante la proyección de los laterales. Lo hizo mucho mejor el tándem Lamine Yamal–Koundé que no Rashford–Balde. Pero ante una defensa de perfil bajo y con cinco defensores, es un tanto utópico conseguirlo. En estos casos, es mucho mejor que la llegada del lateral se produzca después de un aclarado del espacio por parte del extremo abandonando su posición y que el asistente sea un centrocampista, una vez el lateral se proyecta por su banda.
En la segunda parte todo cambió. El Barcelona puso una marcha más para el manejo del balón, la pelota circuló de un lado a otro, hubo más verticalidad y un Racing súper digno todo el partido sufrió. Pero es hay resaltar que este Barça intenso que mejoró en la segunda mitad nunca tuvo la victoria asegurada debido al nivel de un Racing aspirante a Primera.