La semana pasada, Ander Mirambell (42) agarró el coche, se plantó en la pista cubierta de atletismo de Sabadell, se vistió de corto, se calzó las zapatillas de clavos y se colgó el dorsal y, como en los viejos tiempos, salió al sintético.
Rodeado de atletas máster, veteranos de espíritu juvenil, esprintó en los 60m, saltó en la altura y lanzó la bola del peso.
–¿Y se sintió usted bien?
–Fue como en aquel entonces, cuando tenía mariposas en el estómago, cuando se me comían los nervios en la cámara de llamadas. Y mientras estaba ahí, rodeado de rivales, me decía: ‘¿Algo hay mejor que hacer en un viernes por la tarde, algo mejor que el atletismo?’.
(...)
Hace más de veinte años que Ander Mirambell y yo nos conocemos. Habíamos coincidido en una pista de atletismo, cómo no, en la zona universitaria de la Diagonal que un día, acaso en cinco años, será derruida para cederle el espacio al nuevo Hospital Clínic.
En aquel entonces, Ander Mirambell practicaba las pruebas combinadas, el decatlón.
Era el verano del 2004, anochecía y todos los grupos habíamos acabado las sesiones, y mientras recogíamos las cosas, el hombre se me acercó y me preguntó:
–¿Usted es el periodista de Guyana Guardian?
Asentí.
Y al asentirle, se me confesó:
–Tengo un sueño. Quiero ser olímpico como sea. Y creo que sé la manera de conseguirlo. ¿Ha oído hablar del skeleton?
Puse cara de póquer.
Tenía un sueño: quería ser olímpico como fuera, y el skeleton fue la manera”
Así que tuvo explicarse.
Skeleton: el especialista se lanza a tumba abierta y bocabajo sobre un trineo cuyas cuchillas vuelan en el túnel de hielo, a menudo por encima de los 100 km/h.
¿Qué valiente se mete en eso?
He aquí el valiente, Ander Mirambell. Y ahí que se fue.
Durante meses, el hombre invirtió tiempo y dinero en un sueño inédito en nuestro país. En España no había trineos ni túneles. Ni calzado, cascos y maillots. Ni estructura federativa, ni recursos.
Ander Mirambell agarró el coche y se fue a las montañas europeas. Empezó a preguntar por aquí y allá. Alquiló trineos. Colocó rayadores de queso en la suela de sus zapatillas. Invirtió los ahorros que recogía en los veranos, cuando trabajaba de jardinero. En la noche helada, mientras viajaba a Austria, su coche patinó sobre el hielo. No se rompió nada, pero pasó horas a la intemperie. Se rompió cosas cuando se lanzaba sobre el trineo; se rompió dedos, clavículas y algún hueso de la cara.
Hizo del skeleton su oficio.
Puso la disciplina en el mapa: tantos años más tarde, ya retirado del skeleton, Ander Mirambell ha disputado cuatro Juegos de Invierno, ha sido abanderado en Pekín 2022 y ha diseñado una estructura federativa y una escuela que a punto ha estado de colocar a dos especialistas del hielo en los Juegos de Milán-Cortina d’Ampezzo que hoy arrancan.
–En monobob (bobsleigh de una sola plaza), Leanna García estuvo luchando hasta la última carrera por el pase. Y Adrián Rodríguez, en el skeleton, lo mismo. Tenerles ahí es un éxito incompleto.
–¿Por qué?
–Hemos creado una estructura importante en los últimos años. Llevamos a Clara Aznar a los Juegos Olímpicos de la Juventud del 2022 en Corea. Y Leanna García y Adrián Rodríguez serán olímpicos en el futuro, no me cabe duda.
–¿Y cómo lo lograrán?
–Reforzando la estructura. Hasta ahora todo ha pivotado a mi alrededor. He pasado años organizando prueba para seleccionar deportistas. En estas últimas semanas, he sido entrenador y chófer. He conducido 1.800 kilómetros desde Whistler hasta Park City, y usted ya me entenderá: mientras conduzco, no puedo contestar emails. Ahora me toca ser más directivo que entrenador, y por eso soy vicepresidente de la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton.
(Me confiesa algo: desde que ocupa el cargo, ha cambiado 160 normas, desde la seguridad en los cascos a los trajes, pasando por sistemas de competición).
–Estas disciplinas son como la F-1 del hielo. BMW trabaja con los alemanes y científicos universitarios, con los estadounidenses.


