La borrasca Ingrid castiga con severidad la fachada atlántica, extendiendo su manto de destrucción por Portugal, España y Francia. En territorio portugués, el temporal azota los distritos de Oporto, Viana do Castelo y Braga, donde las rachas de viento de hasta 100 km/h derriban estructuras y el oleaje de diez metros obliga a cerrar puertos. En este preciso instante, la nieve bloquea aldeas en el norte luso, mientras las inundaciones anegan zonas bajas del litoral.
En España, Galicia y la cornisa cantábrica registran centenares de incidencias por caídas de árboles y cortes ferroviarios, mientras en Francia, el frente golpea ya Bretaña y los Pirineos con fuerza huracanada. Ingrid no es una amenaza lejana; es una realidad que paraliza comunicaciones y causa daños estructurales masivos en los tres países, recordándonos la vulnerabilidad de nuestras infraestructuras ante una atmósfera que ruge sin descanso en este mismo momento.

















