Javier Cámara, actor con 59 años, respecto a su fase de vida más actual: “Si viviéramos más de cara, no tan de espaldas a la muerte, seríamos más felices”
'El sentido de la birra'
El artista riojano se expresó con gran firmeza y franqueza, ya que suele tratar con bastantes personas de avanzada edad.
Javier Cámara, intérprete, 59 años: ''El público va configurando tu trayectoria. Recuerda los logros, aquello que le conmovió, y se desprende de lo que no le complació''

Javier Cámara
Javier Cámara destaca como una de las figuras más identificables dentro de la escena actoral en España. Durante el pasado reciente, el natural de Albelda de Iregua ha exhibido diversos registros y perfiles, incluyendo esa vertiente cómica con la que dio vida a Paco en 7 vidas. Rapa, Narcos, The Young Pope y The New Pope, Vota/Vamos/Venga Juan o Yakarta representan parte de las producciones televisivas donde ha colaborado, además de su trayectoria cinematográfica. No obstante, existen televidentes que no lo recuerdan, según comentó recientemente en El sentido de la birra.
El intérprete de La Rioja visitó hace poco el espacio de Ricardo Moya con el fin de participar en una charla detallada en la que abordó diversos temas, incluyendo el recuerdo del público. No obstante, uno de los puntos más impactantes y directos se centró en la existencia y, de forma particular, en el fallecimiento. Conforme relataba bajo la observación del conductor, el artista se encuentra cerca de personas que rechazan el final de la vida. Específicamente, se refería a ancianos que no quieren fallecer, aun cuando se trata de una realidad ineludible al reflexionar durante la vejez.
“La putada es que nadie nos queremos morir. Y que incluso cuando más viejo te haces, que ahora tengo gente mayor muy cerca, no se quiere morir. Lo que pasa es que no quieres ser un decrépito y no quieres que te duela todo. Y no quieres no poder levantarte de la cama y no quieres estar mal y estar enfermo y estar en un hospital. No quieres. Quieres... Vivir con dignidad, ir al cine… Y joder, has estado pagando toda la vida impuestos, pues dices ‘Ahora que tengo una jubilación quiero estar en mi casa, ir al cine’”, recalcaba.
“Encima hay precios estupendos, ir a Benidorm unos días. Quiero gozarlo. La futilidad del tiempo es que es así. Si viviéramos más de cara, no tan de espaldas a la muerte, yo creo que seríamos más felices. Porque viviríamos el momento con mucha mayor intimidad y disfrute, creo. Creo que es una sociedad en la que vivimos de espaldas, un poco, al dolor y a la muerte”, sostenía. Respecto a la audiencia, son los propios individuos quienes definen su trayectoria como observadores: independientemente de la calidad técnica, el afecto o el esmero invertido en una producción audiovisual, el espectador únicamente la retendrá en su memoria si resulta de su agrado.
Depende de los demás
“La gente se acuerda de lo bueno. La gente se acuerda de lo que le ha emocionado y se olvida bastante de lo que no le ha gustado. A mí me ha hecho una criba la gente, me ha hecho el currículum: ‘Cómo me gustó aquello, cómo me gustó esto, no sé qué…’. Y digo, hostia, entre esa y esa había tres películas que no me las nombran, no se acuerdan, no les marcó y eran películas esforzadas, con guiones decentes”, exponía bajo la atenta observación de Moya. Cámara utilizó como referencia la producción que permitió a la audiencia española conocerle con mayor detalle: Torrente.
Deseo expresar que en un tiempo en el que quizás no tenías tanta libertad de elección, no considero haber tenido mala fortuna, pues he llevado a cabo proyectos que la audiencia no suele destacar. El público opta por lo que desea. Así, cuando se manifestó Torrente o cuando surgió 7 vidas, las personas se aferran a esos hitos. Y Torrente podrá ser cuestionable, pero el público lo retiene y lo valora. La gente es la que va elaborando tu trayectoria. Ya no tengo claro lo que he realizado, solo recuerdo lo que los demás relatan.

