El pasado de Daniel Illescas antes de alcanzar el éxito en las redes y la televisión: de la dura separación de sus padres a su trabajo en un supermercado
De raíces humildes
Desde su etapa como cajero de camping hasta su consolidación en el entorno digital y televisivo, el creador de contenido barcelonés esconde una historia de superación personal marcada por la inestabilidad familiar y el esfuerzo

Daniel Illescas, en una imagen de archivo.

El paso de las semanas ha dictaminado que, como ya ocurrió durante su participación en MasterChef Celebrity allá por 2023, es uno de los favoritos para hacerse con el triunfo en El desafío. Daniel Illescas, que esta noche se enfrenta a uno de los retos más extremos de la sexta temporada del espacio en Antena 3 –la prueba del columpio bajo el fuego–, ha logrado posicionarse como un rostro imprescindible del entretenimiento nacional. Su perfil, curtido en la exposición constante de viajes por ochenta países y deportes de riesgo, conecta con una audiencia masiva que suma tres millones de seguidores entre YouTube, Instagram y TikTok.
Sin embargo, tras la estética cuidada de sus redes sociales y su actual estatus de celebridad, reside un pasado de austeridad y responsabilidades prematuras. Aunque para el gran público televisivo pueda parecer un recién llegado favorecido por la suerte algorítmica, su realidad fue muy distinta antes de que el éxito llamara a su puerta. Nacido en 1993 en Santa Perpétua de Mogoda, el joven catalán se vio obligado a construir su propio camino desde una adolescencia que distó mucho de ser un idilio digital, trabajando activamente desde los catorce años.

Etapas convulsas
Un divorcio traumático y la mudanza clave al barrio de Poblenou con su abuela
La estabilidad de Daniel Illescas se quebró a los dieciséis años con la separación de sus padres, un proceso que él mismo calificó como “traumático” en su libro Be part of it, publicado en 2019. “De repente la familia, ese lugar en el que siempre te has sentido protegido, se desmorona”, confesaba el influencer al recordar cómo su madre se trasladó a Castellón con su hermano pequeño, Joel, mientras su padre se instalaba en Tordera. Ante la difícil tesitura de elegir con quién vivir, optó por una tercera vía: el hogar de su abuela Carmen en el barrio de Poblenou, en Barcelona.
Esta decisión fue determinante para su desarrollo personal y profesional. Carmen, conocida por su comunidad como la “iaia Carmen”, no solo le ofreció refugio y afecto, sino que se convirtió en el pilar fundamental que le permitió crecer “de manera sana y sin miedos”, según relata en su obra autobiográfica. Aquella etapa en un entorno urbano y humilde forjó su carácter, obligándole a compaginar sus primeros sueños en el mundo de la moda con la necesidad imperante de contribuir a la economía doméstica.
Sus inicios en la industria no fueron sencillos debido a los estándares de la época. A pesar de su 1,80 de estatura, en los castings de pasarela era considerado “bajito”, lo que limitaba sus ingresos de forma considerable. Fue entonces cuando descubrió en la hoy extinta plataforma Fotolog un escaparate para sus primeras sesiones fotográficas. Un fotógrafo profesional, Miguel Ángel, se fijó en su perfil y se convirtió en su mentor, aunque el camino hacia la profesionalización todavía requeriría de varios empleos alejados de los focos.

Primeros pasos laborales
De cajero de supermercado a dependiente de moda antes de la eclosión digital
Para mantenerse en las épocas de escasez de castings, el ahora concursante de El desafío encadenó trabajos de carácter puramente alimenticio. “Mi primer trabajo fuera del mundo de la moda fue en el supermercado de un camping”, explica en su libro sobre una etapa donde la prioridad era la supervivencia. Posteriormente, consiguió un puesto como dependiente en la tienda de ropa Hollister, donde pasaba horas doblando camisetas mientras soñaba con las oportunidades internacionales que empezaban a asomar tímidamente en su horizonte.
El punto de inflexión llegó cuando su mentor le planteó una pregunta definitiva: “¿Tú qué es lo que quieres ser?”. Esa reflexión le impulsó a dejar la seguridad del contrato en la tienda para apostar todo por su carrera como modelo y creador de contenido. A partir de 2017, su suerte cambió; diversificó sus publicaciones hacia el estilo de vida, la aventura y el altruismo, especialmente tras su experiencia solidaria en Kenia con la asociación Índigo, lo que terminó por disparar su popularidad.
A febrero de 2026 y consolidado sentimentalmente junto a la modelo Katia Gutiérrez-Colomer tras otro mediático romance con Laura Matamoros en 2019, Illescas mira atrás con el rigor de quien conoce el valor del esfuerzo. Su participación en programas de máxima audiencia no es sino la última etapa de un viaje que comenzó en las calles de la ciudad condal. Un pasado que esta noche, cuando se juegue el tipo ante las cámaras, le permite hacerlo con la misma determinación con la que hace quince años decidió que su futuro no se limitaría a los muros de un comercio turístico.