Gente

La vida fuera del foco de Marián Flores, la madre de Laura Matamoros y tía de Carlo Costanzia que triunfó como azafata del ‘Un, dos, tres’

En el anonimato

Retirada de la primera línea mediática desde hace décadas, la hermana de Mar Flores ejerce de nexo de unión silencioso en medio del último conflicto televisado entre sus hijos y sobrinos

Marián Flores, en una imagen de archivo.

Marián Flores, en una imagen de archivo.

Terceros

La guerra sigue abierta. Esta noche, Carlo Costanzia se sienta de nuevo en el plató de ¡De viernes! Para responder a las duras acusaciones de su prima, Laura Matamoros. El conflicto, que ha escalado tras un tenso incidente en un coche y las posteriores críticas de Diego Matamoros en redes sociales, ha vuelto a fracturar la armonía de una de las sagas más mediáticas de España. Sin embargo, tras el estruendo de los reproches y la frialdad de los platós, emerge la figura de Marián Flores como el vínculo biológico y emocional que une a ambos bandos. Ella es el origen discreto de un árbol genealógico que hoy se agita bajo el foco, pero que en su día tuvo en ella a su primera gran estrella televisiva.

Mientras Mar Flores sigue ocupando titulares por la reciente publicación de sus memorias Mar en calma o su actual participación en DecoMasters, su hermana mayor ha optado por el camino inverso: el de la renuncia absoluta a la fama. Marián, que fue el espejo en el que se miró su hermana pequeña antes de que ambas se convirtieran en los rostros más buscados del país, vive hoy una realidad de absoluta austeridad y retiro. Es el hombro en el que Mar llora cuando las entrevistas de Carlo padre e hijo arrecian, según confirmaba la propia Laura Matamoros en Vamos a ver meses atrás. Esta sintonía entre hermanas, inalterable a pesar de las deudas del pasado y los conflictos presentes, sitúa a Marián en una posición de mediadora invisible que prefiere el silencio a la compensación económica de una exclusiva.

Otros tiempos

El brillante pasado de Marián Flores en TVE y su etapa como redactora en la sombra

María de los Ángeles Flores Caballero, conocida como Marián Flores, nació en Madrid en 1956 y comenzó su andadura profesional en las labores de secretariado de RTVE. Su destino cambió cuando Chicho Ibáñez Serrador la descubrió en un casting, incorporándola en 1976 como azafata del mítico Un, dos, tres... Responda otra vez. Durante dos años, su rostro fue uno de los más populares del país, compartiendo pantalla con Victoria Abril y protagonizando portadas de la crónica social. Aquella joven que soñaba con ser actriz abandonó el foco tras su primer matrimonio con José Javier Ortega en 1977, aunque su regreso indirecto a la prensa llegaría años después de la mano de su segundo marido, Kiko Matamoros.

El destino de Marián cambió cuando Chicho Ibáñez Serrador la descubrió en un casting, incorporándola en 1976 como azafata del mítico 'Un, dos, tres... responda otra vez'.
El destino de Marián cambió cuando Chicho Ibáñez Serrador la descubrió en un casting, incorporándola en 1976 como azafata del mítico 'Un, dos, tres... Responda otra vez'.YouTube

La relación con Matamoros, iniciada en 1984, marcó su vida personal y profesional. Tras una etapa en Sevilla donde nacieron sus cuatro hijos –Lucía, Diego, Laura e Irene–, el traslado a Madrid en 1992 para impulsar la carrera de Kiko como representante terminó por dinamitar la unión. Mientras su marido se convertía en un personaje omnipresente en la televisión nocturna, Marián se recluyó en el anonimato. Tras la separación en 1998, su situación económica se volvió precaria, llegando a vivir en el barrio de Usera con sus padres. Fue entonces cuando regresó a la televisión, pero de una forma radicalmente distinta: trabajando en la redacción de Telemadrid, lejos de los focos que un día la iluminaron.

Su rechazo a la vida pública ha sido tan férreo que incluso sus hijos se sorprenden cuando logran acercarla a una cámara. En 2017, durante la final de Supervivientes, hizo una excepción histórica para recibir a su hija Laura en las instalaciones de Telecinco. La reacción de la finalista del reality fue reveladora: “No me lo puedo creer. Esto para ti es imposible”. Aquella aparición, fugaz y cargada de timidez, confirmó que Marián no busca el rédito mediático, sino el bienestar de sus vástagos.

En 2017, durante la final de Supervivientes, hizo una excepción histórica para recibir a su hija Laura en las instalaciones de Telecinco.
En 2017, durante la final de Supervivientes, hizo una excepción histórica para recibir a su hija Laura en las instalaciones de Telecinco.Telecinco

Un momento dulce

La matriarca ha celebrado sus 70 años volcada en sus hijos y en la próxima boda de Irene

El pasado 18 de enero, Marián celebró su 70 cumpleaños rodeada de sus cuatro hijos en una íntima reunión familiar que Laura Matamoros compartió parcialmente en sus redes. En las imágenes se pudo ver a una Marián feliz, soplando las velas junto a sus nietos, en un entorno donde la figura de Kiko Matamoros está totalmente vetada. Este aniversario ha servido para afianzar la unión de los hermanos ante un 2026 que se presenta convulso por los enfrentamientos televisados entre los miembros del clan. 

Su realidad actual está marcada por la ilusión de la próxima boda de su hija menor, Irene, que contraerá matrimonio este mes de marzo con Pedro Romero en Córdoba. En las pruebas del vestido de la diseñadora Claudia Llagostera, se ha podido escuchar de nuevo la voz de Marián, aunque siempre evitando mostrar su rostro ante el objetivo del móvil de su hija. Ante la visión de Irene vestida de blanco, la exazafata no pudo ocultar su emoción: “Yo estoy de los nervios, atacada”, confesaba en un vídeo de Instagram.

La discreción de Marián contrasta con la exposición de su sobrino Carlo esta noche en televisión. Mientras los platós analizan cada frase del hijo de Mar Flores, su tía prefiere seguir siendo el refugio seguro para sus hijos y el apoyo incondicional para su hermana. Alejada de los juicios públicos y de la guerra de declaraciones, representa la cara B de la fama: aquella que, tras conocer las mieles del éxito y las hieles del escándalo, decidió que la verdadera libertad consistía en que nadie volviera a pronunciar su nombre en un plató de televisión.