Europa se apresta a defender el Ártico
El nuevo orden mundial
La crisis por Groenlandia desatada por Trump lleva a los aliados europeos de la OTAN a rebatirle reforzando la seguridad en la isla
El objetivo, según el secretario de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, es que “rusos y chinos no obtengan acceso a Groenlandia ni militar ni económico”

El general danés Søren Andersen, hablando a militares daneses y franceses de maniobras en Kangerlussuaq (Groenlandia), en septiembre del 2025, en las que participaron también soldados de otros países

Los países europeos de la OTAN, todavía con el susto en el cuerpo tras el virulento acoso de Donald Trump a Groenlandia, y pendientes del inconcreto preacuerdo que deberá desarrollarse en conversaciones entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, se aprestan ahora a redoblar la defensa del Ártico.
Aliviados por haber logrado frenar la acometida, los aliados europeos buscan ahora contener a Trump rebatiendo una acusación que el presidente estadounidense ha aireado una y otra vez: las amenazas rusa y china que penden sobre la estratégica isla ártica, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, y que según él solo el poderío militar de Washington es capaz de contrarrestar.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, con quien Trump se avino al preacuerdo el miércoles durante el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), dijo al día siguiente en ese mismo foro: “Una línea de trabajo que surgió ayer es asegurarnos, en lo que respecta a Groenlandia en particular, de que los chinos y los rusos no obtengan acceso a Groenlandia ni militar ni económico”. Rutte –cuya trayectoria de adulador de Trump ha resultado útil para conseguir la marcha atrás del estadounidense– obró siempre con el conocimiento de Copenhague, según confirmó la primera ministra danesa, Mette Frederiksen.
La seguridad de la isla ártica
Dinamarca prepara maniobras militares en Groenlandia con soldados de otros países, y se baraja una misión permanente de la OTAN
El viernes en Bruselas, Rutte y Frederiksen escenificaron lo que ya era una visión compartida por las capitales europeas: robustecer la seguridad del Ártico. “Reforzaremos nuestra cooperación para fortalecer la disuasión y la defensa en el Ártico”, escribió Rutte en X. “Estamos de acuerdo en que la OTAN debe aumentar su presencia en el Ártico. La defensa y la seguridad en el Ártico conciernen a toda la alianza”, afirmó Frederiksen en la misma red social.
Estados Unidos figura por tanto en la ecuación, y una de las patas conocidas del preacuerdo es que Washington y Copenhague renegociarán el tratado bilateral de 1951 –actualizado en el 2004 para incluir a Nuuk– para que Estados Unidos amplíe su presencia militar en la isla a discreción. En realidad, el tratado ya permite tal ampliación, pero todo apunta a que renegociarlo es un modo más de aplacar a Trump, y quizá de hacer alguna otra concesión, siempre sin merma de la soberanía danesa y groenlandesa.

Estados Unidos llegó a tener miles de soldados en bases en Groenlandia durante la guerra fría, pero los fue retirando y ahora solo dispone de la base espacial de Pituffik, en el noroeste de la isla, con un contingente de 650 personas, de las que solo 200 son militares estadounidenses. El resto son civiles canadienses, daneses y groenlandeses que viven y trabajan en la base.
Dinamarca tiene en Nuuk el Mando Ártico, unidad de sus fuerzas armadas encargada de supervisar la vigilancia de esta zona del Ártico y la defensa de sus dos territorios autónomos, Groenlandia y las Islas Feroe. Su dotación es de casi 200 militares.
El primer ministro groenlandés, Jens-Frederiksen Nielsen, dijo el jueves en Nuuk que una misión permanente de la OTAN en Groenlandia sería bien recibida. Una de las opciones que se barajan es una misión similar a las lanzadas en el mar Báltico (Baltic Sentry, Centinela del Báltico) para proteger las infraestructuras submarinas, y en el este de Europa (Eastern Sentry, Centinela Oriental) para reforzar el flanco este ante la amenaza rusa.
Es Rusia, en realidad, la principal preocupación ártica de Europa y de la OTAN, pues el interés de China en la zona no es militar sino económico, y por eso inquieta sobre todo a Estados Unidos. En cambio, Groenlandia y el Ártico son espacios clave del pensamiento estratégico ruso, aunque Moscú no busque en ellos una confrontación abierta.
Groenlandia es uno de los tres elementos de un área decisiva, el corredor GIUK, que está recobrando la relevancia estratégica que tenía en la Segunda Guerra Mundial y durante la guerra fría. El corredor GIUK –acrónimo militar de las iniciales en inglés de Groenlandia, Islandia y Reino Unido– enlaza estas tres islas y los dos brazos de mar que las separan y ejerce de portal entre dos océanos. Para Rusia, el GIUK es la única entrada al Atlántico Norte desde el Ártico, por lo que vigilar este corredor es cada vez más imperativo para la Alianza Atlántica. Islandia es miembro de la OTAN pero no posee ejército, solo un servicio de guardacostas.
Por lo pronto, durante este año, Dinamarca proyecta organizar ejercicios de instrucción militar en nieve y hielo en Groenlandia con soldados de otros países, probablemente en Kangerlussuaq, en el suroeste de la isla. “En un día normal de invierno las temperaturas en Kangerlussuaq pueden bajar hasta -40 grados Celsius”, alertó el general Søren Andersen, jefe del Mando Ártico danés, para aclarar la importancia de que tropa europea no habituada al frío y al hielo se entrene in situ.
La Unión Europea -de la que Groenlandia se salió en 1985 para no estar sujeta a sus leyes de pesca– se suma al esfuerzo. Bruselas propondrá un paquete de inversiones en la isla, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció que la UE se dotará de un buque rompehielos ante el nuevo escenario ártico.