El caso Epstein provoca una intensa conmoción en el escenario político de Europa.
Los efectos de la polémica.
A diferencia de lo ocurrido en EE.UU., los hallazgos recientes sobre el magnate han provocado la caída de personalidades relevantes del continente.
Maxwell ofrece exculpar a Trump del caso Epstein si le concede un indulto

Documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos relacionados con Jeffrey Epstein

Dentro del reciente conjunto de documentos acerca de Jeffrey Epstein liberados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, surge una identidad de forma recurrente: la de Donald Trump. Se le menciona en por lo menos 38.000 momentos, según las indagaciones de The New York Times. No obstante, por ahora, no se percibe que el republicano pueda ver comprometida su presidencia debido a este asunto.
De hecho, en Estados Unidos, las sucesivas revelaciones sobre el caso han tenido consecuencias muy reducidas. Por ahora, el escándalo solo ha provocado la renuncia de algunas figuras del ámbito empresarial y académico, como Brad Karp, quien la semana pasada dejó la presidencia del bufete Paul Weiss; Larry Summers, quien tuvo que dejar la Universidad de Harvard y la tecnológica OpenAI el pasado noviembre; y Leon Black, que dejó la dirección de la firma de inversiones Apollo en 2021.
Ocurre exactamente lo opuesto de lo que sucede en Europa, donde el asunto Epstein está generando una fuerte sacudida política. Desde representantes diplomáticos hasta integrantes de la monarquía, incluyendo antiguos ministros y consejeros estatales: en fechas recientes, diversos personajes de renombre se han visto forzados a rendir cuentas por sus vínculos con el financiero, muerto en el 2019 en la cárcel mientras aguardaba su proceso por explotación sexual de menores.
Crisis en Downing Street
En Reino Unido, la situación amaga con derribar al ejecutivo de Starmer.
El clima de mayor tensión se percibe en Reino Unido, puesto que la reciente apertura de archivos oficiales ha conmocionado a dos de los organismos más relevantes de la nación: Downing Street y el Palacio de Buckingham.
El primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, enfrenta su mayor crisis desde que asumió el cargo tras revelarse la semana pasada que su exembajador en EE.UU., Peter Mandelson, había entregado secretos financieros a Epstein durante su tiempo en el gobierno de Gordon Brown. Tras esa divulgación, Mandelson —quien actualmente es investigado por la policía— abandonó el Partido Laborista y renunció a su escaño en la Cámara de los Lores, pero eso no bastó para calmar la tormenta.
Acosado por la oposición conservadora y sectores de su propio partido, el pasado domingo Starmer se vio obligado a sacrificar a su jefe de Gabinete, Morgan McSweeney,, quien en su carta de renuncia reconoció el error de haber designado a Mandelson como embajador. “No supervisé el proceso con la diligencia debida”, señaló el hasta ahora principal asesor del primer ministro. Ayer también presentó su dimisión el director de comunicaciones de Downing Street, Tim Allan, pero es poco probable que los rivales de Starmer se conformen con estos chivos expiatorios: la oposición huele la sangre y exige la caída del mandatario.

Mientras, en Buckingham, la última oleada de documentos desclasificados ha vuelto a colocar a Andrés Mountbatten-Windsor bajo escrutinio. Según las revelaciones más recientes, el hermano mediano del rey Carlos III y Epstein presionaron a una bailarina para que participara en un trío con ellos a cambio de dinero. Andrés –al que se le retiró el título de príncipe el pasado octubre– también aparece en múltiples intercambios de correo que indican que mantuvo un vínculo cercano con el financiero incluso después de que este fuera condenado por tener relaciones con una menor, y que incluso le compartió documentos comerciales oficiales.
En la jornada de ayer, la casa real actuó para desvincularse de la polémica: el rey Carlos manifestó su disposición a cooperar con las pesquisas policiales referentes a su hermano, mientras que el príncipe Guillermo y su esposa Catalina expresaron su “profunda preocupación” ante el suceso.
En la otra orilla del canal de la Mancha, en Francia, la conmoción derivada del caso Epstein posee una magnitud más reducida, si bien ha afectado plenamente a un personaje de relevancia. Hablamos de Jack Lang, responsable de Cultura en los tiempos de Françoise Miterrand, quien desde el 2013 se encontraba al frente del Instituto del Mundo Árabe (IMA).
Conforme a los registros recientemente difundidos, Lang y su hija Caroline, quien produce películas, entablaron relaciones mercantiles con el agresor sexual. Lang ha sostenido que fue presentado a Epstein por Woody Allen y que ignoraba sus conductas delictivas. “Me quedé completamente en shock cuando descubrí los crímenes que había cometido”, expresó hace poco. Esta situación no ha frenado el comienzo de una pesquisa legal por posible lavado de activos ni su renuncia a la presidencia del IMA, notificada el último sábado.

Apenas un día después de que Lang comunicara su dimisión, la embajadora de Noruega en Jordania e Irak, Mona Juul, renunció a su cargo por su presunta relación con Epstein. La diplomática, pieza fundamental en las conversaciones secretas entre israelíes y palestinos que dieron lugar a los Acuerdos de Oslo a comienzos de los noventa, está bajo escrutinio por haber percibido fondos del magnate –alrededor de 10 millones de euros, según informan medios locales–.
No se trata de la única figura noruega afectada por este suceso: el antiguo jefe de gobierno laborista Thorbjørn Jagland figura en los documentos publicados, al igual que el anterior titular de Exteriores Børge Brende –quien hoy en día encabeza el Foro Económico Mundial de Davos– y la princesa Mette-Marit.

Miroslav Lajcak es otro mandatario europeo que se ha visto obligado a dimitir, habiendo sido hasta hace apenas una semana consejero del primer ministro eslovaco, Robert Fico. Conforme a una serie de mensajes de 2018, Epstein le ofreció mujeres a Lajcak durante su gestión como ministro de Exteriores, etapa en la cual ambos mantenían conversaciones habituales. Falta comprobar si el escándalo no termina afectando también al presente mandatario de Eslovaquia, Peter Pellegrini, dado que un medio de investigación regional ha informado que el político figura en los registros.
