Enseñar es más que dar datos
Educar es más que transmitir información a quien no la tiene. Eso ya lo hace hoy la IA mejor que los profesores; y por eso los alumnos han dejado de ir a las clases de mera transmisión de información. De ahí que Innerarity proponga un magisterio que la trascienda con carisma y “un punto incluso de genialidad”. Sócrates denostó en su día la invención de la escritura, porque adocenaba el ejercicio de la filosofía poniéndola al alcance de mediocres insulsos. Hoy vuelve a haber quienes, del mismo modo, recelan de las facilidades que brinda la IA. Pero también podemos esperar que, como al final logró la escritura y después la imprenta, agudice el ingenio de los intelectuales, democratice el acceso a la información y nos permita a todos reservar para crear energías que antes invertíamos en documentarnos.
¿Qué ha aconsejado al Vaticano?
He participado en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales para analizar el futuro de la inteligencia artificial (IA). El papa León XIV bautizó nuestra reunión como “Digital rerum novarum”.
¿Por la Rerum novarum de León XIII?
Porque aquella encíclica fundó la doctrina social de la Iglesia y nosotros hemos querido adaptarla a la nueva realidad tecnológica.
La Unesco también se ha pronunciado sobre inteligencia artificial.
Pero Trump desprecia a la Unesco y en ese nuevo escenario la Iglesia católica puede jugar un papel interesante y relevante.
¿Qué aconsejaba usted en su informe?
Me centré en las repercusiones de la IA e interesó. Mi pregunta es: ¿por qué quienes creen que la IA solucionará los problemas de la humanidad son tan incrédulos en la capacidad de la democracia para gestionarlos?
¿Se refiere a Musk, Altman, Peter Thiel y el resto de la llamada mafia PayPal MAGA?
Cuanto más creen en la tecnología menos creen en la democracia. Tampoco creen en el futuro del planeta ni en el destino común de los humanos. Están convencidos de que esto va de colapso y que huirán a Marte, que se implantarán chips y que tendremos avatares que duplicarán nuestra existencia.
Para empezar solo la de ellos.
Quieren privatizar el futuro.
¿Nuestros problemas colectivos tienen soluciones privadas?
Están convencidos de que con su dinero las pueden encontrar. Y es un escenario peligroso para todos, pero tentador para los ultrarricos. No admiten que todos compartimos el destino del planeta.
Si escapas a Marte, está claro que no.
Con dinero ante la crisis climática lo máximo que te puedes pagar tu solito es aire acondicionado para que la agonía no sea tan desagradable. Pero al final morirías con todos.
¿Por qué creen que ellos se salvarían?
Por la misma razón que no creen en la democracia. La democracia es un régimen para mortales. Sirve para tomar decisiones colectivas de las que depende nuestro futuro.
Suelen ser las menos malas.
Pero en un régimen de inmortalidad, que se podrían pagar solo unos pocos, no habría democracia. No habría decisiones colectivas. Por eso Xi Jinping y Putin fueron grabados hablando de la inmortalidad.
¿No le parecieron muy ingenuos?
La concebían de manera muy rudimentaria como un mero recambio de órganos. Es una concepción muy cutre de la biomedicina.
¿En manos de quién estamos?
Los mismos milmillonarios tan crédulos en tecnología no creen en la educación y desconfían de las mejores universidades. Si tienes un Trump ignorante y un Vance fanático tal vez distorsionen el orden mundial.
Y pierdan las elecciones.
Pero sus ideas reaccionarias perdurarán.
¿Por qué?
Porque antes de la IA teníamos la globalización, la mcdonalización del mundo y lo que ha provocado; la carrera por la IA es su fragmentación. Con ella lograrán imponerlas.
¿Al final es la carrera por controlar la inteligencia artificial que supere a la humana?
Los chinos y los estadounidenses están metidos en ella, pero tal vez la inmensa inversión que realizan no lo logre. Y si no lo logra, ¿para qué seguir hinchando la burbuja?
¿Y mientras compiten qué hacemos?
Hace 30 años que trabajo para pensar y actualizar la democracia tal como la pensó Rousseau: sin instrumentos sofisticados. Pero hoy cada vez más decisiones se toman con procedimientos algorítmicos que determinan el resultado de los debates en las redes sociales.
¿Son debates o solo ruido por los clics?
Es lo que me preocupa: cómo lograr que esos algoritmos sofisticados sean compatibles con la democracia y nuestro libre albedrío.
¿Podrán los filósofos con los magos del algoritmo? ¿Qué ofrecen los filósofos?
Claridad conceptual. ¿Qué es inteligencia? ¿Qué es control? ¿Qué es transparencia?
La IA es impresionante, no inteligente.
La IA es inteligente, pero no sabia. Por eso deja sin trabajo al profesor suministrador de información. Con Google los profesores nos empezamos a dar cuenta de que nuestro trabajo como meros proveedores de información se había terminado. Los alumnos ya no van a las clases de esos profesores.
¿Qué propone para no ser solo eso?
Hacer un gran esfuerzo como profesor para dar algo que Google no dé. El ChatGPT solo recombina la información disponible. Sólo los profesores podemos generar algo nuevo, que no está escrito ni en redes, con carisma, y con un punto, incluso, de genialidad.
Pues, adelante.
El chat recombina datos del pasado y no está abierto a lo imprevisible. Solo el talento de un buen profesor puede romper la previsibilidad y enseñar algo nuevo.
