La estimulación cognitiva precoz protege la memoria y la conectividad cerebral en el Alzhéimer

Neurociencia

Un estudio con modelos animales liderado por la Universitat de Barcelona muestra que el entrenamiento cognitivo sostenido desde etapas tempranas puede preservar la función cerebral incluso en fases avanzadas de la enfermedad

Cuidados de mayores, alzheimer.

El estudio no solo confirma el valor de la estimulación cognitiva como herramienta preventiva, sino que aporta información sobre los mecanismos biológicos implicados

Europa Press

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La estimulación cognitiva iniciada antes de que aparezcan los primeros signos patológicos del alzhéimer podría convertirse en una estrategia clave para frenar el deterioro cerebral. Así lo demuestra una investigación del Institut de Neurociències de la Universitat de Barcelona (UBneuro), publicada en la revista iScience, que evidencia efectos protectores duraderos sobre la memoria y la conectividad funcional del cerebro.

La enfermedad de Alzheimer, principal causa de demencia en el mundo, provoca un deterioro progresivo e irreversible de las capacidades cognitivas. Ante la ausencia de tratamientos curativos eficaces, la comunidad científica centra cada vez más sus esfuerzos en estrategias preventivas capaces de retrasar la aparición de los síntomas o ralentizar su progresión. En este contexto, el concepto de reserva cognitiva —la capacidad del cerebro para mantener sus funciones pese a la presencia de patología— se ha consolidado como un factor protector clave.

La estimulación precoz preserva memoria y conectividad cerebral

El equipo liderado por la profesora Guadalupe Soria, de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud y UBneuro, analizó si un entrenamiento cognitivo repetido y sostenido a lo largo de la vida, iniciado antes de la acumulación de placas amiloides características del alzhéimer, podía aumentar la resiliencia cerebral en un modelo animal de la enfermedad.

Para ello, los animales fueron sometidos a tareas de estimulación cognitiva durante toda su vida. La función cerebral se evaluó mediante resonancia magnética funcional en reposo, pruebas conductuales de memoria y análisis moleculares y celulares detallados.

Experimentación con animales

Los machos obtuvieron un beneficio más evidente del entrenamiento cognitivo, con una conectividad cerebral más sostenida y una mejora más clara en memoria

Los resultados muestran que los animales entrenados preservaron la memoria —especialmente los machos— y mantuvieron la conectividad funcional entre regiones cerebrales clave implicadas en el procesamiento de la memoria, como la corteza entorrinal y el hipocampo, dos de las áreas más vulnerables en el alzhéimer. Además, esta conectividad preservada se asoció con un mejor rendimiento cognitivo en edades avanzadas.

El estudio no solo confirma el valor de la estimulación cognitiva como herramienta preventiva, sino que aporta información sobre los mecanismos biológicos implicados. Los animales entrenados mostraron una recuperación de marcadores de plasticidad sináptica, una modulación de los circuitos neuronales inhibitorios y una respuesta microglial menos reactiva en torno a las placas amiloides, lo que sugiere un perfil neuroinflamatorio más favorable durante la mediana edad. Estos hallazgos indican que la actividad cognitiva temprana puede influir en la cascada de procesos celulares que conducen al deterioro neuronal.

Estimulación precoz

El efecto protector se mantiene incluso en fases avanzadas

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es la identificación de diferencias entre sexos. Las hembras presentaban de base niveles más elevados de proteínas relacionadas con la función sináptica y la plasticidad, lo que sugiere una resiliencia molecular intrínseca mayor. Sin embargo, los machos obtuvieron un beneficio más evidente del entrenamiento cognitivo, con una conectividad cerebral más sostenida y una mejora más clara en memoria y marcadores de plasticidad.

Estos resultados refuerzan la evidencia creciente de que el alzhéimer no progresa igual en hombres y mujeres y apuntan a la necesidad de incorporar la perspectiva de género en el diseño de estrategias preventivas y terapéuticas.

Más allá de los resultados experimentales, el estudio establece un vínculo directo entre la organización preservada de las redes cerebrales y los mecanismos celulares de resiliencia. En un escenario en el que los tratamientos farmacológicos aún no ofrecen soluciones definitivas, según los investigadores, la estimulación cognitiva se perfila como una intervención no farmacológica con potencial real para favorecer la salud cerebral a largo plazo.

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