La plaza Adrià inicia obras en verano para convertirse en una plataforma única sin coches
Urbanismo
La reforma empieza a finales de julio y prevé la eliminación de los laterales hoy dedicados a la conexión de los vehículos entre Muntaner y Santaló

La plaza Adriano, hoy, un parterre gigante con una fuente ornamental y coches a ambos lados

A la altura del número 446, la calle Muntaner traza un cambio de rasante que en los días despejados permite ver el mar y uno de los brazos del teleférico de Montjuïc. Una estampa fantástica que a su derecha deja una plaza tan coqueta como desaprovechada; uno de esos rincones que nacieron para brillar en una Barcelona en construcción a finales del siglo XIX pero que con el paso de las décadas han quedado ninguneados por el progreso, los coches y los nuevos usos urbanos. Es la plaza Adrià (Adriano, para la mayoría de los locales), la pequeña rambla de tierra de la zona alta que pide a gritos una reforma urbanística que el Ayuntamiento asegura que verá la luz a finales de julio, de manera que renazca siete meses después a las puertas de las elecciones municipales del mes de mayo del 2027. Se convertirá en una plataforma única, cosa que eliminará la circulación de coches entre Muntaner y Santaló.
Cuenta el diario digital El Jardí, centrado en el día a día del distrito de Sarrià-Sant Gervasi, que la urbanización de este entorno se aprobó en 1876, cuando Sant Gervasi de Cassoles todavía era un municipio independiente. En origen, el proyecto reservaba para la plaza unos 40 metros de ancho, pero la presión de los propietarios de los terrenos (lo mismo sucedió con los interiores de manzana diseñados por Cerdà en el Eixample) la achicó hasta los 24 metros actuales que le dieron su característica forma rectangular, que al mismo tiempo es la antesala del parque de Monterols, al otro lado de Muntaner.

Ambos espacios llevan la firma inicial de Nicolau Maria Rubió i Tudurí, el paisajista municipal de principios del siglo XX responsable también del diseño de la plaza Espanya, el Turó Park (tal y como lo conocemos hoy), los lados naturalizados de la Sagrada Família, el parque del Guinardó, Jardinets de Gràcia o los jardines de Pedralbes; uno de esos personajes tan cruciales como poco reconocidos.
Un espacio de 3.500 m2
Las esculturas se restaurarán y se eliminarán las dos hileras verdes para facilitar el paseo
Nada tiene que ver la plaza Adrià ahora con lo que era hace más de 100 años. Rodeada de casas señoriales, era lugar de asueto, conversación y paseo para los acomodados residentes de la zona. El último palacete que aguantaba en pie, Casa Jover, fue derribado en agosto del 2020. Al no estar protegida, la finca no pudo salvarse de la piqueta a pesar de la presión vecinal, y en su lugar se levantó un edificio de cinco pisos de altura, tan moderno como invisible.
Tal y como puede verse en el proyecto ejecutivo que ahora está en fase de exposición pública, el Ayuntamiento prevé eliminar los dos viales laterales de circulación, incluida la quincena de plazas de estacionamiento, para crear una gran plataforma única en la que también pasarían a mejor vida las dos hileras ajardinadas que hoy encorsetan mucho el núcleo de la plaza. Que no haya ningún inmueble con entrada de aparcamiento facilita mucho las cosas. Se actúa sobre una superficie de algo más de 3.500m2 y una ver terminada la reforma, solo podrán acceder al nuevo espacio peatonal los vehículos de emergencia y los autos municipales encargados de la limpieza.

La parte central seguirá siendo de tierra y se mantienen el homenaje a Manuel Carrasco i Formiguera en el lado Besòs, inaugurado en el 2003, y la fuente de Rubió i Tudurí, coronada con una escultura de Manuel Silvestre de Edeta que representa a dos niñas repasando un libro. Se instaló en 1959.
Los coches que bajen per Muntaner y quieran ir hacia las calles que quedan más allá de Santaló deberán girar a la derecha por Copèrnic y los conductores que ahora van hacia el Besòs por la plaza Adrià tendrán que subir una cuadra más y girar a la derecha por Hercegovina. El proyecto, con un presupuesto que ronda el millón y medio de euros, incluya la ampliación de las aceras del encuentro de la plaza con las calle Camp y Vallmajor, y una mejor señalización del paso de peatones de Santaló. También se modernizará la parada de flores, otro elemento que se queda.