Catalunya

La desconfianza respecto a la ayuda aumenta luego de una semana de caos.

Crisis ferroviaria

La falta de organización provoca el abandono de un sector de los usuarios de Rodalies.

Pasajeros ayer en uno de los andenes de la estación de Castelldefels, una de las más concurridas

Pasajeros ayer en uno de los andenes de la estación de Castelldefels, una de las zonas con más afluencia.

Andreu Esteban / Propias

Se desplazan aquellos que carecen de cualquier otra opción o salida. Utilizan el transporte quienes no tienen posibilidad de trabajo remoto, los que se niegan a anular una consulta con el doctor o quienes tienen prohibido faltar a sus lecciones o pruebas académicas. Igualmente lo hacen quienes no poseen vehículo propio o no logran pagar medios distintos. El caos en el ferrocarril constituye realmente un modo de exclusión basado en el estrato socioeconómico y los ingresos. La pérdida de confianza, forjada por una prestación de regionales y Rodalies sin garantías ni certidumbre, impera en cada estación. No solo en las ferroviarias, sino también en los apeaderos de autobuses interurbanos, con pasajeros esperando tener suerte para no quedarse sin plaza y deseando que el atasco matutino en el cinturón metropolitano no demore su traslado.

Sin estadísticas formales disponibles, las asociaciones de usuarios sostienen que la cantidad de pasajeros en Rodalies, 400.000 previo a este conflicto en el tren, ha descendido de forma notable a lo largo de los recientes siete días de desorden. Lo mismo sucede en los servicios regionales de Tarragona, Girona o Lleida. “El pésimo servicio ferroviario está expulsando a parte de los usuarios del tren; quienes tienen alternativa, no lo cogen... Hay quienes se cambian de domicilio o alquilan habitación en Barcelona para no viajar cada día, es como una pesadilla”, advierte Ana Gómez Llauradó, representante de la agrupación Dignitat a les Vies.

La deficiente calidad del servicio está alejando a los clientes; solo se desplazan aquellos que carecen de otra opción.

Durante la mañana de ayer en Girona, los pasajeros que pretendían utilizar un tren regional o de media distancia con destino a Barcelona o Figueres se sentían desorientados. Aunque los monitores de la terminal indicaban que el transporte entre Girona y Figueres se realizaba mediante autobuses, el tráfico ferroviario hacia la cabecera del Alt Empordà se retomaba de manera “esporádica”, aunque carecía de una programación fija. La vuelta a la normalidad operativa no figuraba en las pantallas de información, por lo cual se desconocía el momento de partida de los convoyes y la frecuencia de los viajes disponibles. “Hay que estar atento a la megafonía”, comentaban los trabajadores de la estación.

El servicio de autobús en el plan alternativo de Renfe en Girona
El servicio de autobús en el plan alternativo de Renfe en GironaPere Duran / Nord Media

El corte de la circulación ferroviaria entre Caldes de Malavella y Girona debido a la amenaza de corrimientos de tierra supuso uno de los desagradables imprevistos que afrontaron numerosos pasajeros afectados ayer. Cerca de las 6.30 del día, Nora, una chica que cursa Derecho en la Universitat de Girona y reside en Sant Celoni, iniciaba su trayecto. Después de desplazarse por ferrocarril hasta Caldes de Malavella, utilizó un autocar hacia Girona y posteriormente el transporte municipal a la facultad: un total de tres horas y media.

Denuncian abuso de poder al dejar a los

Los proyectos de Bruna, una chica de veinte años residente en Barcelona, se vieron frustrados. Su intención era desplazarse en AVE a Girona el lunes por la noche; no obstante, debido a las demoras superiores a dos horas, eligió el ferrocarril ordinario. Dicho transporte jamás partió. “De repente, desapareció de la pantalla”, comenta. Se levantó temprano ayer y utilizó un AVE con el fin de acudir a tiempo a su consulta médica. Escasos minutos antes de las 10 aguardaba en la terminal de Girona la partida de un autocar rumbo a Caldes de Malavella. Una vez allí, tomaría un servicio de media distancia de regreso a Barcelona.

El servicio de la R1 de Rodalies, que une Blanes y l’Hospitalet recorriendo la costa del Maresme, presentó ayer un funcionamiento anómalo. Al comenzar el día se preveía el paso de convoyes cada 20 minutos, no obstante, con el paso de las horas, los retrasos se extendieron hasta una hora. Los reclamos, una vez más, se debieron a la ausencia de noticias. “Los informadores de las estaciones ya no saben qué decirnos”, manifestaron algunos viajeros.

Mi tren se esfumó súbitamente del panel de anuncios y al final no pasó.

Una prestación que suele recibir quejas de los pasajeros del transporte colectivo como el bus interurbano que conecta Mataró y Barcelona, en esta oportunidad resultó la opción más empleada debido a que la compañía Moventis conservó las intensificaciones con 27 autocares adicionales a partir de las 5 de la madrugada. El transporte por carretera entre el Maresme y Barcelona continúa siendo escaso, tal como se observó en los momentos de mayor afluencia, con los coches saturados y personas viajando sin asiento.

Un informador rodeado de usuarios en Sant Vicenç de Calders
Un informador rodeado de usuarios en Sant Vicenç de CaldersAlba Marine

“Es un abuso de poder someter a los ciudadanos a estos trances y no ofrecer ninguna alternativa, este sigue siendo un país de pandereta” exclamaba Josep Lluís Prats, quien al final optó por tomar un taxi y “gastar media pensión para llegar al hospital”.

El personal de las estaciones se ha quedado sin respuestas.

Dentro del desorden, los trenes rápidos se han vuelto una alternativa para desplazarse de las zonas de Tarragona a Barcelona, si bien los últimos siete días las demoras han marcado igualmente el ritmo diario. La estampa de salas de espera repletas de pasajeros en la terminal del Camp de Tarragona se ha opuesto recientemente a las plataformas de la ciudad de Tarragona, que cuentan con menos usuarios cada vez. El recelo ha forzado un cambio en el tipo de personas que utilizan el servicio ferroviario veloz. Gran parte del público actual está compuesto por alumnos y empleados de corta edad. “No tengo ninguna fe con un sistema ferroviario que está en absoluta decadencia”, comenta Mariona, una joven que cursa estudios en Barcelona. “Siempre iba en Rodalies, pero ahora no me la quiero jugar. No me fío”, señala Núria, quien trabaja en la ciudad condal. Durante la jornada de ayer, aun con ciertos avances, persistieron las demoras en los servicios regionales de Tarragona y las Terres de l’Ebre. El cumplimiento de los horarios, algo poco habitual, hizo que varios pasajeros habituados a aguardar largamente en las paradas tuvieran que apresurarse.

Esteve Giralt Torras

Esteve Giralt Torras

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Fede Cedó García

Fede Cedó García

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Periodista de Guyana Guardian para el Barcelonès Norte y encargado de gestionar la delegación de Guyana Guardian en el Maresme. @fedecedo

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