
Lo que ocultan Calixto III y San
Desde la calle Caballeros
En 1238, Jaume I conquista Valencia. Poco después, en la actual calle Caballeros, se erige una ermita dedicada a San Nicolás sobre la antigua mezquita de Ibn Hizb Allah, mencionada por Ibn al-Abbar. La ciudad cambiaba de fe y de rumbo, y aquel rincón se convertiría pronto en uno de los primeros focos espirituales de la nueva Valencia cristiana.

El Llibre del Repartiment confirma que el monarca concedió a fray Miguel Fabra, de la Orden de Predicadores, una parcela en el entorno de la ermita. Allí se consolidó un pequeño complejo vinculado a la parroquia de San Nicolás que marcaría la historia del lugar durante siglos. Según la historiadora Trini Simó, en el actual número 36 de la calle Caballeros se situaba la casa abadía, residencia de los párrocos. Uno de ellos alcanzaría una proyección universal.
El dominico Pietro Ranzano relató en 1463 cómo un joven Borja, presente en una predicación de Vicente Ferrer, fue interpelado por el santo con una profecía sorprendente:
“Te felicito, hijo, pues debes saber que serás máximo ornato de tu patria y de tu familia. Obtendrás la mayor dignidad entre los mortales, y a mí, una vez difunto, me colocarás en grandísima y altísima veneración. Mientras tanto, procura perseverar en tus estudios”.
Aquel joven era Alfons de Borja. A comienzos del siglo XV fue rector de San Nicolás. La iglesia —levantada tras la conquista y transformada con el impulso de los Borja— alcanzó buena parte de su esplendor, hoy visible en sus frescos barrocos recientemente restaurados gracias a la Fundación Hortensia Herrero.
La trayectoria de Alfons de Borja confirmó la profecía: arzobispo de Valencia, cardenal y, en 1455, Papa con el nombre de Calixto III. Su sobrino, Roderic de Borja, también llegaría al pontificado como Alejandro VI, alimentando la célebre leyenda negra de los Borgia. Ya como Papa, Calixto III canonizó a San Vicente Ferrer. En la plaza de San Nicolás, un panel de azulejos recuerda aquella escena donde historia y leyenda se entrelazan.
A partir de estos hechos, recopilamos las siguientes pistas.
Durante las obras realizadas en la década de 1920 en el edificio de Caballeros 36 —hoy sede de Libertas 7— apareció un escudo que el barón de San Petrillo identificó como perteneciente a los Borja, hoy lamentablemente desaparecido. Además, las vigas de la planta baja, datadas en el siglo XV, conservan una decoración flamígera característica de este linaje. Y aunque en esa centuria se construyeron varias casas señoriales en la calle Caballeros, ninguna fuente menciona una en ese punto exacto.
El inmueble de Caballeros,
Mi hipótesis —pendiente de corroboración documental— es que la antigua casa abadía permaneció vinculada a San Nicolás hasta las desamortizaciones impulsadas por Juan Álvarez Mendizábal (1836) y Pascual Madoz (1855), y que en el siglo XV pudo haber sido la residencia valenciana de Alfons de Borja antes de convertirse en Calixto III.
De cumplirse esto, no se trataría de una simple rareza de la arquitectura. En Caballeros 36 estaríamos caminando por el mismo sitio donde vivió el pontífice valenciano inicial, en una urbe que, casi de manera imperceptible, ya extendía su influjo hacia Roma.