Bienestar

Elvira Perejón, neuroeducadora, sobre cómo los niños viven la Navidad: “Lo importante para ellos son los momentos vividos, no los regalos”

Navidad

Más allá de los regalos: la Navidad permanece en la memoria de los niños por los vínculos, la atención y los momentos compartidos

Javier de Haro, psicólogo: “Los niños entienden mejor la Navidad cuando participan en crear tradiciones, agradecer en familia y aprender que regalar también es dedicar tiempo”

Elvira Perejón, neuroeducadora, sobre cómo los niños viven la Navidad: “Lo importante para ellos son los momentos vividos, no los regalos”

Elvira Perejón, neuroeducadora, sobre cómo los niños viven la Navidad: “Lo importante para ellos son los momentos vividos, no los regalos”

Para los niños, la Navidad es un tiempo intenso y lleno de emociones. Entre luces, villancicos y regalos, cada detalle les resulta significativo. Sin embargo, lo que realmente queda grabado en su memoria son los momentos compartidos: los reencuentros con familiares que no se ven desde hace meses, las tardes jugando, horneando galletas o simplemente estando juntos en casa.

Son esas experiencias las que les brindan seguridad y pertenencia, y que crean recuerdos duraderos. Mientras los adultos a veces se centran en la perfección de la celebración o en los objetos que se entregan, los niños disfrutan de la presencia, de la calma y de la cercanía, valores que se reflejan en su bienestar emocional mucho más que cualquier regalo material.

Navidad a su manera

Lo que realmente recuerdan

En una de sus últimas publicaciones en Instagram (@educacionincondicional), la neuroeducadora Elvira Perejón explica que “el cerebro infantil no recuerda la Navidad por lo que se compra, la recuerda por los momentos compartidos”. Señala que los olores, la música, los juegos y las tardes sin prisas crean experiencias que marcan su identidad y fortalecen los vínculos familiares.

Elvira Perejón, neuroeducadora, sobre cómo los niños viven la Navidad: “Lo importante para ellos son los momentos vividos, no los regalos”
Elvira Perejón, neuroeducadora, sobre cómo los niños viven la Navidad: “Lo importante para ellos son los momentos vividos, no los regalos”Getty Images

“Cuando bajamos el nivel de exigencia, cuando dejamos de compararnos, cuando quitamos pantallas y ponemos tiempo compartido, la Navidad se vuelve justo lo que debería ser: un espacio para conectar de verdad”, añade Perejón, subrayando que los niños no necesitan tradiciones espectaculares ni planes constantes; lo que sí valoran son adultos disponibles y un ritmo más tranquilo que les permita disfrutar.

Presencia y sencillez

La experta insiste en que planificar una Navidad perfecta no es lo esencial. Lo verdaderamente importante, como decimos, es brindar atención real y compartir momentos juntos. “Todo eso construye identidad, pertenencia y seguridad”, afirma. Las experiencias simples, como cantar villancicos, pasear o jugar en casa, son las que dejan una huella emocional profunda y duradera en la memoria de los niños.

Perejón resalta que estas experiencias fomentan la conexión emocional y generan recuerdos que perduran más allá de los objetos recibidos. “Lo que se queda no son los regalos. Son los momentos. Y esos, cuando se viven juntos, duran toda la vida”, concluye.

“Lo que se queda no son los regalos. Son los momentos. Y esos, cuando se viven juntos, duran toda la vida”
“Lo que se queda no son los regalos. Son los momentos. Y esos, cuando se viven juntos, duran toda la vida”Getty Images

La mirada de padres e hijos

En esta misma publicación, la neuroeducadora acompaña sus reflexiones con imágenes que ilustran la diferencia de percepción entre adultos y niños. En la primera, se ve a dos padres observando a su hijo jugar con un nuevo juguete. Mientras la madre piensa: “Estas Navidades están siendo un caos. No respetamos horarios ni rutinas. La casa está hecha un desastre… qué agobio”, el niño lo vive de manera completamente distinta: “Están siendo días muy divertidos porque paso mucho tiempo con mamá y papá y puedo jugar a todas horas”.

En otra imagen, la familia pasea por el parque. Los padres se comparan con otras familias y se sienten frustrados: “Siento que otras familias están haciendo muchos planes y viajes… y nosotros este año no podemos hacer nada diferente”. El niño, en cambio, disfruta cada minuto: “Hoy hemos ido a pasear al parque con mamá y papá más de una hora. Ha sido increíble. Y ahora, en casa, vamos a hacer galletas de Navidad”.

Finalmente, ya en casa, mientras la madre lamenta que “no están siendo las Navidades perfectas que imaginaba” y que la familia no ha podido reunirse, el niño recuerda los momentos vividos con entusiasmo: “Cada Navidad es mejor que la anterior. Lo que más me ha gustado ha sido cantar villancicos, jugar con mamá y papá y estar juntos en casa”. Estas imágenes refuerzan el mensaje central: lo que permanece en la memoria de los niños se construye a partir de las experiencias compartidas y los momentos vividos juntos, más allá de los regalos.

En definitiva, la Navidad, cuando se vive desde la cercanía y la atención, deja huellas imborrables en la memoria infantil. Los niños valoran la presencia, la disponibilidad y los pequeños detalles que los adultos a veces subestiman. Al final, lo que realmente queda en su memoria son las risas, los juegos y los momentos compartidos, que construyen recuerdos y vínculos duraderos mucho más allá de cualquier objeto material.