La iluminación clara en la vivienda estimula el sistema neuronal previo al descanso nocturno; resulta preferible emplear luminarias tenues y difusas con el fin de alcanzar un reposo intenso.
Luz blanca
De esta forma el solsticio de invierno desafiará tu sistema nervioso, tal como señala la experta en terapias holísticas Elsa Ramos.

Elsa Ramos, terapeuta holística

En estos días, hallar pequeños momentos para disfrutar del sol se vuelve una tarea cada vez más compleja. Nos hallamos en pleno solsticio de invierno, la fase del año que ofrece menos tiempo de claridad natural, lo cual constituye un reto para el sistema nervioso. De este modo lo detalla Elsa Ramos, terapeuta integral y especialista en Ayurveda, una disciplina de medicina tradicional e integrativa que surge en el subcontinente indio.
La experta habla de cómo el cuerpo humano está diseñado para regularse a través de la luz natural. “Cuando los días se acortan, el sistema nervioso recibe menos señales de activación durante el día y más estímulos artificiales por la noche, lo que genera desajustes en el descanso y en la gestión del estrés”, señala.
La disminución del contacto con la luz solar repercute de forma inmediata en el descanso y los ciclos biológicos. Esta situación origina una fatiga constante, incremento del mal humor o problemas para iniciar el sueño, tal como se examina en The Lancet Neurology,, donde se explica cómo las variaciones lumínicas estacionales causan desajustes circadianos y trastornos del sueño.

La especialista recalca que el contacto diario con la claridad solar resulta vital para resguardar el equilibrio neurológico en los meses de invierno. De acuerdo con un estudio de revisión, los cambios en el fotoperiodo (la reducción de luz en otoño e invierno) se ven afectados el ritmo circadiano, la dopamina y otros procesos implicados en la depresión estacional y los trastornos del humor.
Asimismo, puntualiza: “Salir al exterior en las horas centrales del día, incluso de forma breve, ayuda a sincronizar el reloj interno, mejora la claridad mental y facilita un sueño más reparador”. No obstante, admite que en este periodo del año no siempre resulta bastante, sobre todo para quienes permanecen mucho tiempo en espacios cerrados.
Sugerencias de Ramos para aportar luminosidad a la vivienda.
La relevancia de la iluminación natural es una realidad innegable; no obstante, en ocasiones surgen complicaciones y se deben hallar otras opciones. Dicha búsqueda de claridad ha perdurado durante el transcurso de los siglos: los cirios, las fogatas y el alumbrado artificial satisfacen un propósito milenario, que es brindar un sentimiento de amparo, estabilidad y vínculo en el periodo con menos claridad del calendario. “No es solo tradición o estética; es una respuesta humana profunda a la falta de luz”, señala la especialista integral.
Modificaciones diarias leves, mantenidas de forma constante, generan una repercusión significativa en el bienestar del sistema nervioso.
En el ámbito del hogar, ese requerimiento milenario de claridad se manifiesta actualmente en la forma de alumbrar nuestras habitaciones en la época invernal. “La casa se convierte en el lugar donde el sistema nervioso busca descanso y regulación tras la exposición diaria a estímulos externos, por lo que la iluminación artificial adquiere un papel determinante en el bienestar emocional”, señala Ramos.

Asimismo, es importante señalar que las distintas clases de iluminación generan impactos diversos. Los especialistas de Liderlamp afirman que las diversas fuentes lumínicas no funcionan de la misma manera. Bajo esta premisa, la luz artificial puede servir de soporte para el sistema nervioso si se emplea adecuadamente, tal como se evidencia en Translational Psychiatry, donde se analiza la forma en que la iluminación artificial programada ajusta los circuitos del cerebro vinculados al humor y la relajación mediante la sincronización del núcleo supraquiasmático. “La luz blanca intensa o mal utilizada por la noche mantiene al sistema nervioso en alerta, mientras que una iluminación cálida, indirecta y bien distribuida favorece la relajación”, indica Ramos.
El alumbrado cálido, indirecto y tenue contribuye a producir una percepción de cobijo.
El personal de luminotecnia concuerda con este requerimiento de ajuste por temporada: durante el invierno no consiste en dar mayor luz, sino en hacerlo con mayor calidad. “La iluminación cálida, indirecta y de baja intensidad ayuda a crear sensación de refugio y acompaña al cuerpo en el proceso natural de bajar el ritmo al final del día”, comenta su responsable, Teté Sanz.
Las dos especialistas concuerdan en que, al emplear la iluminación artificial de manera deliberada y poco intrusiva, es capaz de ayudar a crear entornos de tranquilidad e intimidad. Ligeras modificaciones en el hogar, tales como disminuir la claridad blanca nocturna, dar preferencia a focos de iluminación indirecta o mantener rutinas más constantes, logran producir un impacto significativo en nuestra vivencia durante el invierno.
Ramos menciona que dichas modificaciones no pretenden luchar contra la estación fría, sino amoldarse a ella. “Forzar el mismo nivel de actividad y estimulación que en otras estaciones suele generar más desgaste. El solsticio es un punto de inflexión que invita a cuidar el sistema nervioso”, señala. La especialista finaliza afirmando que entender el vínculo entre la iluminación, la biología y el hogar facilita transcurrir la época invernal con una mejor estabilidad corporal y anímica. “Pequeños cambios cotidianos, sostenidos en el tiempo, tienen un impacto profundo sobre la salud del sistema nervioso”.


