“El descanso no cura el dolor de espalda”: el error que comete casi todo el mundo, según un osteópata
Movimiento
Según Alex Ballester, fisioterapeuta, los hábitos, la mente y la actitud son tan importantes como el ejercicio

Por qué descansar no alivia tu dolor de espalda: un osteópata lo explica

Marta trabaja frente a un ordenador 8 horas al día. Últimamente siente un dolor constante en la zona lumbar y, como la mayoría, decide quedarse quieta y “descansar”. Nada cambia. Al contrario, la molestia persiste y se vuelve cada vez más molesta. Lo que Marta no sabe es que, según Alex Ballester, fisioterapeuta y osteópata, este es uno de los errores más comunes: el reposo absoluto no cura la espalda.
“El descanso o reposo no cura. Siempre se debe hacer algo, adaptado a la gravedad del problema”, señala Ballester en una entrevista para Guyana Guardian. La clave, explica, está en moverse de forma consciente: “activar la circulación, oxigenar los tejidos y activar sustancias analgésicas naturales que ayudan al cuerpo a repararse”. Es un enfoque que rompe con el mito de que la espalda dolida solo necesita calma y reposo.
El problema es cuando el reposo se convierte en la única estrategia y se prolonga más de lo indicado
¿Por qué moverse ayuda más que descansar?
Cuando nos movemos, estamos haciendo mucho más que ejercitar músculos. Activamos la circulación, lubricamos articulaciones, oxigenamos tejidos y liberamos sustancias analgésicas endógenas que ayudan al cuerpo a repararse. Ahora bien, no todos los casos son iguales. En fases agudas o en determinadas lesiones, puede ser necesario un reposo relativo y controlado. El problema es cuando el reposo se convierte en la única estrategia y se prolonga más de lo indicado. En muchos dolores de espalda comunes, mantenerse completamente quieto suele alargar el proceso. Por eso insisto siempre en lo mismo: hay que hacer algo, adaptado a cada persona y a cada situación.
¿Qué tipo de movimiento es el más recomendable para alguien con dolor lumbar habitual?
Depende del caso, pero hay ejercicios muy simples que todos podemos hacer: movilidad articular básica para caderas y columna, fuerza funcional suave para core y tren inferior, y algo de cardio ligero como andar rápido o bicicleta. Son movimientos que activan la circulación y el metabolismo de los tejidos sin sobrecargar la zona lesionada. La clave está en la constancia y en adaptarlos a tu cuerpo, sin miedo.

¿Cuánto influye la actitud en cómo responde el cuerpo al movimiento?
Muchísimo. Si alguien se mueve con miedo o esperando dolor, el cuerpo se bloquea y los beneficios disminuyen. Por eso siempre digo: “Hay que ser parte activa del proceso, no un sujeto pasivo”. La implicación, la motivación y la disciplina marcan la diferencia entre mejorar o estancarse.
Mitos comunes sobre el dolor y la postura
¿Cuáles son los mitos más peligrosos sobre el dolor de espalda?
Bueno, son muchísimos… Por ejemplo, creer que estirar más es siempre mejor, o que los abdominales clásicos protegen la espalda. Otro gran error, como decimos, es pensar que el reposo por sí solo cura. Todos estos mitos llevan a frustración y a no mejorar. La evidencia científica es clara: moverse, de forma adaptada y constante, siempre da mejores resultados.
¿Qué papel juega la postura en el día a día?
Muchísimo. Estar sentado ocho horas al día frente al ordenador, inclinarse sobre el móvil o realizar gestos repetitivos prolongados daña la columna y los músculos que la sostienen. La buena noticia es que con hábitos simples (movilidad diaria, fuerza funcional, descansos activos...) Se puede revertir gran parte del daño y reducir el dolor.
¿Hay soluciones rápidas?
No, no hay recetas mágicas. Pero pequeñas acciones diarias: levantarse cada hora, estiramientos suaves, fortalecer core y tren inferior, y moverse con conciencia, tienen un impacto enorme en semanas. Como te he dicho, es una combinación de movimiento, constancia y cuidado de hábitos.

Es increíble cómo unos pocos minutos al día pueden transformar la espalda
¿Qué hábitos son los peores para la espalda?
Sedentarismo, pantallas, malas posturas, gestos repetitivos… Todos estos factores suman tensión acumulada en la columna. Muchas personas normalizan el dolor y piensan que es parte de la vida, pero no lo es.
¿Qué alternativas simples podemos aplicar?
Movilidad básica diaria, caminar, hacer algo de cardio moderado, y sobre todo cambiar la actitud hacia el cuerpo: escuchar señales, no sobrecargar y ser constante. Es increíble cómo unos pocos minutos al día pueden transformar la espalda.
¿Incluso para quienes no hacen deporte regularmente?
Sí. No hace falta ser atleta. Solo moverse, cuidar hábitos, dormir bien, gestionar estrés y mantener una rutina de fuerza y movilidad ligera. Esto es suficiente para prevenir la mayoría de los dolores cotidianos y sentirnos mejor.
La tensión mental se refleja en los músculos, aumenta la percepción del dolor y limita la recuperación
¿Cómo afecta la mente al dolor de espalda?
Mucho más de lo que parece. La tensión mental se refleja en los músculos, aumenta la percepción del dolor y limita la recuperación. Mantener una actitud positiva y ser constante en la práctica diaria también marca la diferencia.
¿Qué estrategias recomiendas para no perder motivación?
Fijarse objetivos pequeños, celebrar avances, aceptar retrocesos como parte del proceso y ser protagonista de tu propia recuperación. La constancia diaria, aunque sea con ejercicios cortos, tiene un efecto enorme.
¿El miedo al movimiento puede frenar la recuperación?
Sí, sobre todo cuando se asocia al dolor. Por eso es fundamental moverse con seguridad y progresión, y entender que cada gesto que haces prepara al cuerpo para tolerar más esfuerzo sin lesionarse.
¿Qué recomendarías a alguien que apenas hace ejercicio?
Alex Ballester, fisioterapeuta y osteópata
“Movilidad articular y fuerza funcional básica (tren inferior y core) varias veces por semana”
“Ejercicio cardiovascular ligero, como andar rápido o bicicleta, 30 minutos cuatro veces por semana”
“Hábitos saludables: alimentación, descanso, gestión del estrés, relaciones positivas y tiempo para uno mismo”
¿Cómo integrar esto sin complicarse la vida?
No hace falta gimnasio ni horas de entrenamiento. Con rutinas cortas en casa, estiramientos suaves, movilidad diaria y paseos, ya estás activando la circulación, lubricando articulaciones y preparando tu cuerpo para prevenir dolor. La clave es la regularidad, no la intensidad.
Para cerrar, ¿qué mensaje quieres dejar a los lectores de Guyana Guardian?
Si quieres cuidarte, moverte, querer tu cuerpo… y dejar de normalizar el dolor, empieza hoy. La espalda no pide reposo, pide movimiento inteligente, hábitos saludables y compromiso contigo mismo. Cada gesto cuenta, cada pequeño cambio suma, y la recompensa es mucho más que menos dolor: es calidad de vida.

