Mascotas

¿Por qué hay gente que parece empatizar más con animales que con personas?

Vínculos

La empatía no entiende de especies pero sí de experiencias y condicionamientos previos

Mujer y su mascota

Mujer y su mascota

Getty Images

De manera cíclica aparece, especialmente en redes sociales, el debate sobre a quién salvaríamos antes en caso de catástrofe, si a nuestro animal de compañía o a un desconocido. 

En 2025, investigadores de la Universidad Northeastern (Estados Unidos) pusieron números a esta realidad. Según ellos, en una situación de peligro, el 40% de las personas elegiría salvar a su perro antes que a una persona desconocida.

Marta Herrera, tutora de Snoopy

“Soy de las que normalmente prefiere los perros a las personas”

“La verdad es que me parece poco”, asegura Marta Herrera, animalista, tutora de Snoopy, un beagle de cuatro años, y Malta, una podenco de seis. Ella no tiene ninguna duda de que rescataría antes a cualquiera de sus perros y el debate le parece absurdo. “Son parte de mi familia, nadie se sorprendería si salvase antes a mi hermano que a un desconocido”, sentencia. 

Herrera lleva prácticamente toda la vida en contacto con animales y ha colaborado con varias protectoras. “Soy de las que normalmente prefiere los perros a las personas, empatizo más con ellos”, dice entre risas. Hace unas semanas, la influencer Lorena Izquierdo se preguntaba por qué hay algunas personas que sufren intensamente por los animales y otras prácticamente nada.

Paseo en la playa con la mascota
Paseo en la playa con la mascotaGetty Images/iStockphoto

“Se puede empatizar perfectamente con cualquier especie. Lo que pasa que luego ahí están también los intereses y gustos, el aprendizaje, y hay muchas más variables también”, señala Manuela Pérez-Chacón, psicóloga sanitaria y presidenta de la Asociación de Psicólogos y Profesionales de la Alta Sensibilidad – PAS España. Pérez-Chacón explica que hay dos tipos de empatía, la cognitiva y la emocional. 

“La cognitiva es entiendo cómo te sientes y cómo piensas, y la emocional es, además, me implico”. La psicóloga compara esta empatía emocional con el altruismo, cuando no solo es que se entiende al otro sino que además se busca ayudar o hacer algo por él. 

Tormenta perfecta en contra de la empatía

Mayor polarización y a un auge del narcisismo

Un estudio llevado a cabo por la Northeastern University de Boston a 240 personas quiso averiguar por quién sentían más empatía. Les ofrecieron un supuesto artículo periodístico en el que se hablaba de un hombre que pegaba una paliza con un bate de béisbol a distintos seres: para unos era un cachorro, para otros era un perro adulto, para otros un bebé y la última versión la paliza la recibía un ser humano adulto de unos 30 años. 

Este último fue el que provocó menos empatía entre los entrevistados, que puntuaban el grado en una escala, mientras que el bebé en primer lugar, el cachorro en segundo y el perro adulto en tercera posición completaron la clasificación. Los sociólogos determinaron que la respuesta emocional en estos casos venía determinada por la indefensión del sujeto y no tanto por la especie.

Esto tiene mucho sentido para Herrera que explica que, para ella, la razón de esa mayor sensibilidad con animales proviene de que normalmente los considera más desprotegidos que muchos humanos. “Empatizo más cuanto más difícil veo que puedan salir por sí solos de la situación en la que estén”, sentencia. 

Un hombre junto a su mascota
Un hombre junto a su mascotaGetty Images/iStockphoto

Aunque una cuestión fundamental, como apunta Pérez-Chacón, es que Herrera siempre ha tenido mascotas, lleva toda su vida teniendo trato con animales y ha sido algo importante en su evolución personal. “Esas personas, por gustos, intereses, aprendizajes, experiencias de la vida o por educación, normalmente han vivido desde pequeños ese contacto con animales”, señala la psicóloga.

Y es que, como bien dice Izquierdo en su vídeo, la empatía se puede amplificar pero también desconectar. El bombardeo de información y de estímulos emocionales complica la capacidad de procesarlos en lo que se ha venido a llamar ‘fatiga empática’. Esto se une a una mayor polarización y a un auge del narcisismo que, en ocasiones, actúa como una tormenta perfecta en contra de la empatía. Con cualquier especie.