Entrevistas

Jaume Fatjó, veterinario: “Al abandonar a un animal, se rompe de golpe el lazo que sostiene su mundo y eso es devastador”

Cuidado de nuestras mascotas

El etólogo lleva varias décadas estudiando el comportamiento de los animales y poniendo su bienestar en el centro

Jaume Fatjó trabaja en la Clínica veterinaria Tres Torres

Jaume Fatjó trabaja en la Clínica veterinaria Tres Torres

Cedida

Entre plazas vacías, parques solitarios o detrás de barrotes en un criadero, hay vidas que esperan cuidado, estabilidad y afecto. Son animales que alguna vez despertaron la ilusión de alguien y que hoy se enfrentan a la incertidumbre del abandono o a una existencia marcada por la reproducción sistemática. Dos realidades persistentes que siguen interpelando a nuestra sociedad y sobre las que reflexiona Jaume Fatjó, veterinario y especialista en medicina del comportamiento, en Guyana Guardian.

Director de la Cátedra Fundación Affinity – Animales y Salud de la UAB, ha dedicado su trayectoria a estudiar cómo se construyen los vínculos entre personas y animales y de qué manera el entorno determina su bienestar. Su enfoque es claro: situar en el centro las necesidades reales del animal. Con esta premisa, la adopción se alza como la respuesta más coherente. “Siempre recomendamos adoptar porque es la estrategia a corto plazo más efectiva para paliar el fenómeno del abandono. Es la forma de devolver a todos estos animales a un entorno familiar, que es donde deben estar”, explica.

El veterinario Jaume Fatjó se especializó en Estados Unidos en medicina del comportamiento
El veterinario Jaume Fatjó se especializó en Estados Unidos en medicina del comportamientoCedida

Ahora bien, cuando alguien opta por comprar, Jaume introduce una matización especial. “La diferenciación principal que hacemos es la clase de criador. Imagina un criador que tiene una mascota hembra, en un entorno familiar y con todas las necesidades cubiertas. Esta perra, de tanto en cuanto, cría y los cachorros están el tiempo suficiente con la madre para desarrollarse correctamente. Si este propietario respeta la calidad de vida y el bienestar de la hembra, manteniendo las mismas oportunidades, no estaría mal”, reflexiona.

No puede ser que la utilidad del animal, se lleve por delante su bienestar

Jaume Fatjó, veterinario y etólogo

Para Fatjó, esa hembra debe tener “contacto con otros perros, hacer ejercicio, explorar su entorno, estar bien alimentada y vivir en un espacio seguro”. El problema surge cuando la cría se convierte en explotación. “Si el hecho de criar implica que va a estar todo el día en una jaula y pasando penurias, no se puede permitir. No puede ser que la utilidad del animal, sea la que sea, se lleve por delante los elementos básicos de bienestar”, afirma con rotundidad. Es la realidad de las conocidas puppy farms, las granjas de cría intensiva. “No lo querría para ningún perro”, insiste.

El impacto invisible del abandono

Durante años, las campañas contra el abandono han mostrado imágenes difíciles de olvidar, como un perro observando cómo el coche de su familia se aleja en una gasolinera. Pero, ¿comprenden realmente lo que está ocurriendo? “No de la manera que lo seríamos nosotros, como de tener un concepto abstracto de lo que significa ser abandonado. Esta conceptualización, probablemente, no la hacen”, señala el experto.

Jaume Fatjó lleva años divulgando sobre el comportamiento de los animales 
Jaume Fatjó lleva años divulgando sobre el comportamiento de los animales Judith Tiral / YouTube

Lo que sí experimentan es “la evidencia del abandono”, la ruptura abrupta de un vínculo fundamental. “Para ellos, se rompe de golpe el lazo que sostiene su mundo. Y eso es devastador”. Más que la idea del abandono, viven un final sin explicación. “Es aún peor que no puedan tener esa conceptualización, porque lo que se produce es una pérdida sin sentido”, dice.

A ello se suma, tener que enfrentarse a un entorno desconocido. “El estrés y el shock que supone para un perro acabar en la calle o en una protectora es enorme. Por muy bien que lo hagan (y las protectoras realizan un trabajo admirable), un perro necesita un grupo, un lugar propio”, afirma.

Los lazos con la familia

Los lazos que nuestras mascotas establecen con la familia son profundos y duraderos. Fatjó recuerda un caso que lo marcó: “Hace años, yo vi en una protectora cómo un perro se empezó a poner muy nervioso y a llorar. Estaba llegando un coche a la protectora y se bajó una familia. Era su familia, que lo habían perdido dos o tres años antes, no lo habían podido localizar e iban a adoptar a otro perro. Se reconocieron mutuamente”, cuenta Jaume. “La memoria emocional de los perros y de los animales, en general, es muy grande”, subraya.

Y, sin embargo, también poseen una notable capacidad para volver a vincularse. “Cuando adoptas a un perro, le devuelves el equilibrio. Puede crear un nuevo vínculo con naturalidad. Se ha visto que incluso con diez minutos diarios de contacto en una protectora ya empieza a formarse ese lazo. Es un proceso muy natural e instintivo”, revela.

Los conocimientos de Jaume Fatjó señalan lo evidente: el abandono y los criaderos no son solo un problema legal o moral, sino que cuestionan nuestra responsabilidad hacia los animales que dependen de nosotros. Cada decisión tiene consecuencias directas en su bienestar físico y emocional. Honrar ese lazo que nuestras mascotas nos entregan con tanta inocencia es actuar con coherencia. Respetar sus necesidades, ofrecerles un entorno estable y rechazar aquellas prácticas que pueden empeorar su calidad de vida. Al final, la forma en que los tratamos apunta, directamente, a la capacidad de cuidado de nuestra sociedad.