María Rosa Solozabal, 74 años: “En breve me tocará renovar el carnet de conducir. Seré legal y les diré que ya no puedo, por mi enfermedad ocular”
Salud Ocular
Aunque no supone un riesgo para la vida de quienes la padecen, la DMAE dificulta seriamente tareas cotidianas como leer, reconocer caras, distinguir pequeños detalles, o conducir

María Rosa Solozabal, 74 años, paciente con DMAE

“Veo como una niebla delante de mis ojos, como si de repente todo se difuminara. Hay temporadas en las que estoy mejor y otras en las que todo se vuelve borroso”. María Rosa Solozabal tiene 74 años y padece degeneración macular asociada a la edad (DMAE), una enfermedad ocular crónica que provoca una pérdida progresiva de la visión central por el deterioro de la mácula, la zona de la retina responsable de la visión nítida y detallada.
Aunque no supone un riesgo para la vida de quienes la padecen, la DMAE dificulta seriamente tareas cotidianas como leer, reconocer caras, distinguir pequeños detalles, o conducir, además de propiciar situaciones de dependencia y aislamiento social. “Cuando tengo que coser un botón, me limita un poco. No soy muy de móvil, pero les digo a mis hijos que me pongan las letras más grandes. Con gafas de cerca puedo leer, pero ya no lo hago mucho porque me cansa y tengo que forzar demasiado la vista. En breve me tocará renovar el carnet de conducir. Seré legal y les diré que ya no puedo hacerlo”, explica a este diario. Agradece conservar gran parte de su visión, aunque convive con el temor de poder perderla algún día.
María Rosa descubrió por casualidad a los 62 años que tenía la enfermedad, cuando fue a hacerse unas gafas para ver de cerca. “Una amiga que tiene una óptica me hizo unas pruebas con la rejilla de Amsler, que sirve para detectar posibles alteraciones en la visión. Si ves las líneas rectas, todo está bien, pero si las ves torcidas o distorsionadas, puede indicar un problema. Yo las veía distorsionadas, así que bajé a urgencias y me diagnosticaron una degeneración macular húmeda”, recuerda.
Tenía buena vista hasta que una amiga detectó que veía las líneas rectas torcidas y acabé en urgencias
El suyo no es un caso aislado. La DMAE es la principal causa de pérdida de visión en el mundo entre las personas mayores de 50 años, seguida del glaucoma y la retinopatía diabética. No tiene cura, aunque sí tratamiento. Cuando la enfermedad avanza con mayor rapidez, como en el caso de María Rosa, se administran inyecciones intravítreas para frenar la pérdida de visión. Es un procedimiento rápido, con anestesia en gotas, que suele causar más molestia que dolor. “Duele un poco, pero la enfermedad avanza y es lo que hay. Hoy le he dicho a mi hija que por la tarde se quede cuidando de mis nietos”, cuenta Solozabal.

Desde su diagnóstico, hace 11 años, María Rosa ha recibido más de 30 inyecciones intravítreas. Hasta hace poco, las intervenciones las recibía en el edificio principal del Hospital Vall d’Hebron, en Barcelona, pero ahora se trata en las nuevas consultas de oftalmología del Parc Sanitari Pere Virgili, inauguradas como respuesta al aumento de pacientes con esta patología. “En el otro hospital todo era muy despersonalizado y demasiado grande. Recuerdo que mi marido me acompañaba y decía: ‘Ostras, aquí podrían grabar una película de Torrente’, porque era todo muy frío. Aquí, en cambio, es mucho más acogedor. Ahora vienes y te lo hacen todo al momento: te hacen las pruebas y, si hace falta, te pinchan el mismo día. Es un entorno que te ayuda a llevarlo mejor”, destaca la paciente.
En breve me tocará renovar el carnet de conducir. Seré legal y les diré que ya no puedo, por mi enfermedad ocular
Al principio, las inyecciones eran mensuales y, con el tiempo, a medida que la enfermedad se ralentizaba, se fueron espaciando. “Hasta hace unos meses solo tenía afectado el ojo izquierdo, pero ahora también se me ha afectado el derecho. El doctor me ha comentado que hay una hemorragia y que tenemos que volver a pinchar. Con el izquierdo me fue bien… así que esperemos que con este también”.

El tratamiento le ha permitido continuar con su vida con relativa normalidad. “Aún trabajo, soy una jubilada activa y sigo pagando autónomos. Tengo cinco nietos, los cuido mucho, cocino mucho y hago vida normal. Lo que pasa es que hay cosas que me cuestan más”, relata. El temor a perder visión, sin embargo, está siempre presente. “Cuando me ducho por la mañana, a veces cierro los ojos y pienso: a ver qué pasaría. Y salgo rápido, porque no quiero pensar en ello. Hay ratos en los que lloraría, porque la vista es muy delicada”, reflexiona.
Otra de sus grandes preocupaciones es que sus hijos o nietos puedan heredar la enfermedad, ya que la DMAE tiene un componente genético. “Siempre les digo que se lo miren porque es algo que me da miedo, aunque de momento están bien”. Curiosamente, Solozabal tiene una hermana gemela con la vista impecable y sin rastro de la enfermedad: “Nos parecemos en muchas cosas, pero gracias a Dios, no en la enfermedad”, agradece.
Aunque en España la Atención Primaria ofrece desde hace años programas de cribado para la retinopatía diabética con el objetivo de detectarla de forma precoz en la población con diabetes, no existen cribados sistemáticos para otras patologías oftalmológicas. Para evitar casos como el de Solozabal y poder detectar la enfermedad a tiempo, los expertos señalan que lo ideal sería implantar también cribados para la degeneración macular o el glaucoma en la tercera edad.



