Ciencia ficción

“El gran triunfo del capitalismo es vender su propia crítica”: así es el fenómeno ‘Torment Nexus’, cuando la distopía se convierte en producto

Sci-fi

La ciencia ficción lleva décadas imaginando futuros diseñados como advertencia. El problema es que muchos de los peligros previstos han acabado sirviendo de inspiración para las grandes tecnológicas. A este fenómeno se le llama ‘Torment Nexus’ y tiene su origen en un chiste de Twitter

Santi Cortés, experto en seguridad doméstica, revela las medidas clave para evitar ocupas y robos en casa: “Si se lo pones difícil, se van al vecino”

El universo distópico del cyberpunk es un ejemplo de fenómeno 'Torment Nexus'.

El universo distópico del cyberpunk es un ejemplo de fenómeno 'Torment Nexus'.

Que la realidad tecnológica acaba por superar a la ciencia ficción es ya un hecho. Debido a que muchas de las nociones introducidas por la literatura y el cine más distópico se han ido materializando, en 2021 el escritor y diseñador de videojuegos Alex Blechman escribió el siguiente tuit parodiando la situación:

— Autor de ciencia ficción: “En mi libro inventé el Torment Nexus como advertencia”.

— Empresa tecnológica: “Por fin, hemos creado el Torment Nexus a partir de la clásica novela de ciencia ficción No crees el ‘Torment Nexus’”.

La sátira hace referencia a que, en ocasiones, lo que en novelas de fantasía y mundos futuros es presentado como un sistema o artefacto malvado a evitar, acaba inspirando, paradójicamente, a ciertas corporaciones y gobiernos de nuestro presente para llevarlos a cabo. El Torment Nexus se ha convertido desde entonces en un meme entre los fans de la ciencia ficción cada vez que algún gigante tecnológico, un estado o la sociedad misma han creado algo que hasta entonces solo estaba en su imaginario.

El ejemplo más evidente de un Torment Nexus habría tomado forma hace ya un cuarto de siglo, cuando cierto canal que vive casi exclusivamente del sensacionalismo más miserable estrenó la primera temporada de Gran hermano. El término que da título al reality show por antonomasia viene de una icónica novela de George Orwell, 1984, en la que el escritor inglés advertía de que los totalitarismos del futuro utilizarían la tecnología para espiar continuamente a su población.

Así, el Gran hermano original se instaura como un siniestro gobernante sin rostro que castiga sin piedad a sus ciudadanos en cuanto observa que hacen algo contra el status quo. Sin embargo, su equivalente televisivo es una simpática voz que somete a pruebas estúpidas a unos concursantes perpetuamente vigilados durante semanas por propia voluntad, un ente invisible al que gozosamente cuentan sus banales desventuras y conflictos de patio de instituto bajo la mirada morbosa de millones de telespectadores.

No obstante, el caso que hace que el término cobre forma es mucho más reciente. A Blechman se le ocurrió el tuit hace cinco años, justo cuando Mark Zuckerberg anunció que Facebook viraba hacia Meta Platforms en una apuesta clara hacia el metaverso, concepto extraído de la novela de 1992 Snow Crash, de Neal Stephenson. La posibilidad de un mundo virtual en el que los usuarios interactúan —o, más bien, se pierden— mientras son representados por avatares, era algo de lo que la ciencia ficción llevaba tiempo alertando por sus riesgos de disociación de la realidad y adicción para los usuarios, pero a lo que de repente un magnate tech aspira a lograr.

Otro torment nexus serían la ingente cantidad de empresas que aspiran a una duplicación basada en inteligencia artificial que permita a las personas crear versiones digitales de sí mismos, de las que Uare.ai, empresa afincada en Silicon Valley que recaudó 10,3 millones de dólares en financiación inicial el pasado noviembre, se lleva la palma vendiendo su “IA individual”.

Adelanto del cartel promocional de 'Neuromante', la serie de Apple TV basada en la novela homónima de William Gibson.
Adelanto del cartel promocional de 'Neuromante', la serie de Apple TV basada en la novela homónima de William Gibson.

¿El objetivo? Desde creer quiméricamente que de alguna manera así se vence a la muerte hasta crear un esclavo a nuestra medida para las tareas más pesadas de nuestros cada vez más insulsos y automatizados trabajos. ¿La alerta? La tenemos en Neuromante de 1984, novela de William Gibson fundacional del cyberpunk y próxima serie de Apple TV, donde existen avatares digitales diseñados para comunicarse con amigos y amantes vivos en nombre de la persona a la que imitan.

En uno de estos escenarios, un personaje fallecido, McCoy Pauley, cuenta con un gemelo digital que continúa relacionándose con su entorno tras su muerte. Sin embargo, un fallo del software provoca que el constructo ignore su propia condición de copia: cree ser el McCoy auténtico. Sus amigos, perturbados por la situación, se ven atrapados en un dilema moral: saben que interactúan con una simulación, pero son incapaces de decirle que no es el McCoy auténtico.

Los ejemplos son infinitos

La película Ex Machina, de Álex Garland, retrata la vileza de un genio que desarrolla una ginoide —mujer robótica— hecha a su medida a la que trata como una esclava sexual. Hoy basta con buscar rápidamente en Google “AI Girlfriend” para constatar cuánto se ansía llegar a ese objetivo. En uno de los episodios más obsesivos de Black Mirror, casi todo el mundo ha aceptado implantarse a un nivel intracraneal un dispositivo para que sus ojos se conviertan en una mala suerte de cámara 24 horas en primera persona con la que poder grabar cada instante de su vida. Cabe preguntarse cuánto tardará Zuckerberg en declarar obsoletas las gafas de Meta y proponer una versión más intrusiva.

Y así podríamos continuar indefinidamente. No obstante, no podría despedir este artículo sin mencionar, aunque provenga de la fantasía épica y no de la ciencia ficción, el que para mí es el ejemplo más sangrante de un torment nexus: Palantir.

La empresa de vigilancia y análisis masivo de datos de Peter Thiel toma su nombre de los palantíri de J. R. R. Tolkien. En El Señor de los Anillos, el Palantir es una piedra que permite ver a distancia, pero que también deforma la realidad, induce a errores fatales y termina sometiendo a quien las usa a la voluntad de Sauron, el Señor Oscuro.

Tolkien concibió esto como advertencia: no todo lo que puede verse debe mirarse, y ningún poder de visión es neutral. La empresa de Thiel, en cambio, ha subvertido sin ningún pudor una herramienta narrativa sobre los peligros del control total, transformándola en un emblema corporativo que vende una mirada omnisciente como sinónimo de seguridad y control. Es como dijeran: “Sí, somos los malos, pero nos vas a contratar igualmente”.

Los torment nexus evidencian, por tanto, la siguiente ironía: en muchos aspectos, las narrativas que muestran un futuro horrible en el que las grandes multinacionales utilizan las nuevas tecnologías para aumentar su capital, han visto mutar, en manos de sus criticados, todo su valor moral, reconvirtiéndose en una inspiración, en un valor de consumo, y fortaleciendo precisamente aquello contra lo que pretendían disparar. He aquí el gran triunfo del capitalismo más voraz: ser capaz de vender su propia crítica.

Profesor de Filosofía, articulista, dramaturgo, guionista y un largo etcétera. Cuando buscas la definición de intrusista laboral, sale mi foto.

Etiquetas