El ascenso imparable de Lisa Su, la ingeniera que derribó el techo de cristal en Silicon Valley y se ha convertido en una de las CEOs más importantes del mundo
AMD
Cómo la directora de AMD rescató a la compañía de la bancarrota, revolucionó el mercado del chip y se consolidó como una de las voces más influyentes de la industria tecnológica
Tim Cook, el visionario que cogió el testigo de Steve Jobs y salvó a Apple de la ruina: “El problema que tiene la mayoría de la gente es que no sabe escuchar sus instintos”

La directora ejecutiva de AMD, Lisa Su, en el CES 2021

En Silicon Valley las mujeres no suelen ocupar los focos, y desde luego no por falta de talento. Aun así, hay una figura que ha conseguido sobresalir y lograr su merecido reconocimiento: una directiva que lleva décadas abriendo camino, demostrando que es posible liderar en la élite tecnológica y rescatando una empresa que muchos daban por perdida. Esa es Lisa Su, CEO de AMD.
Nacida en noviembre de 1969 en Tainan, un municipio especial de Taiwán, pasó muy poco tiempo en su país natal: a los tres años se mudó a Estados Unidos con sus padres. Creció en Queens, en la ciudad de Nueva York. Su padre, estadístico para la administración local, animó tanto a Lisa como a su hermano a estudiar matemáticas; su madre, contable que más tarde se convirtió en empresaria, reforzó esa educación enseñándole desde niña conceptos prácticos de gestión y negocios.
Obsesión por los microconductores
Una capacidad envidiable para inventar el futuro
Esto hizo que desde muy pequeña desarrollara un fuerte interés por la ingeniería. Como ella misma recuerda, “siempre he sentido una gran curiosidad por cómo funcionan las cosas”. Esa inclinación la llevó a graduarse en 1986 en la Bronx High School of Science y a matricularse después en la institución de ingeniería más prestigiosa de EE. UU.: el Massachusetts Institute of Technology.
En otoño de 1986 comenzó sus estudios en el MIT con la idea de especializarse en ingeniería eléctrica o en ciencias de la computación. Finalmente, optó por ingeniería eléctrica, reconociendo que era la opción más exigente y la que más la retaba. A lo largo de la carrera destacó como una estudiante brillante, pero también por un interés particularmente definido: los semiconductores. Pasó la mayor parte de su formación en laboratorios, diseñando y ajustando prototipos, convencida de que ese era su futuro. Los semiconductores eran su pasión, y no contemplaba trabajar en otra cosa.

Tras graduarse en 1990, obtuvo su máster en ingeniería eléctrica por el MIT en 1991. Entre 1990 y 1994 completó su doctorado en la misma disciplina bajo la supervisión de Dimitri A. Antoniadis y James E. Chung. La revista MIT Technology Review destacó entonces que fue “una de las primeras investigadoras en fijarse en la tecnología de silicio sobre aislante (SOI), por entonces una técnica sin probar para incrementar la eficiencia de los transistores al construirlos sobre capas de materiales aislantes”.
Su tesis, titulada “Extreme-submicrometer silicon-on-insulator (SOI) MOSFETs”, consolidó ese reconocimiento y la situó en el centro de un campo emergente. Poco después de publicarla, logró un puesto exactamente donde quería: en la industria de los semiconductores.
Sus primeros trabajos
De la academia a la cima de los microconductores
Tras obtener su doctorado, en 1994 se incorporó al equipo técnico de Texas Instruments, una de las grandes compañías del sector de los semiconductores —entre las diez primeras por volumen de ventas—. Permaneció allí hasta febrero de 1995, cuando IBM la reclutó para ofrecerle un puesto difícil de rechazar: vicepresidenta de investigación de semiconductores y directora del centro de desarrollo.
En IBM desempeñó un papel decisivo al impulsar el uso de conexiones de cobre en lugar de aluminio en los semiconductores. Aquella innovación, adoptada como nuevo estándar industrial en 1998, permitió que los chips fueran alrededor de un 20% más rápidos que sus predecesores, demostrando el impacto directo de su trabajo en la evolución del hardware moderno.
Siempre he sentido una gran curiosidad por cómo funcionan las cosas
Para el año 2000, todo ese trabajo empezó a dar frutos. Fue asignada durante un año como asistente técnica de Lou Gerstner, entonces CEO de IBM. Al terminar ese periodo, la ascendieron a directora de proyectos emergentes, un rol prácticamente en solitario que le daba libertad total para explorar nuevas ideas. Lo primero que hizo fue contratar a un equipo de diez personas y poner en marcha una especie de startup dentro de IBM, centrada en biochips y semiconductores de banda ancha.
Desde esta división lideró el desarrollo de chips de nueva generación para Sony y Toshiba. Un avance que, en palabras de Ken Kutaragi, entonces presidente de Sony, “mejoró la eficacia de las videoconsolas por un factor de 1.000” con la llegada de PlayStation 3.
Su etapa en IBM no sería para siempre. En mayo de 2007 dejó la compañía y, un mes después, se incorporó a Freescale Semiconductor como CTO, liderando la rama de investigación y desarrollo. Permaneció en ese puesto hasta agosto de 2009, y entre septiembre de 2008 y diciembre de 2011 ejerció además como vicepresidenta senior y directora general. Su trayectoria coincidió con un momento clave: la empresa se preparaba para una oferta pública de venta y acabó saliendo a bolsa.
Pero Lisa Su tenía otras metas. Una compañía observó lo que había logrado en Freescale y decidió que quería contar con ella. Esa empresa era AMD.

Su llegada a AMD
Salvando a una empresa a las puertas de la bancarrota
Lisa Su se incorporó a AMD en enero de 2012 como vicepresidenta y directora general. En los dos años siguientes se convirtió en una figura clave para lograr algo que la compañía no había conseguido hasta entonces: diversificar su porfolio. Tradicionalmente centrada en el mercado del PC y en la venta de tarjetas gráficas, AMD dependía en exceso de un único sector. Gracias al trabajo y a los contactos de Su, la empresa logró cerrar acuerdos con Microsoft y Sony para participar en la arquitectura interna de Xbox One y PlayStation 4. Aquello no solo abrió una nueva línea de negocio, sino que aseguró a AMD ingresos estables y muy relevantes.
Es importante recordar que, cuando Su llegó a AMD, solo un 10% de las ventas procedía de productos ajenos al PC. Tres años después, gracias a los acuerdos con Sony y Microsoft —y a otros socios estratégicos— esa cifra había aumentado hasta el 40%. Su apuesta a largo plazo por el gaming, los centros de datos y las plataformas inmersivas no solo diversificó el negocio: fue recibida dentro de AMD como el cambio de rumbo que la compañía necesitaba.
Y no era para menos. AMD atravesaba entonces uno de sus peores momentos. Nvidia dominaba el mercado de las tarjetas gráficas y había asegurado su posición casi hegemónica en el terreno de las consolas, con solo Nintendo, Sony y Microsoft como actores relevantes. El espacio para competir se reducía, y la situación financiera se deterioraba.
En noviembre de 2011 AMD despidió al 10% de su plantilla —unos 1.400 empleados— y en octubre de 2012 tuvo que recortar otro 15%. Muchos analistas coinciden en que la entrada de los chips de AMD en Xbox One y PlayStation 4, junto con el nuevo enfoque estratégico impulsado por Su, fue lo que salvó a la compañía de una bancarrota que parecía inevitable en un mercado que amenazaba con convertirse en un monopolio de facto bajo Nvidia.
Por eso no sorprendió a nadie que, el 8 de octubre de 2014, nombraran a Lisa Su como nueva CEO de AMD, en sustitución de Rory Read. ¿Su plan para la compañía? Invertir en tecnologías de alto valor y profundizar todavía más en la diversificación del porfolio, la estrategia que ya había comenzado a transformar el rumbo de la empresa.

Desde entonces, Su centró sus esfuerzos en construir una cartera de productos que no dependiera de un solo mercado. Bajo su liderazgo, AMD anunció nuevos microprocesadores, APUs, chips semi-custom para consolas de nueva generación y una nueva línea de tarjetas gráficas. Estos avances consolidaron la validez de su estrategia y contribuyeron al crecimiento del valor de la compañía en bolsa.
El punto de inflexión llegó en el segundo cuatrimestre de 2017, cuando AMD lanzó los microprocesadores Ryzen. Aclamados por ofrecer un rendimiento competitivo frente a Intel a un precio significativamente menor, marcaron el regreso de AMD a la primera línea de la industria y confirmaron que el rumbo impuesto por Su era el correcto.
Una posición sin desafío
Donde todos los demás quieren ser el rey, ella sabe el valor de diversificar
Desde entonces, AMD ha sabido mantenerse en una posición sólida en el mercado, ocupando de forma constante el segundo puesto en varios segmentos a la vez. Intel domina los microprocesadores y Nvidia los chips gráficos, pero AMD se mantiene siempre cerca, consolidada como una alternativa más asequible y con un rendimiento comparable, mientras invierte en áreas que quizá no son tan lucrativas a corto plazo, pero sí estratégicas.
Un ejemplo clave fue la adquisición, en febrero de 2022, de Xilinx, una empresa especializada en SoCs —circuitos integrados que combinan en un único chip la mayoría de los componentes esenciales de un ordenador— y en FPGAs, dispositivos capaces de reconfigurarse para imitar el funcionamiento de otros circuitos en tiempo real. Son tecnologías cada vez más relevantes y con un peso creciente en toda la industria, campos en los que AMD cuenta con ventaja técnica y que podrían representar ese gran salto que la inteligencia artificial promete, pero aún no ha terminado de entregar.
Con un patrimonio superior a los 1.000 millones de dólares, al frente de una de las mayores compañías tecnológicas del mundo y demostrando una y otra vez su capacidad para anticipar el futuro, Lisa Su ha dejado claro que, aunque el techo de cristal exista, también puede romperse. Y mientras ella siga liderando AMD, la compañía no solo seguirá plantando cara, sino que lo hará en todos los frentes de los semiconductores que podamos imaginar.






