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Tim Cook, el visionario que cogió el testigo de Steve Jobs y salvó a Apple de la ruina: “El problema que tiene la mayoría de la gente es que no sabe escuchar sus instintos”

Apple

Cook es el gran hombre detrás de la resurrección de Apple en los 2000 y su carrera ha sido apoteósica, pero desde hace unos años está demostrando su falibilidad

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Tim Cook, CEO de Apple.

Tim Cook, CEO de Apple.

David Paul Morris / Bloomberg

Apple es una de las empresas más reconocidas del mundo gracias a su capacidad para reinventarse e innovar de forma constante. Durante años, gran parte de ese mérito se atribuyó a la figura mítica de su cofundador, Steve Jobs. Pero lo cierto es que hace tiempo que no está entre nosotros y, aun así, Apple no ha perdido atractivo ni capacidad de influencia.

Eso demuestra que Apple es mucho más que la visión de Jobs. Y, sobre todo, pone en valor el papel de su actual CEO, Tim Cook, que ha sabido adaptar la compañía a algunos de los cambios más convulsos que ha vivido el sector. Por eso su figura resulta tan intrigante e interesante.

Tim Cook es una de esas raras excepciones en Silicon Valley en las que podemos hablar de unos orígenes realmente humildes. Nacido el 1 de noviembre de 1960 en Mobile, Alabama, creció en la pequeña localidad de Robertsdale, un municipio de poco más de 6.500 habitantes. Hijo de un trabajador de astillero y de una farmacéutica, destacó desde muy joven. Se graduó como el segundo mejor estudiante de su promoción en el Instituto de Robertsdale en 1978 y pasó directamente a la universidad.

En la universidad no hubo grandes sorpresas. Fue a la Universidad de Auburn, se graduó en ingeniería industrial en 1982 y logró su Master en Administración de Empresas por la Universidad de Duke en 1988. Pero para entonces ya llevaba seis años trabajando en la empresa que dedicó doce años de su vida: IBM. 

Mi intuición ya sabía que unirme a Apple era una oportunidad de las que solo hay una en la vida

Tim Cook

CEO de Apple

Tras graduarse en ingeniería industrial, Cook consiguió un puesto en IBM, donde ascendió con rapidez. Llegó a ser director de cumplimiento de pedidos para Norteamérica y, tras doce años en la empresa, dio un giro en su carrera al aceptar el puesto de director de operaciones en la división de reventa de ordenadores de Intelligent Electronics.

Su ascenso continuó poco después en Compaq, donde fue nombrado vicepresidente de materiales corporativos en una de las empresas de hardware y software más relevantes del momento —la misma que, con el tiempo, se integraría en HP—. Pero su paso por allí fue breve: apenas seis meses después dejó la compañía para unirse a Apple.

Tim Cook, consejero delegado de Apple, sostiene un iPhone 17 Pro Max y un iPhone Air el pasado martes.
Tim Cook, consejero delegado de Apple, sostiene un iPhone 17 Pro Max y un iPhone Air el pasado martes.David Paul Morris/Bloomberg

Cómo Tim Cook consiguió levantar Apple junto a Steve Jobs

El hombre que resucitó a Apple

Aunque hemos dicho que Steve Jobs no es Apple, su figura fue obviamente determinante. Fue él quien pidió en 1998 a Tim Cook en persona que se uniera a la empresa. Cook ha confirmado afirmando que no fue una decisión racional por su parte, pero había algo que le llamaba demasiado la atención de aquel reto: “Mi intuición ya sabía que unirme a Apple era una oportunidad de las que solo hay una en la vida. Podía trabajar con un genio creativo y ser parte de un equipo ejecutivo capaz de resucitar una gran compañía americana”.

En cualquier caso, tampoco le ofrecieron un paso atrás en su carrera. Su primera posición en Apple fue la de vicepresidente senior de operaciones a nivel mundial. Fue en esa posición donde se hizo imprescindible: supo saber ver las necesidades de Apple tanto en tiempo presente como en un futuro próximo, dadas las circunstancias de la empresa. 

Cook tuvo que tomar decisiones impopulares, como cerrar fábricas y almacenes titulares de Apple para sustituirlas por contratos con terceros, pero gracias a ello consiguió ir cumpliendo con los objetivos que tenía en mente. Logró reducir el inventario de la compañía de meses a días, agilizando los procesos de la misma de forma drástica. 

En general, eso fue lo que aportó Cook a una Apple que, en aquel momento, estaba en una situación precaria donde parecía que ya no suscitaba interés ni competir con Microsoft. Jobs le contrató porque podía agilizar los métodos de la empresa, volviéndolos de nuevo competitivos para un mercado muy exigente. Y eso fue lo que hizo. 

El éxito de las grandes tecnologías de Apple en los años 2000 fue, en parte, gracias a Tim Cook. Él fue quien anticipó que las memorias flash serían clave en el futuro y negoció acuerdos a largo plazo con sus fabricantes para asegurar no solo el suministro, sino también precios competitivos. Esa decisión estratégica permitió que productos como el iPod Nano, el iPhone o el iPad llegaran al mercado sin obstáculos, mientras otras compañías que intentaban competir en ese mismo terreno se encontraban con una escasez constante de memorias flash. Todos luchaban por conseguirlas. Todos menos Apple.

Esta visión de futuro y capacidad para saber dónde, cuándo y cómo recortar fue lo que le valió su ascenso a jefe de operaciones en 2007, y en 2009 a ejecutivo jefe. En ese momento, la salud de Jobs ya empezaba a flaquear y Cook se comenzaba a ver como lo que terminó siendo: el sustituto ideal. 

Tim Cook durante una presentación en septiembre del 2017 en el Steve Jobs Theater del Apple Park ante un gran retrato de Jobs
Tim Cook durante una presentación en septiembre del 2017 en el Steve Jobs Theater del Apple Park ante un gran retrato de JobsF. Bracero

El hombre que logró hacerse a la sombra de Jobs

De CEO en las sombras a CEO oficial

Para cuando Steve Jobs se ausentó por tercera vez por motivos médicos en enero de 2011, Cook asumió la gestión diaria de la empresa. Por eso no sorprendió que, cuando Jobs renunció a su cargo meses después, fuera él quien lo sustituyera: Tim Cook fue nombrado director ejecutivo de Apple en agosto de 2011.

Tampoco extrañó a nadie porque, tanto dentro como fuera de la empresa, se consideraba que la dupla Jobs-Cook había sido la responsable de sacar a Apple de una espiral que apuntaba a la desaparición o a la irrelevancia. De ingresar 11.000 millones de dólares en 1995, la compañía cayó hasta los 6.000 millones en 1998, pero tras las maniobras comerciales impulsadas por Jobs y Cook, en 2011 alcanzó los 110.000 millones de dólares en beneficios anuales.

Tim Cook, CEO de Apple.
Tim Cook, CEO de Apple.Getty Images

Pero ni siquiera el propio Jobs llegó a ver ese éxito en toda su magnitud, ya que falleció el 5 de octubre de 2011 debido a complicaciones derivadas de un cáncer pancreático.

Precisamente porque Cook y Jobs formaron un tándem desde el momento en que el primero entró a trabajar en Apple, su llegada al puesto de CEO no alteró en gran medida el funcionamiento ni la estrategia de la compañía. Apple siguió centrada en su ecosistema, enfocada en moverse con agilidad dentro de él y en colaborar, siempre que era posible, con aquellas empresas a las que consideraba aliadas y no competidoras directas.

Ese enfoque apenas ha cambiado en los casi quince años siguientes. Sin embargo, durante este tiempo, Cook ha recibido dos críticas de manera constante: ser demasiado continuista con el legado de Jobs y tomar decisiones cuestionables en el terreno político.

De persona concienciada a “villano”

La deriva política de Tim Cook

Aunque Jobs siempre se mantuvo al margen de la política, Cook no lo hizo. Declarado demócrata y abierto defensor de las campañas de Barack Obama y Hillary Clinton, llegó a ser muy crítico con Donald Trump —al menos durante su primera legislatura—. También adoptó una postura firme respecto a cómo Apple debía situarse a la vanguardia de la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático, hasta el punto de instar a los accionistas a vender sus participaciones si no compartían esos principios.

Al fin y al cabo, es el hombre que afirmó: “Nos gustaría ser capaces un día de fabricar nuevos productos única y exclusivamente a partir de materiales reciclados, incluyendo entre ellos los viejos productos de los clientes”.

Nos gustaría ser capaces un día de fabricar nuevos productos única y exclusivamente a partir de materiales reciclados

Tim Cook

CEO de Apple

Así fue hasta alrededor de 2016. Ese año, Cook firmó un acuerdo de 275.000 millones de dólares con China —negociado personalmente por él— que terminó reforzando la censura ejercida por el gobierno chino. 

Entre las consecuencias estuvo la manipulación de Apple Maps para favorecer la versión oficial de Pekín sobre la disputa de las islas Senkaku; la censura de términos como “derechos humanos” o “libertad”, así como de números asociados a la fecha de la masacre de Tiananmén; y la eliminación de contenido musulmán en su plataforma. En la práctica, Cook se plegó a los intereses del gobierno chino sin disimulo y sin mostrar la menor intención de ocultarlo.

Y eso solo fue el comienzo. A lo largo de los últimos años, su perspectiva sobre Donald Trump ha cambiado radicalmente. En enero de 2025 donó un millón de dólares al comité inaugural de Donald Trump, demostrando así su apoyo al ahora presidente de EEUU. Y por si quedaba alguna duda, el 20 de enero estaba presente en la segunda inauguración de Donald Trump, rindiéndole pleitesía junto con otros CEOs como Elon Musk o Mark Zuckerberg. 

Aunque el caso más flagrante de apoyo a Trump llegó el pasado 6 de agosto, cuando Cook visitó la Casa Blanca para presentar al presidente de Estados Unidos una placa de cristal asentada en una base de oro de 24 quilates hecha con materiales americanos. 

¿La razón detrás de esto? Anunciar que Apple iba a invertir 100.000 millones en inversiones en EE. UU., tras haber invertido otros 500.000, siguiendo la estrategia de Trump America First. ¿Para qué? Para evitar una potencial tarifa de los semiconductores que hubiera hecho que Apple tuviera muy serios problemas para seguir vendiendo sus productos sin elevar su precio de forma absolutamente masiva. 

Tim Cook dando la mano a Donald Trump.
Tim Cook dando la mano a Donald Trump.BONNIE CASH / EFE

Cuando los instintos fallan

Un futuro incierto para Apple

De ahí vienen los bandazos ideológicos de Cook. No porque ahora simpatice con Trump ni porque crea que sea una buena persona, sino por puro cálculo estratégico. Igual que en su momento firmó acuerdos a largo plazo para asegurar el suministro de memorias flash que permitió a Apple liderar la revolución móvil, ahora busca garantizar a corto y medio plazo el acceso a los semiconductores necesarios para que la compañía siga funcionando.

La diferencia es que, si aquella jugada fue brillante y visionaria, esta parece más bien un movimiento desesperado, nacido de la conciencia de que no supo anticipar lo que estaba a punto de ocurrir en Estados Unidos.

Cook siempre ha defendido que la intuición es una parte esencial de cualquier método. Llegó a decir: “No pienso que nazcas con los instintos; el instinto madura y se vuelve mejor con el tiempo. El problema que tiene la mayor parte de la gente es aprender a escucharlo”. Pero incluso la intuición falla a veces. Y, en este caso, también le falló a Cook.

Por eso mucha gente, desde hace años —y más aún tras lo ocurrido con Trump—, empieza a tener serias reservas sobre Cook. Apple parece estar perdiendo pie y su intuición, antes celebrada, da la impresión de fallar cada vez con más frecuencia. Hay quienes defienden que ha llegado el momento de un cambio de rumbo, pero Cook insiste en repetir los movimientos que le han llevado al éxito durante gran parte de su carrera. Incluso cuando esa intuición ya no parece responderle. Y, mientras tanto, los lobos empiezan a llamar a la puerta.

Álvaro Arbonés

Álvaro Arbonés

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Periodista y escritor. Cultura, videojuegos, política y filosofía es lo mío, pero seguro que me lees hablando de alguna cosa más.

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