Sociedad Neo

Quedar ya no es el plan: por qué la Generación Z socializa más online que en persona

Cada uno en su casa

La generación adolescente actual se encuentra poco presencialmente y prefiere hacerlo en plataformas como Discord, donde se organizan salas en las que todos pueden charlar en tiempo real

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Los adolescentes se reúnen a menudo, pero cada uno desde su casa.

Los adolescentes se reúnen a menudo, pero cada uno desde su casa.

Diseño: Selu Manzano

Somos seis amigas. Para cuadrar todas nuestras agendas hemos tardado un mes. Nos vamos de viaje de fin de año, pero aún no somos capaces de organizarlo. Ni siquiera nos hemos visto para hacerlo. Todo lo decidimos por encuestas de WhatsApp porque, viviendo en la misma ciudad, no hemos podido coincidir en tres meses. Nos queremos, nos tenemos presentes, pero la vida adulta pasa por encima de todo… o eso decimos. ¿Te suena?

No es un caso aislado ni una anécdota generacional. Esta dificultad para vernos se ha convertido en una experiencia compartida y empieza a tener nombre. En los últimos meses, la catch-up culture (esa lógica de quedar solo para “ponerse al día”) ha empezado a ocupar titulares, hilos y artículos. Ya no nos vemos para crear recuerdos nuevos, sino para resumir los antiguos, como si la amistad funcionara a base de actualizaciones periódicas.

Como definió el sociólogo Ray Oldenburg, los llamados terceros espacios (cafés, plazas, bares o centros culturales donde reunirse de forma informal fuera de casa y del trabajo) eran el corazón de la vida social cotidiana. Espacios sin guion, sin consumo obligatorio y sin expectativas, pero su progresiva desaparición ayuda a explicar por qué hoy cuesta tanto quedar. Cuando estos lugares se encarecen, se privatizan o directamente dejan de existir, la socialización deja de ser espontánea y pasa a depender de la voluntad, el tiempo y la logística individual.

La desaparición de estos espacios accesibles explica en parte por qué a la Generación Z le cuesta cada vez más socializar en persona. Al mismo tiempo, surge una pregunta clave: ¿qué está ocupando ese vacío?

Los encuentros de la Gen Z se producen más en la red que presencialmente.
Los encuentros de la Gen Z se producen más en la red que presencialmente.Getty Images

Internet es en gran parte la respuesta. Nos mantiene conectados y nos da una sensación de cercanía constante. “Nos mandamos audios largos y así nos mantenemos al día, me gusta sentir que estamos cerca”, me dice mi amiga Lidia, que vive a una hora y media en coche. La realidad es que internet nos permite sostener los vínculos, pero la creación de contextos significativos depende de muchos factores.

La soledad juvenil afecta a un gran número de jóvenes y adolescentes. La digitalización, el individualismo o la transformación de los vínculos familiares y comunitarios han aumentado la soledad no deseada, haciendo que los jóvenes dependan cada vez más de espacios digitales para mantener contacto, aunque estos no generen contexto real.

Los jóvenes dependan cada vez más de espacios digitales para mantener contacto, aunque estos no generen contexto real

Sin embargo, no todas las formas de interacción digital son iguales. Mientras las redes tradicionales nos mantienen en contacto de una manera aparentemente más superficial, un nuevo grupo de apps centradas en intereses específicos y el bienestar toma nuestra atención.

Son las apps de tracking, aplicaciones que no solo permiten monitorear tu propia actividad, sino también compartirla y compararla con otros. Según un análisis reciente de Matter, una plataforma de investigación cultural y tendencias, el bienestar se ha convertido en una infraestructura social en sí misma. Apps como Strava, Oura, Goodreads, iNaturalist o Flo ya no funcionan solo como herramientas individuales, sino como espacios donde coincidir, reconocerse y crear comunidad en torno a intereses compartidos.

Las comunicaciones de la Gen Z se producen más a través del ordenador que cara a cara.
Las comunicaciones de la Gen Z se producen más a través del ordenador que cara a cara.Getty Images

Como señala Matter, “las apps de tracking son otro antídoto emergente contra el aislamiento… y, de forma crítica, permiten que personas con intereses similares conecten entre sí en un entorno de baja presión”.

Si bien las redes sociales tradicionales permiten mantener vínculos, algunos estudios sugieren que la interacción suele ser superficial y no siempre reemplaza la profundidad de las relaciones cara a cara. En cambio, estas plataformas ofrecen algo distinto como actividades concretas, repetición de espacios y sociabilidad y una sensación de cercanía. Puede ser que quizá haga más de un año que no hablamos, pero, en cambio, sé que la semana pasada mi amigo Carlos vio La Favorita y le puso tres estrellas en Letterbox.

Eso sí, aunque estas apps facilitan encuentros y comunidad, no son inmunes a efectos negativos. La comparación constante, la presión por mantener registros y la exclusión de quienes no usan la plataforma pueden generar estrés o malestar.

Sin embargo, no todas las plataformas digitales funcionan igual. Plataformas como Discord están siendo analizadas como posibles terceros espacios digitales. Un estudio reciente de Cornell University señala que su diseño funciona precisamente porque no empuja a la conversación constante ni a la exposición continua, sino a la coincidencia repetida en espacios compartidos. Canales temáticos, dinámicas informales y una participación sin presión permiten que la gente esté, entre y salga, reconozca a otros y vuelva. No se trata de hablar sin parar, sino de coincidir una y otra vez en el mismo lugar, algo cada vez más difícil fuera de la pantalla y que explica por qué estas plataformas empiezan a ocupar el vacío que dejaron los terceros espacios físicos.

Canales temáticos, dinámicas informales y una participación sin presión permiten que la gente esté, entre y salga, reconozca a otros y vuelva

La experiencia de la app Mate refleja cómo la tecnología puede diseñarse para revertir la soledad juvenil en lugar de fomentarla. Guillermo Correa, su fundador, detectó que un 25% de los jóvenes en España se sienten solos, y decidió crear una app que prioriza la acción en el mundo real sobre el tiempo frente a la pantalla.

Según su creador, a diferencia de otras plataformas, Mate no busca retener al usuario, sino facilitar encuentros inmediatos y seguros, con dinámicas que promueven la conexión por intereses compartidos y no por apariencia o popularidad. Su app no promete matches infinitos ni retención constante, sino justo lo contrario: “el menor tiempo posible en la pantalla y el máximo en la vida real”.

Su lógica es similar a la de las comunidades de bienestar en la que no se trata de sustituir los terceros espacios perdidos, sino intentar reconstruir su función social esencial, que es que vuelva a ser sencillo crear contextos de donde relacionarse. Estas nuevas plataformas demuestran que la solución no es aislarse más, sino inventar nuevos lugares (físicos, digitales o híbridos) donde volver a verse. Quedar ya no es el plan, sino reconstruir los espacios que lo hacen posible.