Sociedad Neo

La controvertida historia de Mustafa Suleyman, que salió de Google por acusaciones de acoso y acabó encabezando la IA de Microsoft

Perfil polémico

Tras su involucración en DeepMind, es una de las personas más cercanas a la IA de verdad, aunque también es alguien con un pasado conflictivo

Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, sobre el futuro de los niños: “Si en 20 años alguien decide casarse con una IA, no le juzgaré”

Mustafa Suleyman, investigador y empresario británico dedicado a la inteligencia artificial. Es CEO de Microsoft AI

Mustafa Suleyman, investigador y empresario británico dedicado a la inteligencia artificial. Es CEO de Microsoft AI

Diseño: Selu Manzano

Si pidiéramos al común de los mortales que nombrara al padre de la IA, no sabría hacerlo. Si le pidiéramos que señalara a la persona que más ha hecho por popularizar y convertir la IA en todo lo que es hoy, probablemente diría que Sam Altman. Y no se equivocaría, pero tampoco acertaría del todo. Porque, aunque parezca raro que el creador de ChatGPT no sea la persona más importante detrás de todo lo que ha ocurrido con esta tecnología: hay alguien que entre las sombras hizo mucho más por llevar la IA al imaginario público.

Actualmente es CEO de Microsoft AI, pero antes de eso fue una de las figuras más importantes de DeepMind, fundó su propia empresa de IA y consiguió llegar hasta esa posición donde muchos otros tienen que nacer con un pan y una fortuna debajo del brazo para llegar. Porque quizás no te suene el nombre de Mustafa Suleyman como el de otros gurús de la IA, pero es tanto o más importante que ellos.

Hassabis, amigo de la infancia

A veces es importante conocer a la persona adecuada

Nacido y criado en el pacífico municipio de Islington, en Londres, Suleyman tuvo una familia de padre sirio taxista y madre inglesa enfermera. Como el mayor de tres hermanos, también recayeron sobre él las expectativas de dar ejemplo sobre los demás.  Y cumplió.

Fue a un colegio público en Islington para, más tarde, ir a una gramar school, una institución de educación secundaria propia de países anglosajones con una educación tradicional muy estricta y, generalmente, más enfocada en el estudio de disciplinas academias clásicas como el latín, la oratoria y la religión. En este momento de su vida fue cuando conoció a la persona que más impactaría en su vida, que no sería otro que Demis Hassabis.

Con Hassabis tuvo profundas conversaciones y eso le ayudó a madurar y pensar en el mundo de otra manera, debatiendo frecuentemente acerca de cómo podían cambiar el mundo, algo típico de adolescentes. Quizá eso fue lo que le animó a matricularse en filosofía y teología por la Universidad de Oxford, pese a que acabaría abandonando la carrera apenas a los 19 años de edad.

Tras dejar la universidad no figuraba en sus planes quedarse quieto. Ya con 17 años había ayudado a establecer un teléfono de consejería para jóvenes musulmanes, que acabaría por convertirse en uno de los servicios de asistencia más grandes de Inglaterra. Tras eso, trabajó como responsable de políticas en derechos humanos para Ken Livingstone, el alcalde laborista de Londres, entre 2000 y 2008.

La llegada de una IA Aparentemente Consciente es inevitable y no es bienvenida. En vez de eso, necesitamos la perspectiva de una IA que pueda conseguir su potencial como una compañera que nos ayuda

Mustafa Suleyman

CEO de Microsoft AI

Tras eso comenzó su propio proyecto, Reos Partners, una consultoría que usaba métodos de resolución de conflictos para abordar problemas sociales. Como negociador y facilitador, trabajó para Naciones Unidas, el Fondo Mundial para la Naturaleza y el gobierno danés, además de otros clientes de perfil menos público. No sería hasta 2010 cuando comenzaría su carrera por la que hoy se le conoce, y que es mucho menos positiva para el mundo, en global, aunque sea más beneficiosa económicamente para él.

Su gran éxito: DeepMind

Hasta la llegada de Google y sus problemas

Demis Hassabis, en algún momento entre 2009 y 2010, quiso iniciar su propia compañía de lo que pensaba que sería el futuro de la informática y la humanidad: la inteligencia artificial. Para ello contaba con Shane Legg, un investigador en inteligencia artificial que conoció en la Gatsby Computational Neuroscience Unit de la Unversity College de Londres. Pero aún les faltaba alguien. Alguien que entendiera el componente ético detrás de la tecnología y la propia humanidad, y que pudiera afirmar cosas como que “la llegada de una IA Aparentemente Consciente es inevitable y no es bienvenida. En vez de eso, necesitamos la perspectiva de una IA que pueda conseguir su potencial como una compañera que ayuda sin caer presa de sus ilusiones”. Y ahí es donde Hassabis recordó a un amigo de la infancia que era el candidato perfecto.

Demis Hassabis, Shane Legg y Mustafa Suleyman fundaron DeepMind en noviembre de 2010 como una compañía de machine learning e IA. Suleyman era el director de producto

DeepMind se convirtió rápidamente en la gran promesa de la IA. Gracias a sus avances apoteósicos que alcanzaron la prensa durante años. Gracias a sus habilidades para vencer a grandes maestros en juegos de estrategia como el ajedrez, y a su capacidad para revolucionar la ciencia médica al predecir composiciones de aminoácidos, la empresa se convirtió en la punta de lanza de la tecnología. Todo ello, sin necesidad de tocar la IA generativa.

Con inversiones de cientos de millones por parte de Scott Banister, Peter Thiel, Elon Musk y Jaan Tallin, la compañía logró ser el primer unicornio de la IA, y también la primera empresa en la que pusieron sus ojos las grandes multinacionales tecnológicas. En este caso, Google.

Mustafa Suleyman
Mustafa Suleyman

Google compró DeepMind por apenas 400 millones de libras en 2014, en la mayor adquisición que había hecho el gigante de Internet en Europa hasta el momento. En ese momento, Suleyman ascendió hasta director de IA aplicada, encargándose de integrar la IA en toda clase de productos de Google. No fue ese su único cometido.

Encontró métodos novedosos para enfriar los centros de datos de Google, redujo en un 40% el uso de la energía necesaria para su enfriamiento y mejoró en un 15% la eficiencia del edificio en general

Sus mayores logros se dieron fuera de la integración de la IA dentro de Google, y ambos fueron en 2016. El primero fue en febrero, cuando lanzó DeepMind Health, una tecnología pensada para el servicio sanitario inglés, aunque con expectativas de ser vendida a otros clientes. Con ella buscaban mejorar la eficiencia y los resultados de los médicos. No para sustituirlos, sino para asistirles en aquellos aspectos que podrían quedarse cortos por las limitaciones propias de las personas.

Su otro gran logro tuvo que ver con la propia Google, pero no con sus servicios. Gracias a los algoritmos de aprendizaje profundo de DeepMind descubrió cómo reducir la energía necesaria para enfriar los centros de datos de Google. Encontró métodos novedosos para enfriarlos, redujo en un 40% el uso de la energía necesaria para su enfriamiento y mejoró en un 15% la eficiencia del edificio en general.

Desde entonces, se mantuvo como uno de los grandes nombres de DeepMind y de la IA. Sin embargo, en agosto de 2019 tuvo que dejar la empresa por acusaciones de acoso a empleados.

Tras una investigación independiente por parte de la empresa, Suleyman dejó silenciosamente DeepMind para asumir un puesto directivo en Google. Mientras, en DeepMind, circuló un email afirmando que “la forma de dirigir de Suleyman no alcanza nuestros estándares exigidos”. Algo que hizo que no extrañara a nadie cuando, en enero de 2022, acabara abandonando completamente la empresa.

Dando tumbos por el mundo

El intento de Suleyman de volver a hacer pie tras la catástrofe

Aunque las acusaciones de acoso—que no solo no fueron desmentidas, sino que fueron tácitamente aceptadas— hubieran sido suficientes para hundir la carrera de muchos, no lo fueron para Suleyman. Tras dejar Google, probablemente ante la idea de que no podría ascender en la misma, en enero de 2022 se unió a Greylock Partners, una firma de capital riesgo. Ya en marzo de ese mismo año fundó Inflection AI, una nueva empresa especializada en IA.

Inflection AI es una empresa fundada por Mustafa Suleyman, Reid Hoffman y Karén Simonyan, cuyo propósito era crear productos con inteligencia artificial generativa. El primero de ellos, Pi, era un chatbot que debía funcionar como un asistente personal, aunque al final ha acabado siendo un chatbot como ChatGPT, aunque de menor calado entre el público.

Eso no impidió que Suleyman y Simonyan fueran fichados por Microsoft, junto con prácticamente la totalidad de sus 70 empleados, para conformar Microsoft AI, un intento de la compañía de Redmond de ser competitivos en la lucha por la supremacía de la inteligencia artificial, el pasado marzo de 2024.

Mustafá Suleyman (d), junto a Sam Altman, en una imagen de archivo. 
Mustafá Suleyman (d), junto a Sam Altman, en una imagen de archivo. CHRIS J. RATCLIFFE / EFE

¿A qué se debe este movimiento? La primera y más evidente de las razones es que la lucha por el talento, para 2024, ya había alcanzado su punto álgido. Cualquiera que quiera fichar a alguno de los grandes jugadores detrás de la IA lo tiene difícil, si no imposible, salvo que haga movimientos potencialmente catastróficos para su empresa. La segunda y menos evidente es que Suleyman es cofundador de Parnership on Ai, una organización que estudia y formula buenas prácticas en inteligencia artificial, y que cuenta, entre otros, con representantes de Microsoft.

Por eso es probable que sea hoy cabeza de la unidad de IA de Microsoft. Aunque se fue por la puerta de atrás de Google después de que lo dejaran olvidado en un rincón, supo jugar sus cartas para hacerse relevante en un campo tan competitivo como el de la IA, y eso le ha servido para llegar hasta un puesto muy cotizado.

Unas cuestionables posiciones éticas

No parece que tenga la mejor de las posiciones

¿Qué cabe esperar de él en el futuro? Quién sabe. Microsoft tiene una posición muy agresiva sobre introducir la IA en todos los aspectos de sus productos, pero eso no tiene por qué venir por parte de Suleyman: puede ser una decisión que venga desde el propio CEO de Microsoft, Satya Nadella. Algo muy probable, considerando la clase de decisiones que ha tomado en el pasado.

Por lo demás, en todo lo referente a la ética de la IA, Suleyman es un gran optimista. Considerando que puede traer una abundancia radical y que puede acabar con el cambio climático y la pobreza, cree que el único problema con la IA es que un progreso demasiado rápido e incontrolado puede llevar a su propia destrucción. Eso y que, de usarse de forma negativa para crear armas autónomas o patógenos bioingenierados, entonces podría resultar en un problema. Aunque, a sus ojos, eso siempre será un problema de los seres humanos, no de la IA en sí.

Por otra parte, también tiene puntos de vista más que cuestionables sobre la propiedad intelectual ajena. Según él, para justificar usar contenido para alimentar a la IA sin pagar derechos de autor, “el contenido que ya está en la web, el contrato social sobre ese contenido desde los 90 ha sido que es un uso justo. Cualquiera puede copiarlo, recrearlo, reproducirlo. Ha sido freeware, si lo prefieres. Ese ha sido el entendimiento”, lo cual es radicalmente falso. Especialmente considerando que ni la IA ni quienes la operan pueden discriminar lo que es realmente libre y lo que no.

Pero ese es Suleyman. Un hombre que empezó bien su carrera y, cuando llegó a una posición de poder, cada vez que se le ha dado la oportunidad, ha demostrado tener una perspectiva, en el mejor de los casos, problemática. Ahora es el jefe de IA de Microsoft, pero también parece que es su último hurra: ni Microsoft parece estar mejor en la carrera de la IA que antes de su entrada, ni parece que esté a salvo ser un posible gran perdedor de la misma. Pero es lo que ocurre cuando llegas tarde y mal, que tienes que conformarte con el que nadie ha querido elegir hasta ahora.

Álvaro Arbonés

Álvaro Arbonés

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Periodista y escritor. Cultura, videojuegos, política y filosofía es lo mío, pero seguro que me lees hablando de alguna cosa más.

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