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Antonio Amores, ingeniero y profesor: “Prohibir las pantallas en el aula sería un retroceso total”

Educación

El doctor en Ciencias de la Computación y profesor de secundaria defiende una integración crítica de la tecnología en el aula, a la vez que reflexiona sobre el impacto real de la inteligencia artificial en la enseñanza y los límites de la llamada desintoxicación digital

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Antonio Amores, docente de Programación y Robótica en el Colegio Cerrado de Calderón de Málaga.

Antonio Amores, docente de Programación y Robótica en el Colegio Cerrado de Calderón de Málaga.

Diseño: Selu Manzano

Charlamos con el profesor universitario e ingeniero Antonio Amores sobre las ventajas e inconvenientes de la incorporación de las nuevas tecnologías en los centros educativos, de si la inteligencia artificial (IA) puede suponer una herramienta o un obstáculo para los docentes e, incluso, de la posibilidad de que las gafas de Meta lleguen a formar parte del paisaje del aula.

Doctor en Ciencias de la Computación, con formación en Ingeniería Mecánica y una sólida especialización en Tecnología Educativa, Antonio Amores (Casabermeja, 1986) lleva casi una década explorando cómo integrar las TIC en el aula sin perder de vista la pedagogía.

Actualmente es docente de Programación y Robótica en el Colegio Cerrado de Calderón de Málaga y coordinador TIC del centro, combina su labor en secundaria con la docencia universitaria en Programación y Robótica y la dirección de Trabajos Fin de Máster para la UNIE y la Universidad Nebrija. Su investigación se centra en el modelo One to One y en la realidad aumentada aplicada a la educación, siempre desde una defensa del uso responsable, crítico y formativo de la tecnología.

El profesor Antonio amores, en el aula.
El profesor Antonio amores, en el aula.Manu Collado

¿Qué lleva a un doctor en Ciencias de la Computación a dedicarse a la enseñanza? Desde fuera podría parecer que en la empresa privada tendrías mejores oportunidades económicas.

Cuando terminé Ingeniería Mecánica empecé a dar clases particulares para sacar unos ingresos extra. Ahí me di cuenta de que mi vocación era la enseñanza. De hecho, no llegué a ejercer como ingeniero como tal, porque vi claro que lo mío era estar con alumnado, explicar, acompañar procesos. Una vez decidí optar por esa rama, quise obtener la máxima formación posible. No sólo con el Máster de Profesorado para poder ejercer, sino también con dos másteres de tecnología educativa: uno relacionado con redes sociales, e-learning y plataformas, y otro sobre herramientas digitales y enseñanza digital.

Después se te abrieron muchas puertas: docencia universitaria, dirección de TFM e investigación.

Sí, luego surgió la oportunidad de hacer el doctorado a través de una beca que cubría el programa completo. Era una oportunidad que no podía rechazar. Me tiré de cabeza. Pero, sinceramente, el trato con el alumnado de secundaria no tiene nada que ver con la universidad. En secundaria hay un vínculo más cercano, más humano. Por ahora no quiero dejar esa parte. Mantengo el contacto con los dos mundos, aunque cada vez estoy más involucrado en lo universitario por la investigación.

¿En qué consiste exactamente el modelo 'One to One' en el que estás trabajando?

El modelo One to One consiste en que cada alumno tenga un dispositivo propio en el aula. ¿Qué garantiza eso? Que todos y cada uno pueden adquirir competencias y destrezas digitales de manera equilibrada. Cuando se comparte dispositivo, siempre hay un alumno con más soltura que otro; se reparte el control, se pierde tiempo, y al final la práctica real no se iguala. Con un ordenador por alumno, van todos a la par. Y si alguien necesita refuerzo o quiere profundizar más, puedes adaptarte. Nuestra investigación analiza cómo implantan este modelo los centros educativos, qué resultados obtienen, por qué algunos no lo implantan, y si quienes lo implantan lo mantienen o incluso lo retiran.

Cuando se comparte dispositivo, siempre hay un alumno con más soltura que otro; se reparte el control, se pierde tiempo, y al final la práctica real no se iguala. Con un ordenador por alumno, van todos a la par

Antonio Amores

Ingeniero y docente

¿Qué ventajas ofrece frente a otros enfoques como el BYOD (Bring Your Own Device), es decir, que el alumno pueda llevar su propio ordenador al aula?

El sistema BYOD tiene un problema práctico enorme: te puedes encontrar una clase con 30 dispositivos distintos, sistemas operativos diferentes (Linux, Mac, Windows…) y ahí el docente se desborda. A lo mejor el profesor de informática puede apañarse, pero un docente de lengua o de geografía, con incidencias técnicas constantes, termina rechazando el uso del dispositivo. En cambio, si el centro recomienda un dispositivo concreto, el profesorado lo conoce, se forma con ese equipo, con esas aplicaciones, y puede resolver problemas del día a día.

Alumnos del instituto Cerrado de Calderón, de Málaga, con un portátil cada uno.
Alumnos del instituto Cerrado de Calderón, de Málaga, con un portátil cada uno.Manu Collado

El Colegio Cerrado de Calderón, donde trabajas, pone a disposición del alumnado una cabina de ordenadores, donde cada alumno tiene asignado un portátil. ¿Qué mejorías has notado en su alumnado?

Llevamos ya tres años integrando este modelo. Y lo que hemos visto es que el alumnado que va pasando por este proceso de digitalización adquiere destrezas que al alumnado de promociones anteriores le cuestan mucho más. Cosas básicas como mandar un correo electrónico entendiendo qué es el asunto y el cuerpo, hacer búsquedas avanzadas, gestionar pequeñas incidencias del dispositivo o publicar un contenido de forma rápida en una aplicación, son habilidades que están integradas en el día a día.

¿Buscáis que el dispositivo electrónico acabe sustituyendo a la libreta y el libro?

Para nada. Ahí fuimos tajantes desde el principio, no puede sustituirlos. Nosotros hablamos de “uso responsable de pantallas”. El dispositivo se integra cuando se necesita. Si hay que representar una función, por ejemplo, podemos usar Excel; pero no se trata de encender el dispositivo todos los días porque sí.

El dispositivo electrónico no puede sustituir a la libreta y el libro

Antonio Amores

Ingeniero y docente

¿Cómo reguláis el uso?

Hemos estructurado una media aproximada de 10 horas semanales de uso. Habrá semanas de 14 y semanas de 6, pero esa es la media. Y durante la semana los dispositivos se quedan en el centro: el alumnado no trabaja en casa con ellos. El fin de semana se los entregamos si necesitan terminar alguna tarea o incluso para el ocio, pero entre semana se quedan aquí. A esas edades, y según estudios, esa media nos parece lo más razonable.

La implantación de dispositivos individuales en el aula tiene un coste elevado. ¿Es sostenible para los centros, especialmente para los públicos?

El desembolso existe, claro. Nosotros priorizamos calidad-precio: algo asequible para la familia, pero con un rendimiento mínimo que aguante 4 a 6 años. Si lo divides por el tiempo de uso, sale una cuantía aproximada de 50 o 60 euros al año. En nuestro centro, por el perfil de las familias, se puede asumir. En un centro público puede haber más casos en los que esa cuantía eche para atrás la medida. Nosotros teníamos claro que no queríamos dejar a nadie fuera: el centro debe contar con dispositivos para préstamo en momentos puntuales para alumnado que no pueda adquirirlo.

En tu investigación mencionas un caso exitoso de modelo “uno a uno” implantado en Noruega en 2008. Han pasado 18 años. ¿España sigue yendo por detrás en la integración tecnológica en las aulas?

Los países nórdicos han ido muchas veces por delante, sí. Han experimentado más. De hecho, integraron en un momento dado el 100% del aprendizaje con dispositivos, y luego se dieron cuenta de que no podía ser el 100%. Ahora están volviendo a equilibrar: libro, libreta y recursos digitales. Nosotros lo que defendemos es justo ese punto de equilibrio. Si solo metes dispositivos, pierdes lectura, escritura, hábitos; si solo metes libreta y libro, pierdes destrezas digitales que luego se van a exigir en el mercado laboral.

Si solo metes dispositivos, pierdes lectura, escritura, hábitos; si solo metes libreta y libro, pierdes destrezas digitales que luego se van a exigir en el mercado laboral

Antonio Amores

Ingeniero y docente

Hace unos meses entrevisté a Marc Masip, psicólogo especializado en nuevas adicciones digitales, que defiende una desintoxicación total en el aula. Incluso algunos centros en Cataluña plantean volver temporalmente a metodologías analógicas. ¿Consideras esto un retroceso o una medida útil?

Para mí sería un retroceso total. El mercado laboral no funciona así. No podemos vivir al margen de lo que hay en empresas y trabajos. Si tú sales del sistema educativo sin destrezas digitales, cuando llegues a una entrevista de trabajo y te pidan habilidades ofimáticas o manejo de herramientas concretas, te van a pasar por delante. Y a la larga, ese alumnado se verá perjudicado. Si en una comunidad se trabaja competencia digital y en otra no, esa diferencia se va a notar. Además, prohibirlo todo produce efecto rebote. Si lo prohibimos en los centros, en casa habrá más ansia, más uso descontrolado. Por eso insisto tanto en el uso responsable, en educar y acompañar.

Si en una comunidad se trabaja competencia digital y en otra no, esa diferencia se va a notar. Además, prohibirlo todo produce efecto rebote

Antonio Amores

Ingeniero y docente

En una época marcada por el uso extendido de la IA generativa, ¿tiene sentido mantener la tarea para casa tal y como la entendemos hoy?

Se trata de amoldar las tareas a la situación actual. Hoy no tiene sentido pedir un resumen de un texto sin más, porque una IA te lo hace al momento. Hay que darle una vuelta: integrar la IA, aprovecharla, pero conseguir que el alumnado produzca algo propio. Yo, por ejemplo, mandé un escape room digital: el alumno puede ayudarse de la IA para consejos o pistas, pero luego tiene que desarrollarlo por su cuenta. Así usas la herramienta, pero el objetivo sigue siendo que el alumno genere contenido y aprenda.

Un alumno usa el portátil en clase.
Un alumno usa el portátil en clase.Manu Collado

Pero para eso también resulta vital que el profesorado entienda qué es la IA y cómo funciona.

Soy muy partidario de cursos de formación docente en inteligencia artificial. Igual que hace años no podíamos decir “no” a los dispositivos, ahora tampoco podemos decir “no” a la IA. De lo contrario, te pasará por encima. El alumnado ya la está usando. Si el docente no entiende cómo funciona y pide tareas que se hacen en dos minutos, se está engañando a sí mismo.

Ahora tampoco podemos decir “no” a la IA. De lo contrario, te pasará por encima. El alumnado ya la está usando

Antonio Amores

Ingeniero y docente

¿Qué opinas del uso de inteligencia artificial como asistente docente? ¿Puede ser una herramienta de apoyo o existe riesgo de delegar demasiado?

Es una herramienta muy potente si se usa con criterio. Puede ayudarte a automatizar tareas, hacer programaciones más atractivas, crear actividades de refuerzo y ampliación para distintos niveles, ganar tiempo y personalizar. El riesgo aparece cuando no hay formación y se delega sin saber: entonces el alumno “entrega” cosas sin comprender, y el docente evalúa productos que no reflejan aprendizaje real. La clave es que el docente se adelante. Los alumnos ya se autoforman con YouTube, TikTok, Instagram… Si el profesorado conoce herramientas y límites, puede diseñar tareas que integren la IA pero exijan pensamiento, decisiones y desarrollo propio.

Con casi una década de experiencia en secundaria, ¿qué has observado en cuanto al la motivación del alumnado cuando se integran bien las TIC? ¿Mejora, se mantiene o disminuye si no hay una guía clara?

Depende. La tecnología no motiva por sí sola. Un profesor con libreta y libro puede motivar más que otro con 20 ordenadores y gafas de realidad virtual. Todo está en cómo plantee las tareas, qué metodología use, si hay metodologías activas, si se fomenta la participación, etcétera.

Un profesor con libreta y libro puede motivar más que otro con 20 ordenadores y gafas de realidad virtual

Antonio Amores

Ingeniero y docente

Has investigado también la integración de herramientas de realidad aumentada en educación. ¿Nos encaminamos hacia un escenario donde dispositivos como las gafas de Meta serán tan comunes en clase como el cuaderno y el lápiz?

Yo sí veo un cambio grande. Si esas gafas llegan a un precio asequible, pueden ser una herramienta potente: visitar un museo, “ver” la Prehistoria, explorar una célula… didácticamente ofrece posibilidades enormes.

Como coordinador TIC en un centro educativo, ¿cuál dirías que es el mayor obstáculo real para que la tecnología mejore el aprendizaje: la falta de recursos, la formación del profesorado o la resistencia cultural?

Yo diría que la formación del profesorado. Puede haber centros que económicamente puedan integrar tecnología y no lo hagan porque el profesorado no está preparado. Y también habrá centros con profesorado preparado que no puedan implementarla por razones económicas. Pero si hay un claustro potente que apueste por esto, se acaba encontrando la manera: asociaciones, proyectos, acuerdos con empresas… Hay soluciones.

La tecnología debe formar parte del día a día de los alumnos, pero no ocupar el 100%.
La tecnología debe formar parte del día a día de los alumnos, pero no ocupar el 100%.Manu Collado

La robótica educativa y el pensamiento computacional están cada vez más presentes. ¿Debería la programación ser una asignatura troncal en la ESO?

Considero que es importante debatirlo al menos. Cada vez más las empresas demandan pensamiento computacional, pero no para que todos sean informáticos: lo demandan porque da una mentalidad para resolver problemas. Dividir un problema en fases, buscar pequeñas soluciones, coordinar… Eso es muy valioso. He hablado con empresas que me dicen: “contratamos matemáticos” y no es para hacer matemáticas, es para solventar problemas. Esa estructura mental es clave. No significa que todo el mundo tenga que estudiar informática, pero sí dar ciertas nociones en secundaria.

Tenemos que desconectar. No podemos vivir enganchados ocho horas al día a redes o dispositivos

Antonio Amores

Ingeniero y docente

¿Y una de salud digital?

No la veo tanto como una asignatura en sí, sino como un enfoque transversal. Tenemos que desconectar. No podemos vivir enganchados ocho horas al día a redes o dispositivos. Igual que no puedes estar ocho horas diarias en el gimnasio, no puedes estar ocho horas diarias con las pantallas. Y prohibirlo todo, insisto, produce efecto rebote. Es mejor enseñar un uso responsable: tiempos, límites, hábitos. Nosotros hacemos formación con familias, explicamos aplicaciones de control parental, a programar horarios, a conocer qué ven sus hijos. El uso responsable tiene que estar en el centro y en casa.

Muchos docentes sienten que las plataformas digitales añaden carga burocrática. ¿Qué se está haciendo mal y cómo deberían rediseñarse estas herramientas para realmente facilitar el trabajo?

Yo creo que es por desconocimiento. Los cambios requieren formación, y la formación requiere un tiempo que mucha gente no quiere invertir. Pero si entendieran que esa inversión luego ahorra horas, nadie diría que no. Si te formas una semana y a partir de ahí ahorras una hora diaria, al cabo de pocos meses lo has amortizado. Una plataforma digital ahorra tiempo: automatizas evaluaciones, cálculos, seguimiento… Lo que al principio parece carga, luego te quita trabajo. Además, la labor docente es una transformación continua. Si no nos actualizamos, llegará un momento en que el alumnado vaya por delante. Y no tiene sentido que el alumno sepa más que el docente en aquello que el docente debe guiar.

Profesor de Filosofía, articulista, dramaturgo, guionista y un largo etcétera. Cuando buscas la definición de intrusista laboral, sale mi foto.

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