Qué significa de verdad ser calvo

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Qué significa de verdad ser calvo
Director de Contenidos en Godó Nexus

Ser calvo no va de pelo. Va de perder el control sobre tu propio cuerpo.
La calvicie es una de las primeras derrotas visibles que muchos hombres enfrentamos.
Llega pronto, sin avisar y sin negociación posible.

No puedes arreglarla entrenando. Ni compensarla con más esfuerzo y disciplina.

Es el primer “no” rotundo que el cuerpo le da al ego masculino. Un primer aviso de nuestra propia mortalidad. Por eso duele más de lo que se admite. Y por eso se disfraza de indiferencia, de chiste propio, de “me da igual”.

La calvicie sigue siendo uno de los pocos territorios donde todavía se permite bromear libremente sobre el cuerpo de un hombre. Chistes, apodos, memes. Todo “con cariño”. Todo “es broma”.
Cuando algo se convierte en broma constante, casi siempre es porque duele demasiado como para hablarlo en serio.

Las mujeres han construido relatos colectivos y poderosos sobre la presión estética, el envejecimiento, el cuerpo que cambia. Los hombres, acostumbrados a levantar muros de silencio sobre nuestros miedos, apenas tenemos un relato. El hombre calvo lo vive en silencio. No se queja en público. Trata de adaptarse y se ríe de sí mismo antes de que lo hagan los demás.

Y cuando no hay relato colectivo, entra el mercado. En búsqueda de monetizar el dolor y el pánico:
injertos. Pastillas. Sérums. Microimplantes.

Más que pelo, venden la fantasía de volver atrás.
Te venden la fantasía de retomar el control de tu vida.

Pocas veces es vanidad, demasiadas es miedo.
Miedo a perder atractivo. Miedo a perder deseo. Miedo a dejar de ser visto o tomado en serio.

Y esto lo digo desde la incomodidad: como pueden ver en la foto de mi avatar, yo no tengo ese problema. Todavía. Y aun así la idea me aterra. Me he sorprendido en otoño contando pelo a pelo en la ducha. Con miedo a perder más de cien al día. Miedo a pasar ese número que te indica que el proceso ha empezado. Midiendo milímetro a milímetro cada espacio en mis entradas.

Supongo que me aterra la idea de que algo importante pueda irse sin pedir permiso.

Pero no todos los hombres viven la calvicie igual.

Hay quienes se rapan a los veinte y lo convierten en bandera: esto soy yo, y punto.
Otros la llevan con un orgullo tranquilo, sin épica ni drama.
Y algunos descubren en ella una liberación inesperada: ya no hay que peinarse, ya no hay que esconder, ya no hay que fingir que el tiempo no pasa. Incluso algunos se organizan en foros de ayuda entre hombres que son espacios de esperanza.

La calvicie rompe una idea muy arraigada de la masculinidad: que el hombre controla su destino.
Que si se esfuerza, si se cuida, si se disciplina, puede mantenerse invulnerable.

A partir de ahí solo hay dos caminos reales: endurecerse y fingir que no duele, o aprender a vivir sin la fantasía de ser intocable.

Ser calvo no te hace menos atractivo. Pero te obliga a dejar de esconderte detrás de lo que ya no depende de ti. Y eso también es aceptar que todo lo que importa, un día se va.

La calvicie rompe una idea muy arraigada de la masculinidad: que el hombre controla su destino.

La calvicie rompe una idea muy arraigada de la masculinidad: que el hombre controla su destino.

Pau R.Urquidi (Modificación digital)
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