El derecho a moverse

Los ciudadanos de Catalunya, especialmente los 400.000 que solían desplazarse diariamente en tren hasta que el accidente de Gelida
–que se cobró la vida de un maquinista en prácticas– puso en evidencia el mal estado de la red e hizo saltar por los aires todo el servicio ferroviario de Catalunya, vivieron ayer otro día para olvidar. Otro día para indignarse, y eso que del accidente se cumplen hoy tres semanas. La huelga convocada por los maquinistas implicaba unos servicios mínimos. Y los servicios mínimos no se cumplieron. Muchos usuarios vieron como el tren que esperaban desaparecía del panel de información. Sin explicaciones. Los retrasos se hicieron ayer aún más largos, tanto, que las líneas que mejor servicio pudieron ofrecer fueron las que ya cuentan, por obras o por las limitaciones de velo­cidad, con servicios alternativos de autobuses. El derecho a la huelga es indiscutible, pero también lo es el derecho a moverse y a contar con los ser­vicios mínimos pactados y anunciados. Es lo mínimo.

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